Homilias
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Admin: Borrar Mensaje  Washington Cruz    dwcruz@uol.com.br  13/07/2009 11:03  Fecha
Mensaje Favor enviar las homilias.Muchas gracias! Washington Cruz

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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / ABRIL 26 -2009     25/04/2009 10:47  Fecha
Mensaje CREER EN JESÚS Y ACEPTARLO
III Domingo de Pascua

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero Él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona.

Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienes aquí algo de comer?”. Le ofrecieron un trozo de pescado asado; Él lo tomo y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”. (Lc 24, 35-48).

¡Quiera el Señor concedernos su Espíritu, para que comprendamos la Sagrada Escritura! Porque a veces nos pasa como a los apóstoles: nos sentimos desconcertados, atónitos, llenos de temor, espantados, con dudas en nuestro interior, fríos de corazón y cerrados de entendimiento. Pareciera que Jesús es un fantasma, un mito sin sustento histórico, un cuento irreal, un engaño que se ha transmitido por siglos.

Sin embargo, Cristo resucitado no es un fantasma. Es el mismo Cristo histórico que vivió entre nosotros, el Hijo de María, el nazareno, el crucificado. Así lo testifica San Pedro.

“El Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron a Pilato y a quien rechazaron en su presencia, cuando él ya había decidido ponerlo en libertad. Rechazaron al justo, y pidieron el indulto de un asesino; han dado muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y de ello nosotros somos testigos”. (Hech 3, 13-15).

Cuando se presenta resucitado a sus discípulos, les hace ver que ya estaba anunciado cuanto sucedió en su persona, como dice san Pedro: “Dios cumplió así lo que había predicho por boca de los profetas: que su Mesías tenía que padecer” (Hech 3, 18).

Coincide con lo que dice Jesús: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día”. En efecto, si recorremos la Escritura, descubrimos con qué pinceladas tan claras los profetas describen lo que sucederá en el llamado “Siervo de Yavé”.

Esto no quiere decir que Jesús sufrió porque Dios Padre fuera cruel y exigiera sangre para aplacar su ira por los pecados de la humanidad. No es así. El Padre previó la pasión de Jesús porque sabía que, al involucrarse con nuestra historia y hacerse uno de nosotros, tenía que padecer las injusticias, calumnias y traiciones que con frecuencia cometemos los humanos de todos los tiempos y lugares.

Y Dios Padre quiso que Jesús asumiera nuestra realidad, con todas sus consecuencias, hasta la muerte más injusta e inhumana, para demostrarnos su inmenso amor, pero también para transformar los corazones e invitarnos a no repetir más esas historias. Así, su cruz es camino de redención y de vida, porque es un llamado al arrepentimiento.

Creer en Jesús y aceptarlo como salvador, es arrepentirnos de nuestras historias de injusticia; es no repetir más tantas violaciones de derechos humanos; es no encarcelar ni condenar a inocentes; es no golpear a mujeres y niños indefensos; es no traicionar al amigo que sufre; es no calumniar a los que piensan en forma distinta, ni manipular a las multitudes, para que destruyan personas y bienes ajenos; es ayudar al que está agobiado por el peso de sus problemas, para aligerarle su cruz.

Para quien reduce su fe a un recuerdo dolorido de la pasión de Jesús, y no lo descubre sufriente en el indígena, en el marginado, en el pobre, en el huérfano, en el anciano, Jesús sí es un fantasma.

No hagamos de Jesús un fantasma, “que no tiene carne ni huesos”, sino un ser real: vive en el cielo, en los sacramentos, particularmente en la Eucaristía, en todo ser humano, especialmente en el que sufre.

Démosle de comer y ayudémosle con su cruz. Convirtámonos en testigos decididos y audaces del amor. Éstos son los testigos que hacen falta, para la nueva evangelización y para hacer presente el Reino de Dios.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / ABRIL 19 -2009     25/04/2009 10:46  Fecha
Mensaje FE Y AMOR MISERICORDIOSO
II Domingo de Pascua

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes.

Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”.

Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”. Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre. ¡Palabra del Señor! ¡Gloria a ti Señor Jesús! (Jn 20, 19-31).

El texto bíblico de este domingo empieza diciendo que la aparición de Jesús aconteció al anochecer del día de la resurrección. Ya las mujeres “piadosas”, encabezadas por María Magdalena, habían anunciado a los apóstoles que estaba vivo. Pedro y Juan habían comprobado signos extraordinarios de vida en el sepulcro. Pero Jesús quiere estar pronto con los suyos, y se presentó en medio de ellos.

Tomás está ausente y no cree lo que le platican. A los ocho días, Jesús nuevamente convive con ellos y logra que Tomás cambie su incredulidad por un humilde y valiente testimonio de fe. La fe en Cristo resucitado, como dicen los otros textos bíblicos de este día, se demuestra en la vida fraterna de la comunidad cristiana, llena de misericordia hacia el prójimo.

Jesús dice a Tomás: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”. Nosotros no hemos visto corporalmente a Jesús resucitado; sin embargo, creemos en El, por el testimonio de los apóstoles y de tantos testigos presenciales de su existencia histórica. De los casi dos mil millones de cristianos que hay en el mundo, entre católicos y protestantes, nadie ha visto físicamente a Jesús; con todo, somos felices y dichosos de creer en El. Nuestra fe se basa en el testimonio de quienes convivieron con El y lo conocieron directamente.

Los apóstoles estaban encerrados, por miedo a los judíos. Pero Jesús les repite tres veces: “La paz esté con ustedes”. Esta es la paz que necesitamos. Es la seguridad de que no estamos condenados al fracaso, que no todo está perdido, que hay esperanzas de una vida nueva.

Es la paz que El nos da, cuando pasamos por momentos de crisis, cuando no salen las cosas como quisiéramos. Es la paz que nos sostiene y nos alienta en los problemas, nos fortalece e impulsa en las incomprensiones.

Esta fe, sin embargo, no se queda en un sentimiento bonito; debe traducirse en una vida fraterna, como la de los primeros cristianos: “La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.

Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno” (Hech 4,32-35).

Así lo recalca el Papa Benedicto XVI en su primera Encíclica sobre el amor cristiano: “La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que El se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán...

Cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios... El amor al prójimo es un camino para encontrar también a Dios”. Hay una “inseparable relación entre amor a Dios y amor al prójimo. Ambos están tan estrechamente entrelazados, que la afirmación de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre se cierra al prójimo o incluso lo odia” (Nos. 14 y 16).

Si tenemos dudas en nuestra fe, ante todo pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine y fortalezca, para que sigamos creyendo, aunque no conozcamos todas las pruebas que hay de la existencia de Dios y de la verdad de Jesucristo. Existen esas pruebas, pero quizá nuestra ignorancia religiosa nos ha impedido apreciarlas. Investiguemos, estudiemos, profundicemos nuestra fe.

Conozcamos la Biblia, con unas explicaciones confiables, para que no nos suceda como aquellos que caen en interpretaciones fundamentalistas y literales, que les llevan a conclusiones totalmente alejadas del sentido verdadero del texto original, y por eso fundan a cada rato nuevas iglesias, como si hasta que llegaron ellos hubo una interpretación auténtica del Evangelio, y todos los siglos anteriores, empezando por los apóstoles, se hubieran equivocado.

