Homilias
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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / OCTUBRE 12 - 2008     13/10/2008 09:52  Fecha
Mensaje LOS BIENES DE LA CREACIÓN AL ALCANCE DE TODOS
XXVIII Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "E1 Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos'" (Mt 22, 1-14).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria ti, Señor Jesús!

Con la parábola del rey que invita a todos a un gran banquete, Jesús nos hace ver nuevamente que Dios quiere la felicidad, temporal y eterna, para todos. Desea que disfrutemos sus maravillas, tanto de la creación como de la redención.

Todo lo hizo por nosotros: lo natural y lo sobrenatural; las cosas materiales y las espirituales; las visibles y las invisibles; lo cercano e inmediato y las realidades últimas y trascendentes. El Señor es espléndido en sus dones y nos invita a gozarlos en forma gratuita.

No nos cobra ni un centavo por el aire que respiramos, por la lluvia, por la tierra, por el sol, por la vida. ¡Todo es gracia y amor! El plan de Dios es que seamos felices; por ello, simbólicamente, puso a nuestros primeros padres en un paraíso. Y si en esta tierra nunca será posible disfrutar plenamente de esa felicidad, la promesa del cielo no es una evasión, ni un engaño, sino una seguridad total, pues El no miente.

El profeta Isaías lo expresa con un simbolismo muy expresivo: “En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos... Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae” (25,6-10).

La realidad, en cambio, es muy distinta a lo que Dios quiere. Hay miles de indígenas, cuyo "banquete" son, cuando hay, tortillas, frijoles, chile y un poco de café, o tortillas quemadas y molidas para engañar el hambre como si fuera café. Hay muchos niños en la calle, que desde pequeños deben trabajar, ya que sus padres no tienen con qué alimentarlos y vestirlos; otros son huérfanos o fueron abandonados por unos padres sin entrañas.

Hay madres de familia que se ven obligadas a robar o a prostituirse, con tal de que sus hijos no pasen hambre. Mucha gente vive en angustia permanente, porque los sueldos no alcanzan ni para lo mínimo. Hay tantos rostros sin esperanza, que lloran inconsolables, porque no hay quien les tienda la mano.

Nos preocupa el persistente fenómeno migratorio, pues a pesar de todas las barreras y controles que se pongan, el hambre hace que muchos dejen su hogar y su patria, exponiéndose a incontables peligros, incluso a la muerte, con tal de lograr una mejor condición de vida para sí y para los suyos.

Cada ocho días, desde algunas poblaciones de nuestra región sureña y de la montaña, salen autobuses hacia el norte del país, con la indudable intención de pasar a Estados Unidos o para trabajar en la agricultura de otros Estados como Sonora y Sinaloa, pues el trabajo en el campo no les da casi ni para subsistir.

El asunto del petróleo y la Reforma Energética en nuestro país, ha de ser tratado dentro de una visión más amplia, la de un proyecto de nación y del modelo económico que queremos para México. Esta amplitud de miras tiene que prevalecer sobre los intereses de los partidos políticos y de cualquier grupo de poder.

Esto significa que todos los hombres y mujeres, los de esta generación y de las venideras, deben tener la posibilidad de gozar del bienestar necesario para su pleno desarrollo. Y si es necesaria una reforma petrolera, tiene que estar orientada a este fin.

Es por esto que esta reforma no puede eludir un juicio ético en cuanto que se oriente al bien general de la nación y al bienestar de todos los mexicanos. Por lo mismo, tiene que ubicarse en el horizonte del bien común y del destino universal de los bienes de la tierra.

“La Creación es una manifestación de Dios, de su belleza y de su bondad, y cada una de las criaturas refleja a Dios y lleva a El. Pero el hombre y la mujer son la manifestación más plena de la obra de la Creación que, por designio de Dios, no tienen igual en el resto de las criaturas.

El respeto y el cuidado de la Creación son un imperativo del amor a Dios, que en su providencia sigue sosteniendo y perfeccionando todas las cosas que salieron de sus manos”. (Carta Pastoral. Obispos provincia de Acapulco). Todos estamos llamados por igual al banquete de la creación.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / OCTUBRE 5 - 2008     4/10/2008 10:30  Fecha
Mensaje COLABORADORES RESPONSABLES
XXVII Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

"En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'.

Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?" Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".

Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? Por esta razón les digo a ustedes que les será quitado el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos" (Mt 21, 33-43).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria ti, Señor Jesús!