Perdamos el miedo y compartamos nuestra fe, en la casa, en la escuela, en el trabajo, en el medio en que nos desarrollamos, sin excluir la política y la educación. Para que nuestra fe sea fuerte, deberá ser comprometida, compartida y llena de misericordia.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / ABRIL 12 -2009     12/04/2009 10:01  Fecha
Mensaje FELICES PASCUAS

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Saludo a todos con el corazón animado porque Jesucristo, nuestro único camino y salvador, ha resucitado. Deseo que esta fe aliente nuestra esperanza, para que sigamos trabajando por la vida nueva que Dios Padre quiere para sus hijos, pues los hechos de nuestra historia parecieran sumirnos en la tristeza y la desesperanza.

En efecto, prosiguen en el mundo las guerras y los asesinatos del narcotráfico, a pesar de nuestras palabras, ayunos y plegarias. La destrucción de inocentes, el terror de los niños, el desamparo de tantas mujeres, la soledad de los ancianos y el destrozo de los bienes de la tierra, son injusticias que claman al cielo. Sólo Dios sabe cuál será el efecto de nuestra oración, pues estamos seguros de que El no es sordo a nuestras súplicas, y que por tanto no han sido vanos nuestros servicios a la paz.

Las guerras internas en las familias y en nuestras comunidades, son también un motivo de preocupación. Las divisiones por motivos políticos, agrarios, culturales y religiosos, promovidas por partidos, organizaciones e ideologías, nos desgastan y enfrentan.

Los insultos, descalificaciones y ataques entre personas y grupos, dañan la convivencia social. Las agresiones, la violencia, los bloqueos, los secuestros, el narcotráfico y los asesinatos, generan un clima de incertidumbre que a todos nos perjudica.

¡FELICES PASCUAS! “Cristo ya no morirá nunca. La muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rom 6,9). Nuestra fe nos da la seguridad de que Jesucristo, muriendo, venció a la muerte. El vive para siempre y nunca más padecerá la muerte. La asumió por amor a nosotros, para identificarse con nuestra pequeñez; pero también para asociarnos a su triunfo.

En Cristo, pues, podemos vencer toda “cultura de muerte” y a la muerte misma. Por tanto, sigamos luchando contra todo lo que quita vida y genera muerte. Tenemos la certeza de que venceremos, pues trabajamos con el Dios de la vida.

¡FELICES PASCUAS! “Con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría” (Prefacio Pascual). En medio de tantas tristezas y angustias, preocupaciones y problemas, los cristianos ofrecemos al mundo un testimonio de alegría y esperanza, porque no estamos solos para enfrentar la muerte. No desconocemos la marginación de los indígenas, la injusticia contra los pobres, el abuso contra los débiles, la creciente descristianización, el ambiente frívolo y libertino del mundo moderno; pero tenemos la fuerza de Cristo resucitado, para combatir el pecado personal y social.

Nos colma de alegría y esperanza la certeza de la resurrección y la presencia de Cristo victorioso entre nosotros, sobre todo en los sacramentos, en su Palabra, en su Iglesia, en los pobres. No estamos solos contra el mundo. Compartamos alegría y esperanza, cuyo origen es Cristo.

¡FELICES PASCUAS! “Celebremos la Pascua con una vida de rectitud y santidad” (1 Cor 5,8). Jesucristo resucitado no vive en quien está esclavizado por el pecado: por la envidia, la embriaguez, la drogadicción, el orgullo, la pereza, la injusticia, la mentira, el adulterio y toda fornicación.

Habita y permanece en quien ama, en quien se sacrifica por los demás, en quien soporta con paciencia los problemas y las enfermedades, en quien comparte con los pobres, en quien valora y promueve la dignidad de los débiles y marginados. Jesucristo se hace vivo y presente en quien se esfuerza por vivir con rectitud y santidad, en quien hace oración, en quien escucha practica la Palabra de Dios, en quien participa fructuosamente en la Eucaristía.

¡FELICES PASCUAS! “Nosotros somos testigos de que Dios lo resucitó al tercer día” (Hech 10,39s). Una de las características esenciales de los cristianos es la alegría, el optimismo y la esperanza, pues somos testigos de que no todo es muerte y pecado, sino que, por la fuerza de Cristo resucitado, hay muchas cosas buenas en el mundo.

Prevalecen la vida, el amor y la gracia. Este es el mensaje que hemos de hacer llegar a los derrotistas de siempre, a los negativos sistemáticos, a quienes descalifican todo lo que hacen los demás. Debemos ser críticos; pero también testigos de esperanza.

¡FELICES PASCUAS! “Lo reconocieron al partir el pan” (Lc 24,35). Jesucristo resucitado se aparece a dos discípulos que iban hacia Emaús, tristes y desconsolados. El les explica las Escrituras y comparte con ellos la mesa; al partir el pan, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Su vida cambió a partir de ese encuentro con Cristo vivo en la Eucaristía.

Hoy también nuestra vida puede cambiar, cuando meditamos la Palabra de Dios y valoramos el sacramento de los sacramentos, que es la Eucaristía. Sin esta fuerza de Cristo vivo, nuestros esfuerzos son débiles, pues sin El nada podemos hacer. En cambio, con Cristo resucitado. “Somos los más felices de todos los hombres”.

“¡Porque nosotros hemos creído en el amor!”.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / ABRIL 05 -2009     6/04/2009 09:36  Fecha
Mensaje DOMINGO DE RAMOS

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Luego que amaneció, se reunieron los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el sanedrín en pleno, para deliberar. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Este le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. El respondió; “Sí lo soy”. Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: “¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan”. Jesús ya no le contestó nada, de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Durante la fiesta de Pascua, Pilato solía soltarles al preso que ellos pidieran. Estaba entonces en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en un motín. Vino la gente y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les dijo “¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?” Porque sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato les volvió a preguntar: “¿Y qué voy a hacer con el que llaman rey de los judíos?” Ellos gritaron “¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “Pues ¿qué mal ha hecho?” Ellos gritaron más fuerte: “¡Crucifícalo!”. Pilato, queriendo dar gusto a la multitud, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de mandarlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio, al pretorio, y reunieron a todo el batallón. Lo vistieron con un manto de color púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado y comenzaron a burlarse de él, dirigiéndole este saludo: “¡Viva el rey de los judíos!”. Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y doblando las rodillas, se postraban ante él.

Terminadas las burlas, le quitaron aquel manto de color púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo. Entonces forzaron a cargar la cruz a un individuo que pasaba por ahí de regreso del campo, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, y llevaron a Jesús al Gálgota (que quiere decir “lugar de la Calavera”). Le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y repartieron sus ropas, echando suertes para ver qué le tocaba a cada uno…

Al llegar al mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús Gritó con voz potente: “Eloí, Eloí ¿lemá sabactaní?” (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) Algunos de los presentes, al oírlo decían: “Miren, está llamando a Elías”. Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, lo sujetó a un carrizo y se le acercó para que bebiera, diciendo: “Vamos a ver si viene Elías a abajarlo”. Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: “De veras este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15, 1-39).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria a ti, Señor Jesús!

“Después de habernos preparado desde el principio de la Cuaresma con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad, hoy nos reunimos para iniciar, unidos con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, misterios que empezaron con la entrada de Jesús a Jerusalén.

Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada triunfal a la ciudad santa, para que, participando ahora de su cruz, podamos participar, un día, de su gloriosa resurrección y de su vida”. (Liturgia del Domingo de Ramos.)

Jesús es Dios, perfecto en forma absoluta, sin pecados ni errores; por tanto, era del todo inocente. El gran misterio es que con amor asume la cruz, la incomprensión, el sufrimiento, las calumnias, e incluso las traiciones y el abandono de parte de los suyos. Hubo momentos en la cruz en que se sentía abandonado hasta de su Padre (cf Mc 15,34); sin embargo, en la hora suprema, le encomienda su espíritu (cf Lc 23,46).

Su Padre Dios no le podía dejar abandonado en el sepulcro, derrotado para siempre, sino que lo hizo triunfar, para que todos doblemos la rodilla ante El y lo reconozcamos públicamente como nuestro Señor. Es el sentido de nuestras aclamaciones por las calles, en la procesión de las palmas. En público, hacemos profesión pública de nuestra fe en El y de nuestra adhesión a su Evangelio.

En el relato de la pasión que nos hace San Marcos, aparecen muchos personajes, con las actitudes más diversas. Al escuchar y meditar cada escena, hemos de admirar y adorar el comportamiento de Jesús, pero al mismo tiempo revisar si no repetimos, con nuestros hechos, a algunos de estos personajes: Judas, el sumo sacerdote, los pontífices, los escribas, los ancianos, Pilato, los soldados, la plebe, Pedro que lo niega, los discípulos que lo abandonan.

Ojalá nos parezcamos más bien a Simón de Cirene, a la Virgen María, al apóstol Juan, a las mujeres piadosas, al oficial romano que reconoce la divinidad de Jesús, a Nicodemo, a José de Arimatea.

Muchas personas dedican estos días “santos” a vacacionar, a caer en excesos, a pasear y divertirse, y prescinden del motivo que dio origen al descanso de esta temporada. La razón por la que se suspenden las clases en las escuelas y el trabajo, no es por la primavera, sino por la Pasión y Resurrección del Señor Jesús.

En fidelidad a ello, los que quieran ser verdaderos discípulos suyos, deben demostrarlo con una conducta diferente a la de una actitud pagana. Han de descansar sanamente, porque es justo y necesario, pero también dedicar tiempo suficiente a la oración, a la lectura de la Santa Biblia, a las celebraciones religiosas.

Procuremos participar en las celebraciones litúrgicas de estos días santos, porque en ellas no sólo se recuerdan los misterios divinos, sino que se actualizan, se hacen presentes. Se puede ir a las representaciones tradicionales de Semana Santa, pero nunca se comparan en eficacia con la liturgia. Aquellas son escenificaciones teatrales, que ayudan a la devoción; la liturgia hace presente el misterio; nos hace contemporáneos con aquellos acontecimientos. La presencia de Jesús es viva y actual, no teatral.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / MARZO 29 -2009     28/03/2009 09:54  Fecha
Mensaje ENCONTRAR A CRISTO Y DARLO A CONOCER
V Domingo de Cuaresma

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Entre los que habían llegado a Jerusalén para adorar a Dios en la fiesta de Pascua, había algunos griegos, los cuales se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús y él respondió: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado.

Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.

El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre. Ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora’? No, pues precisamente para esta hora he venido. Padre, dale gloria a tu nombre”. Se oyó entonces una voz que decía: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”.

De entre los que estaban ahí presentes y oyeron aquella voz, unos decían que había sido un trueno; otros, que le había hablado un ángel. Pero Jesús les dijo: “Esa voz no ha venido por mí, sino por ustedes. Está llegando el juicio de este mundo; ya va a ser arrojado el príncipe de este mundo. Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacía mí”. Dijo esto, indicando de qué manera habría de morir (Jn 12, 20-33).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria a ti, Señor Jesús!

Nos vamos acercando a la Pascua. Dentro de ocho días, será Domingo de Ramos; dentro de quince, celebraremos la Resurrección del Señor Jesús, único Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre (cfr Hebr 13,8).

El Evangelio de hoy nos dice que unos griegos, que tenían interés por ver a Jesús, se acercaron al apóstol Felipe para expresarle su deseo. Felipe, junto con Andrés, los llevó ante Jesús.

Esta escena, para mí que llevo el nombre de aquel apóstol, me impulsa a considerar mi vocación como la de un puente, que sirve para que toda clase de personas, incluso los no creyentes, lleguen ante Jesús, lo conozcan, lo amen y lo sigan. Jesús es el salvador de todas las etnias y culturas.

Los apóstoles fueron encargados por Jesús para que continuaran su obra. Los obispos somos sucesores de los apóstoles. Por tanto, los obispos, de todos los tiempos y junto con nuestros sacerdotes, debemos continuar cuanto Jesús hizo y ordenó hacer. Nosotros no somos dueños de la Iglesia, ni debemos hacer girar a los creyentes en torno nuestro.

Tampoco podemos hacer las diócesis a nuestra imagen y semejanza. A ejemplo del apóstol Felipe, debemos procurar que nuestro pueblo se acerque a Jesucristo, lo busque y se encuentre con El. Nosotros no somos el centro, sino un puente para llegar a Jesús.

Como Juan Bautista, tenemos la tarea de presentar ante los demás a Jesús, para que él crezca en los fieles, sin pretender ocupar su lugar. Los obispos y sacerdotes no somos los redentores, sino quienes acercan a todos al Redentor. A nosotros nos toca dar la vida como el grano que muere en el surco.

Así como unos griegos querían encontrarse con Jesús, y para eso acudieron a Felipe, hoy también muchas personas se quieren encontrar con El, y para ello acuden a sacerdotes, obispos, religiosas y misioneros.

Este encuentro con Jesucristo se hace posible en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios, en las celebraciones litúrgicas y en el servicio amoroso a los pobres. Estos son los lugares privilegiados donde nuestro pueblo puede abrevar para apagar su sed de Dios. Y estas son las cuatro tareas esenciales de nuestro ministerio episcopal y presbiteral.

Advirtamos, sin embargo, que Jesús no ofrece a sus seguidores placeres y una vida cómoda y fácil. Todo lo contrario. Nos dice explícitamente que, si lo queremos seguir, hemos de hacer morir y sepultar muchas cosas, como costumbres, actitudes y criterios contrarios a su Evangelio.

Nos pone el ejemplo del grano de trigo. Si se le pone en una charola de plata, queda infecundo, no alimenta, no da vida; si se siembra y muere en la tierra, producirá mucho fruto.

Y para que no queden dudas de lo que quiere decir, Jesús afirma claramente: El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. Es decir, quien busca sólo su comodidad, su placer, su poder, su interés y conveniencia, se arruina y no sirve para nada.

En cambio, quien se sacrifica a sí mismo, quien hace a un lado hasta sus derechos por hacer el bien a otros, quien renuncia a sus gustos y deseos por ayudar a quien lo necesita, ése tiene vida en plenitud, no sólo en el cielo, sino desde ahora. Por eso dice Jesús que la única forma de tener vida es darla.

Jesús considera su muerte en cruz como su hora; es decir, como la cumbre de su servicio a la humanidad. Por ello, dice que, cuando sea levantado de la tierra, es decir, crucificado, atraerá a todos hacia él. Desde su entrega amorosa en la cruz, se convierte en el centro de la humanidad y de la historia.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / MARZO 22 -2009     19/03/2009 20:00  Fecha
Mensaje CREER EN DIOS
IV Domingo de Cuaresma

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él, no será condenado; pero el que no cree, ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios” (Jn 3, 14-21).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria a ti, Señor Jesús!