Este Evangelio tiene aplicaciones para todos nosotros, pues lo dicho por Jesús no vale sólo para sus paisanos. Dios nos ha tratado con mucho amor. Basta abrir los ojos del corazón, para valorar todo cuanto el Señor nos ha concedido. También los pobres y minusválidos pueden experimentar el amor de Dios, aún en sus limitaciones.

La vida, en sí misma, es un bien y no un mal; es una bendición y no una maldición. Además, quienes en el bautismo recibimos la misma vida divina, si no la perdemos por el pecado, tenemos asegurada en el cielo una eternidad feliz, y esto no se puede comparar con nada. Somos responsables de nuestra propia felicidad, la cual no se regala, sino que se conquista a base de esfuerzos.

Dice el Evangelio que los viñadores, a quienes el propietario alquiló su viña, en vez de entregar los frutos que en justicia debían, se apoderaron del viñedo, maltrataron a los criados del dueño, los apedrearon y los mataron; finalmente, asesinaron también al hijo del dueño. Esto es lo que muchos hacen.


En vez de trabajar y cumplir sus deberes de justicia, roban lo que no les pertenece, secuestran a quien les da trabajo, maltratan a quien les exige que sean responsables con su deber, y hay quienes asesinan sin piedad, con tal de enriquecerse de una manera rápida, o de eliminar a quienes les significan un obstáculo en sus pretensiones. A estos "desalmados" les va a ir muy mal; si no pagan aquí en la tierra, en la otra vida van a sufrir eternamente. ¡Esto es Palabra de Dios!

En la segunda lectura de la Misa dominical, San Pablo dice a los filipenses: "No se inquieten por nada; más bien, presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús" (4, 6-7).

Es lo que deseamos y pedimos para Guerrero y para nuestros Municipios: que la paz de Dios custodie corazones y pensamientos, para que ya se acaben los temores del pueblo y produzca frutos de serenidad y armonía; que cada uno de los que tienen derecho a votar, en este domingo 5 de octubre, acudan a las urnas a depositar su voto, sabiendo que de esta manera están contribuyendo al bien de todos y cada uno de los Guerrerenses, actúen con libertad, siguiendo únicamente lo que les dicte su conciencia, en la elección de los candidatos que consideren más idóneos para servir a su comunidad.

Existen fallas que se deben superar para llegar a una madurez política y a una democracia plena. Una de estas fallas es el abstencionismo que lamentablemente se sigue dando entre nosotros, ya sea por una apatía natural o por la desconfianza de que el voto no sea respetado. Sólo por razones graves una persona se puede abstener de votar. El dejar de votar es una falta grave de responsabilidad y constituye una falta moral, propio de cristianos irresponsables.

Que cada quien haga su mejor esfuerzo por producir frutos de bondad, justicia, honestidad, trabajo, solidaridad y paz. Que hagamos a un lado intereses egoístas, si son sólo particulares puntos de vista y están provocando daño a la comunidad. Esta es la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, y que por eso muchos no la comprenden; pero ¡primero está el bien de Guerrero y de cada Municipio que los intereses partidistas o individuales!

Invitamos a todas las Comunidades Parroquiales a pedir a Dios, Padre y Señor de la historia, sabiduría y acierto en la elección de los Legisladores Estatales y Presidentes Municipales para el bien de nuestros pueblo. Seamos cristianos responsables de nuestros gobernantes.

Pidamos a Santa María de Guadalupe, que por su intercesión maternal nos alcance buscar el progreso de nuestro Estado y de nuestros Municipios, por los caminos de Justicia, de Paz y de Fraternidad. Una oración especial hoy por el XII Sínodo de los Obispos que inicia en Roma, con el tema: La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / SEPTIEMBRE 28-2008     27/09/2008 09:03  Fecha
Mensaje HUMILDES Y COHERENTES
XXVI Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

"En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. E1 le contestó: 'Ya voy, señor', pero no fue. E1 padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Ellos le respondieron: " El segundo".

Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él" (Mt 21, 28-32).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria ti, Señor Jesús!

Hoy Jesús nos invita a demostrar que en verdad creemos en El, por medio del arrepentimiento sincero de nuestras faltas y siendo coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Nada es más contrario a la vida cristiana que decir una cosa y hacer otra.

Reconocer los propios errores, pedir perdón y cambiar de actitudes, es el principio de la salvación, como dice la primera lectura de la Misa dominical: “Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere; muere por la maldad que cometió. Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se aparta de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá” (Ezequiel 18,26-28).