¡Qué misterio tan grande es el amor de Dios Padre! Nuestro mundo está lleno de maldad y de pecado, por lo que mereceríamos el castigo eterno. Sin embargo, Dios nos manda a su propio Hijo como Salvador. Lo único que se nos pide es acercarnos a El, que es la luz que el Padre nos envía, para no quedar encerrados en las tinieblas. Creer en Dios es adherirse a El, a su palabra y a su voluntad por ser El Quien Es, cumpliendo sus mandamientos.

Es actual lo que dice Jesús: “Habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. ¡Cómo crece el número de quienes afirman no tener religión! La antes cristiana Europa, ahora presenta un panorama religioso desolador, con una secularización galopante.

Quieren eliminar a Dios incluso de su historia, de sus leyes y costumbres, siendo que su identidad cultural está marcada por el cristianismo. La antes católica España, ahora transita por senderos de un laicismo fundamentalista, al equiparar el matrimonio a las uniones de homosexuales, al burlarse de la castidad y del pudor, al hacer mofa de los símbolos cristianos con pinturas, escenificaciones y películas.

No quieren la luz de Cristo, porque si la aceptaran, tendrían que avergonzarse de sus bajezas. No sólo no se arrepienten, sino que las presumen, como si fuera signo de modernidad. Recientemente un escritor español que ha recibido hace unos años el premio nóbel de Literatura, decía: “Es lamentable que aún exista gente que cree en Dios”.

Cada día hay más jóvenes que salen de sus comunidades, campesinas e indígenas, y vienen a las ciudades, con la intención de encontrar trabajo y de cursar estudios superiores, cosa que no encuentran en sus pueblos.

Pero, al dejar la protección de la familia y de su comunidad, se contagian de toda clase de vicios y pecados; regresan a su pueblo presumiendo de su modernidad, y queriendo que todos imiten su mal ejemplo. Los papás sufren mucho al ver tan cambiados negativamente a sus hijos, y no saben qué hacer. Cosa semejante acontece con los jóvenes que han ido a los Estados Unidos.

El mensaje central de este domingo es la proclamación del amor de Dios: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. En verdad, esto es lo más hermoso de nuestra fe.

El cristianismo no es una serie de normas y de prohibiciones, sino, ante todo, es la certeza de que Dios es tan bueno que, a pesar de merecer castigo por nuestras culpas, nos envía un Redentor, que es su propio Hijo, Dios como El. Esta es la afirmación más contundente, que es capaz de cambiar nuestras vidas. Es el anuncio liberador más sublime, que siempre deberíamos recordar y anunciar.

Cuando uno lo comprende, ¡qué importa lo que nos suceda! Incluso, aunque nos llegue la muerte, estamos seguros de tener vida eterna, no por nuestros méritos, sino por la infinita bondad del Señor.

Crecen los esfuerzos de renovación pastoral en las parroquias, favoreciendo un encuentro con Cristo vivo, mediante diversos métodos de nueva evangelización, transformándose en comunidad de comunidades evangelizadas y misioneras.

Se valora la presencia y el crecimiento de los movimientos eclesiales y nuevas comunidades que difunden su riqueza carismática, educativa y evangelizadora. Se ha tomado conciencia de la importancia de la Pastoral Familiar, de la Infancia y Juvenil. La Doctrina Social de la Iglesia constituye una invaluable riqueza, que ha animado el testimonio y la acción solidaria de los laicos y laicas, quienes se interesan cada vez más por su formación teológica, como verdaderos misioneros de la caridad.

Amemos a Cristo, como discípulos suyos. Que nuestro mayor interés sea darlo a conocer, para que las personas cambien, y el mundo sea diferente, pues “Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo sino para que el mundo se salvara por él”. Ayudemos a cambiar nuestro mundo, por medio del anuncio explícito de Cristo, pues “el que cree en él, no será condenado; pero el que no cree, ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios”.

N.B.- Se cumplen hoy 51 Años de mi Ordenación Sacerdotal. Gracias por una oración de Acción de Gracias.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / MARZO 15 -2009     13/03/2009 20:57  Fecha
Mensaje CULTO Y COMERCIALIZACIÓN
III Domingo de Cuaresma

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: ‘El celo de tu casa me devora’.

Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”. Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.

Mientras estuvo en Jerusalén para las fiestas de Pascua, muchos creyeron en él, al ver los prodigios que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que nadie le descubriera lo que es el hombre, porque él sabía lo que hay en el hombre (Jn 2, 13-25).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria a ti, Señor Jesús!

En la medida que vamos avanzando en la Cuaresma, nos adentramos en el misterio pascual de Cristo, que implica muerte y resurrección. Así lo anuncia con la escena del templo de Jerusalén, que considera como una figura de sí mismo. Sus enemigos querrán acabar con El, pero resucitará.

En cambio, el templo judío fue destruido por los romanos en el año 70, y hasta la fecha no se ha vuelto a levantar; lo único que queda es el llamado “muro de los lamentos”, y no se ve para cuándo los judíos lo puedan rehacer, a pesar de todo su dinero. Cristo venció y no fue derrotado. Para poder disfrutar esa vida nueva, para quedar libres del sepulcro y de las cadenas del pecado, hay que cumplir los mandamientos.

Jesús critica a quienes hacen negocio con el culto judío, y toma una actitud muy fuerte en su contra; se les enfrenta y echa por tierra sus puestos. Podrían alegar que cuanto vendían era para el servicio y la gloria de Dios, pero Jesús viene a promover la forma auténtica de entender y de vivir la fe. Hoy también podemos instrumentalizar la religión para intereses personales, contrarios a la voluntad de Dios.

En varias ocasiones hemos insistido en que, durante las fiestas religiosas de nuestros pueblos y ciudades, no se pongan cantinas, mucho menos otros centros de vicio. Pero, sobre todo los negociantes, dicen que no respetamos las costumbres de los pueblos, y que queremos cambiar lo que siempre se ha hecho. Pero no es Dios quien les interesa, ni cuidar la pureza de la práctica religiosa, sino su dinero.

Hemos tenido problemas con algunas “juntas”, patronatos y mayordomías de los templos y de las fiestas, porque les pedimos que no quemen tanto cohete, ni gasten enormes cantidades en adornos, flores y en contratar conjuntos musicales carísimos, habiendo otras graves necesidades en las parroquias, como la evangelización, la catequesis, la renovación de los objetos litúrgicos y los diferentes programas de pastoral social.

Pero luego para manifestar su inconformidad, van a la radio y a los periódicos para oponerse, diciendo que el cura les quiere quitar sus tradiciones y que allí manda el pueblo. No les importan ni Dios, ni la Virgen, ni los Santos, sino presumir de que ninguna fiesta salió como la que ellos organizaron.

No podemos condenar sólo hacia fuera. También al interior de la Iglesia se han dado casos de comercialización de los servicios religiosos. Por ejemplo, no faltan parroquias, capellanías y otros templos, donde se piden enormes cantidades por una boda, o por otra celebración.

Doy testimonio, sin embargo, que quienes menos quieren que se cambie este escándalo no son los sacerdotes, sino los mismos fieles, que anteponen sus exigencias, pues lo que más anhelan es presumir de sus ceremonias y que ninguna otra se les iguale.

Les importa lucir y opacar a otros, no tanto el sacramento. En estos días hemos pedido a todos los Sacerdotes que expongan la lista de los Estipendios Eclesiásticos, a la vista de todos en las oficinas y abstenerse de manifestaciones de lujo o derroche económico.

Jesús se enfrenta a costumbres que se tergiversaron en su finalidad primera. Dios ciertamente había ordenado ceremonias y sacrificios con animales y otros signos; pero ya se había hecho negocio con ello, y esto es lo que Jesús combate.

También nosotros criticamos ciertas costumbres religiosas, que se han contaminado con intereses económicos. No les importa la fe, ni respetan la palabra de Dios, ni del Papa, ni del Obispo, ni de los sacerdotes y catequistas. Renovemos por lo tanto nuestra vida cristiana, dando siempre a Dios el culto que se merece y como nos lo ha pedido.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / MARZO 1 -2009     27/02/2009 17:37  Fecha
Mensaje REFLEXIÓN DOMINICAL
1 de marzo de 2009

EL CAMINO DE LA CUARESMA
I Domingo de Cuaresma

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían.

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio” (Mc 1,12-15).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Durante cuarenta días, la Iglesia nos invita a prepararnos a la celebración central de todo el año litúrgico: la Resurrección de Cristo. Es el misterio más definitivo, pues si El no hubiera resucitado, no nos habría salvado, no sería Dios.

Por ello, los primeros cristianos se reunían precisamente en el día en que aconteció la resurrección: el llamado “primer día de la semana” (Mt 28,1), que con el tiempo adquirió el nombre de “Día del Señor” (Apoc 1,10). En latín, es “Dies dominica”; en castellano, “Domingo”. La mejor forma de vivir la Cuaresma es atender a lo que dice Jesús: “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

Las dos primeras lecturas bíblicas de la Misa de hoy nos invitan a vivir la Cuaresma renovando nuestro bautismo, que nos salvó del pecado, como el diluvio purificó a la humanidad. En la Vigilia Pascual, lo renovaremos solemnemente. Sin embargo, para muchas personas, tanto su bautismo como la Cuaresma pasan casi desapercibidos.

La Cuaresma, si es que algo les dice, les suena sólo a no comer carne en los viernes y cambiarla por pescado, pero sin ningún esfuerzo por vivir la vida nueva que recibieron en su bautismo, sin compartir a los pobres la carne de la que se abstienen.

Comer pescado o mariscos en vez de carne, sin arrepentirse de los pecados y sin hacerse solidarios con los pobres, no sirve para nada, en el orden de la gracia cuaresmal.

Un buen número de creyentes no viven con coherencia la fe que recibieron en el bautismo, en que se concede la dicha de ser hijos de Dios Padre y, por ello, de ser hermanos unos de otros. No siempre practicamos esta doble dimensión de la fe. El bautismo nos hace hijos de Dios Padre.

Muchos, sin embargo, no han descubierto la belleza de la oración, la serenidad que recibimos al estar un buen rato en comunicación silenciosa y personal con el Señor, la fortaleza con que nos levantamos después de haber estado en su presencia. Jesús dedicaba muchas horas a estar a solas con su Padre, y eso lo sostuvo ante el drama de la cruz. Para iniciar su misión, se fue al desierto durante cuarenta días, sólo para orar y ayunar.

El bautismo nos hace hermanos unos de otros. Pero no siempre reflejamos esto en la práctica. Por ejemplo, persiste en algunas personas un racismo totalmente inhumano y anticristiano. A algunos los invade un egoísmo tal, que son incapaces de abrir sus manos a los hermanos que sufren.

Lo único que les importa es su ganancia, su propio interés, su comodidad. Tienen el corazón endurecido y nada les conmueve. Esto nos cuestiona seriamente, pues es una prueba clara de que la evangelización no ha calado hondo en muchas familias y en la vida social. Lo más grave es que algunos siguen pensando que la religión es sólo para la intimidad de su conciencia y de su hogar.

El bautismo nos reviste de la vida nueva en Cristo; pero las costumbres de este mundo pecaminoso nos revisten de muchos criterios y comportamientos muy lejanos de lo que Cristo nos ha venido a enseñar. Un ejemplo sencillo, pero muy difundido, es el consumismo, que consiste en comprar y consumir sin verdadera necesidad, sino sólo por la propaganda comercial que nos impulsa con el atractivo de tener, comer, beber y disfrutar, aunque sean cosas superficiales o inútiles.

La narración que hace San Marcos de la cuaresma de Jesús es muy breve, pero tiene los elementos esenciales: El Espíritu impulsa a Jesús. Con este impulso, se retira al desierto, donde sólo hay animales salvajes. Permanece allí cuarenta días, sin comer. Experimenta la tentación de Satanás.

De allí, parte para iniciar su misión. Empieza predicando la necesidad de la penitencia y de la fe, para entrar al Reino de Dios. La conversión, que es el cambio de vida, y la creencia en el Evangelio, son los dos requisitos que Jesús pone para entrar al Reino de Dios. Si alguien no corrige sus faltas, ni se conduce por la Palabra de Dios, está impulsado por Satanás, no es libre, no vive su bautismo, no disfrutará la Pascua.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / FEBRERO 22 -2009     23/02/2009 13:17  Fecha
Mensaje EL PARALÍTICO
VII Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco


Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras Él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro.

Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban ahí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla ése así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?” Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: `Tus pecados te son perdonados´ o decirle: `Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa?´

Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –le dijo al paralítico-: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.

El hombre se levanto inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!” (Mc 2, 1-12).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Hoy se cumple lo que el profeta Isaías había anunciado. En la persona de Jesús, lo anunciado se cumple, como Él mismo lo expresa en la sinagoga de Nazaret: “El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva y a proclamar la liberación a los cautivos” (Lc 4, 18).

La liberación del paralítico es una prueba clara de la llegada del Reino de Dios, pues sólo Dios puede liberar no sólo de una enfermedad, sino del pecado, que es la cadena más esclavizante y opresora.

Hoy también tenemos necesidad de liberación, pues hay muchas cadenas que nos postran y nos paralizan. Necesitamos acercarnos a Jesús, para que nos libere de nuestros pecados, y así podamos levantarnos y caminar como hijos de Dios y hermanos unos de otros.

Se necesitan personas de buen corazón, que carguen sobre sus hombros al paralítico, lo lleven ante Jesús y, así, le ayuden a lograr su liberación integral. Se necesitan dirigentes que se preocupen por los pobres, por los paralizados, por los desempleados y por los que no tienen oportunidad de romper sus cadenas.

Hay personas paralizadas por la pereza, la vagancia, el alcohol y la droga. Hay hijos que todo lo quieren recibir de sus padres, sin trabajo de su parte. Hay quienes han dejado paralizar su cerebro, pues no piensan por sí mismos, sino que se dejan llevar por las consignas y las frases hechas de sus líderes, o por lo que dice la publicidad.

Hay paralíticos del corazón, pues parecen incapaces de amar y de hacer algo por los demás. Se quedan instalados frente a la televisión, viendo pasar el mundo con sus necesidades y no mueven ni un dedo para ayudar a los que sufren.

Sólo lamentan lo que sucede y culpan a medio mundo, pero nada promueven. Llega el momento en que se hacen insensibles, como un mecanismo de defensa para que su conciencia no les inquiete.

Hay esposos que han paralizado su corazón y ya no se aman; no se perdonan y se quedan anclados en fallas del pasado de uno de los dos. Si ambos se acercan a Jesús, Él los liberará, para que sigan caminando juntos.

La parálisis del corazón y de la mente, que no encuentra soluciones a los problemas de los pobres, se cura acercándose a Jesús. Él nos enseña a amar y a buscar alternativas de solución. Es lo que hicieron quienes se unieron para llevar al paralítico ante Jesús.