Sin embargo, hay quienes están empecinados en su maldad y buscan mil formas de legitimar sus fechorías; no escuchan consejos de nadie y sólo culpan a los demás; no reconocen su error y por eso no se arrepienten; están como encadenados a sus vicios y no desean llevar otro estilo de vida; no quieren recapacitar, ni apartarse de sus delitos.

Este es el caso de algunos alcohólicos, adúlteros, narcotraficantes, corruptos, evasores fiscales, asaltantes, secuestradores y asesinos. A algunos su conciencia les hace percibir que actúan en forma inconveniente, sin embargo acallan ese remordimiento y hasta presumen de sus maldades. No aceptan estar equivocados. Aún más, quisieran que todos los imitaran, para legitimarse y tranquilizar lo poco que les queda de conciencia.

Al respecto, dice la Palabra de Dios: "Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere; muere por la maldad que cometió". Es decir; quienes actúan en forma indebida y no quieren arrepentirse, acabarán mal, desde este mundo y sobre todo en la eternidad.

Quienes se sienten dioses, absolutizan su forma de pensar y de actuar, no aceptan confrontarse con lo que Dios ordena y se burlan de los buenos consejos que alguien les da. Con esto, se están condenando a sí mismos a la muerte eterna, que es el infierno. ¡Ojalá se arrepintieran, pues el infierno es real, no un cuento de abuelas!

Reconocer los propios errores, supone mucha humildad. Exige aceptar que somos pecadores y que fallamos con frecuencia. Sólo quien reconoce a Dios como el Señor de su vida y se deja conducir por sus caminos, puede conocer la verdad de sí mismo. Corremos el riesgo de ser como el hijo de la parábola, que prometió obedecer y no cumplió.

En efecto, cuando decimos que creemos en Dios y que lo reconocemos como nuestro Señor, y sin embargo nos dejamos llevar por la pereza, la envidia, la mentira y otros vicios, somos incoherentes. Cuando afirmamos ser sus discípulos, pero no lo obedecemos, sino que hacemos lo que nos conviene y lo que los criterios de este mundo proponen, somos dignos de reproche.

Ojalá todos atendiéramos lo que San Pablo, en la segunda lectura de la Misa de hoy, encarece a los cristianos de Filipos: “Nada hagan por espíritu de rivalidad ni presunción; antes bien, por humildad, cada uno considere a los demás como superiores a sí mismo y no busque su propio interés, sino el del prójimo. Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús... Se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo... Se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó sobre todas las cosas" (Filipenses 2,1-11).

¡Qué diferente sería todo, si le hiciéramos caso a la Palabra de Dios! No habría rivalidades, presunción, descalificaciones mutuas.¡Que distinto sería México si todos practicáramos lo que dice hoy San Pablo! No nos sentiríamos superiores a los demás, sino que seríamos humildes, para aprender unos de otros. Si en vez de que cada uno se sienta el mejor y casi el único, como si los otros no valieran nada, lanzándoles toda clase de vituperios, y fuéramos capaces de renunciar a nuestro propio interés por el bien de México, viviríamos en una sociedad nueva.

Si los trabajadores de un sindicato lucharan por sus justos derechos laborales, pero no sobreponiéndose al bien del país, no caeríamos en zozobras e inestabilidades sociales, tan dañinas a la comunidad. Que prevalezca la justicia, pero también la sensatez y la prudencia. Así construiríamos un mundo mejor.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / SEPTIEMBRE 21-2008     19/09/2008 19:35  Fecha
Mensaje TRABAJADORES EN SU OBRA
XXV Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. E1 les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’. A1 atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’ De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos” (Mt 20, 1-16).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria ti, Señor Jesús!

Jesús, por medio de diferentes parábolas, nos presenta qué es y cómo se construye el Reino de Dios. Ciertamente, sus pensamientos no equivalen a los nuestros (cf Is 55,6-9). Para El, los últimos son los primeros, y éstos son los últimos. Nuestro sentido de justicia no es igual al suyo, pues El la combina con su generosidad, con su misericordia.

Rebasa nuestros méritos y nos da mucho más. A todos nos invita a colaborar, a dar manos a la obra, para que su Reino se haga presente en nuestras circunstancias históricas. No basta con reclamos y lamentos. Lo que cambia al mundo es nuestra aportación, nuestro trabajo, aunque sea por una sola hora.