Como no podían llegar a su presencia, se ingeniaron para bajarlo por el techo y se logró el milagro. Éste es el camino a seguir, para no quedarnos sólo en la denuncia y en el discurso que culpa a otros.

Los que llevaron al paralítico ante Jesús, no se arredraron ante los obstáculos. Como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Ojala haya corazones nobles, inteligentes y generosos, que sean capaces de quitar los obstáculos y hacer algo más por los más necesitados. Que no se les utilice como pista de lanzamiento para una lucha ideológica, sino que se les ame con un corazón sincero.

Para que podamos quedar libres de la parálisis del egoísmo y de todo pecado, acerquémonos con fe a Jesús. Y un medio muy concreto para encontrar la liberación de nuestras culpas, es hacer una buena confesión ante un sacerdote, para que Dios nos perdone. No hagamos caso de los escribas y fariseos actuales, que dicen que ellos no necesitan postrarse de rodillas ante un sacerdote, porque es un hombre pecador como todos, sino que ellos piden perdón directamente a Dios, sin necesidad de un sacramento.

Es verdad que los sacerdotes somos frágiles y no tan santos como deberíamos; pero Jesucristo quiso condicionar el perdón de los pecados a que alguno de los apóstoles, o de sus sucesores en el tiempo y en el espacio (obispos y sacerdotes), dieran el signo del perdón de parte de Dios (cfr Jn 20, 23). Y una vez que recibimos el perdón de nuestros pecados, nos liberamos de la parálisis y quedamos libres para amar y servir.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / FEBRERO 15 -2009     13/02/2009 13:25  Fecha
Mensaje LA LEPRA
VI Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: Sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.

Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.

Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes (Mc 1,40-45).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

La actitud de Jesús ante el leproso es muy iluminadora. Distingue las leyes que deben observarse y otras que, ante una situación determinada, como cuando se trata de hacer el bien a un enfermo, pasan a segundo lugar.

No regaña al leproso por habérsele acercado, en contra de lo prescrito por la ley, sino que lo atiende, coloca su mano sobre él y lo sana. En cambio, le ordena presentarse ante el sacerdote, para cumplir la ley judía.

Hoy también, para recibir la gracia de Dios y la limpieza o perdón de los pecados, por el sacramento de la reconciliación, hay que acercarse a los sacerdotes de la nueva Ley, para que, por medio de ellos, Dios dé el perdón y la salud del alma.

A pesar de que los obispos y sacerdotes tampoco seamos muy santos y de que son inocultables nuestras fallas, Jesús quiso hacer depender el perdón de Dios de que los apóstoles, sus continuadores y sus colaboradores (obispos y sacerdotes), diéramos la absolución de las culpas, como se lee claramente en Jn 20,23.

No vale lo que algunos dicen que se acercan directamente a Dios y que no necesitan de seres humanos para encontrar el perdón de sus pecados. Si Dios no necesitara de los sacerdotes, no le hubiera ordenado al leproso presentarse ante ellos.

En nuestro mundo moderno la lepra corporal ha sido bastante controlada y hay cada día menos casos, salvo en situaciones de miseria, como sucede en algunas comunidades de las periferias; pero hay otras lepras morales, sociales, psicológicas y espirituales, que son igualmente repugnantes y destructivas.

Una lepra que ha contagiado a mucha gente es la agresividad y la violencia. Hay personas y organizaciones que no encuentran otra forma de manifestar su inconformidad más que con bloqueos, plantones, piedras, palos, machetes, insultos, pintas, e incluso con el recurso a las armas. Esta enfermedad se extiende más y más. Es una lepra que hace repugnantes a ciertos grupos e individuos.

A pesar de que sus demandas tienen mucho de justo, sin embargo su forma de protestar los hace a su vez injustos, irrespetuosos con los derechos de los demás y con las instituciones. En algunos casos, no hay forma de impedir que dañen a la sociedad más que con el uso de la fuerza pública. Y cuando no tienen remedio, se les encarcela, se les aísla de la sociedad, para que no contaminen a los demás, como se hacía con los antiguos leprosos.

Una de tantas raíces de esta lepra que es la agresividad social, es la falta de valores morales y religiosos desde la familia. Hay papás que llegan a casa sólo a gritar e imponerse por la fuerza; con su proceder, enseñan a sus hijos que los gritos y los insultos son la única forma de salir adelante en la vida. Tanta violencia y nota roja que transmiten los medios informativos, sobre todo la televisión, incluso en las caricaturas, crea un ambiente hostil y violento que no es fácil de contrarrestar.

No se educa para el temor filial hacia Dios, no se enseñan los mandamientos que ordenan amar y perdonar, no se educa para el respeto a las legítimas autoridades, no se aprende a escuchar las razones del otro, sino sólo a imponer el propio criterio. En esto se descubren algunas de las raíces profundas de esta lepra social. La sola pobreza no explica la agresividad. Muchos hemos vivido en ambientes pobres, pero nuestros padres nos enseñaron el respeto a Dios y a los demás.

Hay otras lepras, como el creciente tráfico y consumo de drogas, el divorcio y la infidelidad matrimonial, el libertinaje sexual, propiciado a veces desde programas mal llamados de educación sexual, que sólo dan información sobre métodos anticonceptivos, en vez de educación para un comportamiento ético ante la sexualidad.

Otra lepra que cunde más y más es la indiferencia religiosa, incluso la no creencia.

En todo el país, más que el protestantismo, avanza el secularismo y el alejamiento de toda práctica religiosa. Qué se puede esperar de personas sin religión, indiferentes a toda práctica religiosa. Sin Dios, el ser humano se deshumaniza y pretende divinizarse, sintiéndose absoluto en sus deseos, pensamientos, gustos y decisiones. Ojala, como el leproso, nos acerquemos con confianza a Jesús. El puede y quiere sanarnos.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / FEBRERO 8 -2009     6/02/2009 13:35  Fecha
Mensaje LOS ENFERMOS Y LA ORACIÓN
V Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. El se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. El les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios (Mc 1,29-39).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Este Evangelio es muy actual, porque Jesús sigue haciendo suyas nuestras debilidades y cargando con nuestros dolores (cf Mt 8,17). Siempre está cerca y en todo podemos contar con El. Nos levanta y nos cura, nos alienta y sostiene, nos libera y redime, como hizo con la suegra de Pedro, con los enfermos y necesitados.

El Papa Benedicto XVI nos dice en su Mensaje de la próxima Jornada del Día del Enfermo, el 11 de febrero: Deseo dirigirme ahora a vosotros, queridos hermanos y hermanas afligidos por la enfermedad, para invitarles a ofrecer junto con Cristo vuestra condición de sufrimiento al Padre, con la seguridad de que cada prueba acogida con resignación tiene merecimiento y atrae la benevolencia divina sobre toda la humanidad.

Manifiesto mi aprecio hacia quienes les asisten en los centros residenciales, en los Day Hospital, en los Departamentos de diagnósticos y cuidados, y los exhorto para que hagan todo lo posible a fin de que nunca falte al necesitado la asistencia médica, social y pastoral que respete la dignidad propia de cada ser humano. La Iglesia, especialmente mediante la obra de los capellanes, no dejará de ofrecerles su ayuda, ya que está totalmente convencida de que está llamada a manifestar el amor y la solicitud de Cristo hacia los que sufren y los que se ocupan de ellos.

A los agentes pastorales, a las asociaciones y organizaciones del voluntariado recomiendo que sostengan, con formas e iniciativas concretas, a las familias que tienen a su cargo enfermos mentales, a favor de los cuales auspicio que aumente y se difunda la cultura de la acogida y de la coparticipación, gracias también a leyes adecuadas y a planos sanitarios que prevean recursos suficientes para su aplicación concreta.

Urge la formación y la actualización del personal que trabaja en un sector tan delicado de la sociedad. Cada cristiano, según su propia tarea y su responsabilidad, está llamado a brindar su aporte a fin de que se reconozca, se respete y se promueva la dignidad de estos hermanos nuestros.

Jesucristo nos enseña a no permanecer indiferentes ante el sufrimiento ajeno. El Evangelio de hoy nos lo presenta sanando enfermos y expulsando demonios. Busca momentos y lugares solitarios para orar; pero esto no lo hace olvidarse de los que sufren.

Es lo mismo que hemos de poner en práctica todos los discípulos de Jesús: hacer cuanto podamos por remediar los males de quienes padecen algún mal, físico, psíquico o moral. Los miembros de la Iglesia debemos ser un signo elocuente de que el amor misericordioso de Jesús por ellos se actualiza hoy en la acción sacramental y caritativa de nuestras comunidades.

Esta dimensión social de la fe cristiana no nos hace olvidar otro aspecto interesante del Evangelio de hoy. San Marcos nos dice que Jesús dedicaba largas horas a la oración personal y solitaria: “De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar”. A pesar de que la gente lo andaba buscando, porque necesitaban que los curara, El sabe darse tiempo para estar en comunicación profunda con su Padre celestial, en la madrugada o por la noche.

Esto nos debe enseñar a todos los cristianos la necesidad de orar. Si queremos mantenernos fieles a Jesús y no inventar otro estilo de iglesia, hemos de aprender a organizar nuestro tiempo, para platicar a solas con Dios, en nuestra casa, en la calle, en lugares solitarios, en un templo, de preferencia a los pies del Sagrario.

Es allí donde aprendemos a ser cristianos, comprometidos con los pecadores, los enfermos y los pobres. Sin oración, podemos caer en demagogias y en búsquedas disfrazadas de prestigio y de fama. La oración purifica las intenciones, corrige las actitudes y sostiene en los problemas.

A propósito del día del enfermo ya próximo, recordemos aquella práctica sencilla tan recomendable por Santa María de Jesús Sacramentado: “Primero hay que hablarle a Dios acerca de los enfermos, para luego después hablarles a los enfermos acerca de Dios”. La oración es la primera medicina saludable para los enfermos.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / FEBRERO 1 -2009     30/01/2009 13:04  Fecha
Mensaje LA POSESIÓN DIABÓLICA
IV Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quien eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordeno: “¡Cállate y sal de él!”. El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen” Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea (Mc 1, 21-28).. ¡Palabra del Señor! ¡Gloria a ti, Señor Jesús!

Estamos ya en el cuarto domingo del Tiempo Ordinario. En este período del Año Litúrgico celebramos diversos aspectos del misterio de Cristo y se nos presentan las implicaciones de ser su discípulo.

Hoy se nos dice en la Aclamación antes del Evangelio algo que da unidad al mensaje dominical: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció” (Mt 4, 16). Esa luz es Jesucristo, quien enseñaba como quien tiene autoridad, y demostraba su autoridad expulsando demonios.

En nuestros tiempos, cuando la gente tiene necesidad de alguien que le dé seguridad, que le oriente con certeza, que responda a sus dudas e incertidumbres, que no la engañe con discursos sin sustento, es cuando hemos de presentar a Jesús, pues Él es el único camino de salvación, la única luz que nos saca de la oscuridad, la única verdad que sí tiene autoridad. Y ésta es la misión de la Iglesia y de los cristianos: ser profetas que no se anuncian a sí mismos, sino que proclaman la verdadera Palabra de Dios.

El Evangelio de la Misa de este domingo nos habla de la curación de un endemoniado. La victoria sobre el espíritu inmundo –eso significa Belial o Belcebú, nombre que se asigna en la Escritura al demonio- (Mc 1, 21-28); es una señal más de la llegada del Mesías, que viene a liberar a los hombres de su más temible esclavitud: la del demonio y el pecado.

Este hombre atormentado de Cafarnaúm decía a gritos: ¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quien eres tú, el Santo de Dios! Y Jesús le mando con imperio: Calla, y sal de él. Y se quedaron todos estupefactos.

No se excluye, comentar el Magisterio de la Iglesia, que en ciertos casos el espíritu maligno llegue incluso a ejercitar su influjo no sólo sobre las cosas materiales, sino también sobre el cuerpo del hombre, por lo que se habla de “posesiones diabólicas”.

No resulta siempre fácil discernir lo que hay de fuera de lo natural en estos casos, ni la Iglesia condesciende o secunda fácilmente la tendencia a atribuir muchos hechos o intervenciones directas al demonio; pero en principio no se puede negar que, en su afán de dañar y conducir al mal, Satanás pueda llegar a esta extrema expresión de su maldad.

La posesión diabólica aparece en el Evangelio acompañada ordinariamente de manifestaciones patológicas: epilepsia, mudez, sordera… Los posesos pierden frecuentemente el dominio sobre sí mismos, sobre sus gestos y palabras; en ocasiones son instrumentos del demonio. Por eso, estos milagros que realiza el Señor manifiestan la llegada del reino de Dios y la expulsión del diablo fuera de los dominios del Reino: Ahora el príncipe de este mundo va a ser arrojado fuera.

Cuando vuelven los setenta y dos discípulos, llenos de alegría por los resultados de su misión apostólica, le dicen a Jesús: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Y el Maestro les contesta: Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo.

Desde la llegada de Cristo el demonio se bate en retirada, aunque es mucho su poder y “su presencia se hace más fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios”; mediante el pecado mortal muchos hombres quedan sujetos a la esclavitud del demonio, se alejan del reino de Dios para penetrar en el reino de las tinieblas, del mal; en un grado u otro, se convierten en instrumento del mal en el mundo, y quedan sometidos a la peor de las esclavitudes. En verdad os digo: todo el que comete pecado, esclavo es del maligno.

Debemos permanecer vigilantes, para discernir y rechazar las insidias del demonio, que no se concede pausa en su afán de dañarnos, ya que, tras el pecado original, hemos quedado sujetos a las pasiones y expuestos al asalto de la concupiscencia y del demonio: fuimos vendidos como esclavos al pecado. “Toda la vida humana, individual y colectiva, se presenta como lucha –lucha dramática– entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas”.

Hoy celebramos en nuestra Arquidiócesis el Día de la Vida Consagrada, por eso invitamos a los Religiosos y Religiosas a vivir su vocación con profunda fidelidad. Nuestra Iglesia necesita no sólo de su colaboración en las labores pastorales sino también requiere enriquecerse con el testimonio de su vida comunitaria; de la vivencia de una espiritualidad profunda animada por una intensa vida de oración; de la entrega generosa a los más pobres; en fin, necesitamos que religiosos y religiosas realicen un constante discernimiento evangélico que los lleve a vivir con fidelidad, lucidez y audacia su vocación


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / ENERO 18 -2009     30/01/2009 13:03  Fecha
Mensaje LLAMADOS A UN ENCUENTRO VIVO Y PERSONAL
II Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. El se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí”? (Rabí significa ‘maestro’). El les dijo: “Vengan a ver”.

Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir ‘roca’) (Jn 1,35-42). ¡Palabra del Señor! ¡Gloria a ti, Señor Jesús!

Una vez concluidas las fiestas de Navidad, la liturgia de la Iglesia nos invita a entrar en un tiempo llamado “Ordinario”, que nos lleve a un encuentro vivo y personal con el Salvador, que celebre el crecimiento normal de la vida cristiana, por medio de nuestra inserción en Cristo, como la rama que crece adherida al árbol. Se usan los ornamentos de color verde, para significar la vida en crecimiento.

Este tiempo tiene dos etapas: la primera, desde ahora hasta Cuaresma; la segunda, desde Pentecostés hasta el nuevo Adviento, en noviembre próximo. En los domingos de este año, se proclamarán los principales pasajes del Evangelio de San Marcos, con algunas excepciones, como sucede en este día. Hoy se nos presenta el encuentro de Jesús con sus primeros discípulos, invitados por Juan el Bautista, los que a su vez se convierten en testigos y apóstoles.

San Juan, el Bautista, encamina a sus discípulos a Jesús, y no se posesiona de ellos. Lo que le importa es Jesús, no su propia persona. El Mesías es Jesús, no Juan. Nosotros, a veces, buscamos seguidores, admiradores, cuando lo que importa es que haya más y más discípulos y apóstoles de Jesús. El es quien importa, no nosotros, que ni somos dioses, ni somos eternos.

Para mí, como obispo, lo que me debe interesar es que muchos conozcan y sigan a Jesús, no que me admiren o me aplaudan. Igual debe ser para un sacerdote o una religiosa, un diácono o un catequista. Nosotros no somos los mesías, los redentores, sino sólo mediaciones para que las personas encuentren al Señor y en El encuentren la vida, la libertad, la paz, la esperanza, la gloria. A nosotros y a los Laicos comprometidos nos toca conocer y dar a conocer los caminos que nos conducen a Jesús, animar a seguirlos y ayudar a que nuestros hermanos logren un encuentro vivo y personal con El.

A partir de que Andrés y Juan convivieron con Jesús, su vida cambió por completo: se convirtieron en testigos apasionados y querían que otros se acercaran a El. Andrés, por ejemplo, contagió su entusiasmo a Pedro, y lo llevó a donde estaba Jesús. Así fue como promovió la vocación apostólica de su hermano. Es un ejemplo claro de lo que debemos hacer nosotros.

“En esta hora, en que renovamos la esperanza, queremos hacer nuestras las palabras de SS. Benedicto XVI al inicio de su Pontificado, haciendo eco de su predecesor, el Siervo de Dios, Juan Pablo II, y proclamarlas para toda América Latina: ¡No teman! ¡Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!…quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande.

¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera… ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo y encontrarán la verdadera vida”. (DA 15).

Del día 13 al 18 de esta semana, en la ciudad de México se realizará el VI Encuentro Mundial de las Familias, en el cual estaremos participando varias personas de nuestra Arquidiócesis de Acapulco y de otras muchas naciones, con temas muy interesantes y decisivos para la Familia: Las Relaciones y los Valores Familiares según la Biblia.

La Familia y el Valor de la Vida Humana. Organismos que ayudan a la Familia en la formación de los Valores. Familia y Sexualidad. Familia y Medios Masivos de Comunicación. Las Familias los Emigrantes y las Virtudes Sociales. El Reto de legislar a favor de la Vida y de la Familia.

La Vocación educadora de la Familia. Requisitos de la Familia que forma: Aspectos Psicológicos, Espirituales, Morales, Económicos. Familia y Solidaridad. La Familia Formadora en los Valores Humanos y Cristianos. Clausurará el VI Encuentro Mundial de las Familias, el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado y Delegado del Papa ante el Encuentro, con el tema: Familia, Justicia y Paz. Agradecimientos y Conclusión, el Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXION DOMINICAL / ENERO 25 -2009     27/01/2009 12:50  Fecha
Mensaje BODAS DE ORO
50 Años de la Arquidiócesis de Acapulco

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue de Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús (Mc 1,14-20). ¡Palabra del Señor! ¡Gloria a ti, Señor Jesús!

Hoy hace cincuenta años que fue ordenado el primer Obispo de Acapulco, Don José Pilar Quesada Valdez y así quedar constituida como Diócesis, después de haberse dado lectura el día anterior, hace también cinco décadas, al documento llamado Bula Pontificia, del Papa Pío XII, “Quo Aptiori”.

Ese peregrinar está culminando hoy en la ordenación Sacerdotal de ocho nuevos Presbíteros que serán consagrados en la magna Concelebración Jubilar de este día en la Nueva Catedral de Cristo Rey, todavía en construcción.

Uno por uno, todos serán llamados por el Obispo, después de haber sido presentados por el Pueblo de Dios y por sus inmediatos responsables. Los Diáconos:

1. Andrés Bahena Álvarez
originario de Acapulco, Gro.
2. Gustavo Maravilla Beltrán
originario de Pajacuarán, Mich.
3. Iván Añorve Jaimes
originario de San Luis La Loma, Gro.
4. Francisco Ríos García
originario de la Comunidad de
La Máquina en Cruz Grande, Gro.
5. Jesús Nava López
originario de Ometepec, Gro.
6. Jorge Alanís Peralta
originario de Acapulco, Gro.
7. Martín García Rosales
originario de La Bocana
en Marquelia, Gro.
8. Víctor Alonso Santana Ruíz
originario de Pie de la Cuesta
en Acapulco, Gro.

Así como fueron llamados Simón y Andrés, echando las redes a la orilla del Lago de Galilea, pues eran pescadores y así como Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban junto con su Padre remendando las redes en su barca. De esa misma manera hoy serán llamados con la imperiosa invitación del Divino Pescador: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres” (Mc 1, 17).

El Sacerdote es el hombre de la Palabra que convierte. Como ejemplo de conversión, la primera lectura de la Misa dominical nos presenta el caso de los habitantes de Nínive, “la gran capital”, que cambiaron de vida por la predicación de Jonás: “Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles” (Jonás 3,1-5.10). Todos se arrepintieron: grandes y pequeños, gobernantes y súbditos. La suerte del pueblo cambió, porque hubo conversión, cambio de vida. Los pueblos se transforman con la predicación de la Palabra anunciada por el Sacerdote, en su Pastoral Profética.

El Sacerdote es el hombre de la Eucaristía, que nace de la Eucaristía y vive para la Eucaristía, con la celebración diaria de la Santa Misa, según aquellas palabras de San Alberto Hurtado, el Sacerdote Chileno, recientemente canonizado: “Mi Misa es mi vida y mi vida es una Misa Prolongada”. “Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir a favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios” (Hb 5,1).

“El Sacerdote debe ser hombre de oración, maduro en su elección de vida por Dios, hacer uso de los medios de perseverancia, como el Sacramento de la confesión, la devoción a la Santísima Virgen, la mortificación y la entrega apasionada a su misión pastoral” (DA 195).

“El Sacerdote, a imagen del Buen Pastor, está llamado a ser hombre de la misericordia y la compasión, cercano a su pueblo y servidor de todos, particularmente de los que sufren grandes necesidades. La caridad pastoral, fuente de la espiritualidad sacerdotal, anima y unifica su vida y ministerio. Consciente de sus limitaciones valora la pastoral orgánica y se inserta con gusto en su presbiterio” (DA 198).

Los Sacerdotes deben ser discípulos y misioneros “que tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu; movidos por la caridad pastoral, que los lleve a cuidar del rebaño a ellos confiados y a buscar a los más alejados, siempre en profunda comunión con su Obispo, los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos; servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad” (DA 199).


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