El Papa, los obispos, los sacerdotes, los diáconos y las religiosas, hemos consagrado nuestras vidas al Reino de Dios. Pero no somos los únicos que hacemos la Iglesia, los únicos que damos manos a la obra por la transformación de la sociedad conforme al plan de Dios. Ahora es el tiempo de los fieles laicos, de los seglares. A ello han convocado, desde hace más de cuarenta años, el Concilio Vaticano II y los documentos pontificios y episcopales.

Sin embargo, como dijimos con toda claridad en el Documento de Santo Domingo, “se comprueba que la mayor parte de los bautizados no han tomado aún conciencia plena de su pertenencia a la Iglesia. Pocos asumen los valores cristianos como un elemento de su identidad cultural y por lo tanto no sienten la necesidad de un compromiso eclesial y evangelizador” (No. 96).

Por ello, expresa el Documento de Aparecida: “Esta V Conferencia, recordando el mandato de ir y de hacer discípulos (cf. Mt 28, 20), desea despertar la Iglesia en América Latina y El Caribe para un gran impulso misionero. No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza!

No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia, que Él nos convoca en Iglesia, y que quiere multiplicar el número de sus discípulos y misioneros en la construcción de su Reino en nuestro Continente.

Somos testigos y misioneros: en las grandes ciudades y campos, en las montañas y selvas de nuestra América, en todos los ambientes de la convivencia social, en los más diversos “areópagos” de la vida pública de las naciones, en las situaciones extremas de la existencia, asumiendo ad gentes nuestra solicitud por la misión universal de la Iglesia”.

Como Iglesia, no nos podemos quedar indiferentes ante la situación del país, como lo ha recordado el Papa Benedicto XVI a los obispos mexicanos: “Hoy México vive un proceso de transición caracterizado por la aparición de grupos que, a veces de manera más o menos ordenada, buscan nuevos espacios de participación y representación.

Muchos de ellos propugnan con particular fuerza la reivindicación en favor de los pobres y de los excluidos del desarrollo, particularmente de los indígenas. Los profundos anhelos de consolidar una cultura y unas instituciones democráticas, económicas y sociales que reconozcan los derechos humanos y los valores culturales del pueblo, deben encontrar un eco y una respuesta iluminadora en la acción pastoral de la Iglesia”. Por lo tanto, hoy el Señor nos exhorta a poner todos manos a la obra en su viña.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / SEPTIEMBRE 14-2008     13/09/2008 10:56  Fecha
Mensaje LA PATRIA ES PRIMERO
XXIV Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete". Entonces Jesús les dijo: "E1 Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. E1 primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. E1 servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo". E1 rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: "Págame lo que me debes". El compañero se le arrodilló y le rogaba: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?' Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía. Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano" (Mt 18, 21-35).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria a ti, Señor Jesús!.

“La Patria es primero”. (Dn. Vicente Guerrero. Libertador Mexicano). Es decir, antes que nuestros propios intereses. Qué oportuno es este Evangelio, pues una de las necesidades más sentidas en nuestra patria es el perdón entre unos y otros, la unidad y la reconciliación.

Hay un ambiente hostil y de exclusión mutua. Las declaraciones en los medios informativos parecen un campo de batalla, donde triunfa el que más ofende, el que usa lenguajes más agresivos y quien tiene más inventiva para hacer afirmaciones y burlas no siempre conformes a la verdad.

La Patria es primero. Antes que nuestros conflictos, diatribas y enfrentamientos. Hay quienes sólo destilan y cultivan rencor, odio y venganza. Pretenden contagiarnos y envenenarnos a todos, haciendo de México una sociedad cargada de desconfianza y de negativismo. Para ese tipo de actores sociales, todo está mal, menos lo que ellos hacen y dicen.

Se dedican a descalificar autoridades, instituciones y personas, pues quisieran acabar con todo lo que es sólido y estable; viven de criticar y destruir; nunca sale de sus labios una alabanza a quienes son de un modo de pensar o tendencia diferente. En su corazón no cabe el amor, la comprensión y el perdón. Así no progresa la patria, pues ella se construye con la suma de esfuerzos y no de descalificaciones.

La Palabra de Dios nos invita hoy a saber perdonar, no una ni dos veces, sino siempre, a ejemplo de nuestro Padre celestial, quien está dispuesto a perdonarnos en todo momento. ¿Por qué negarnos al perdón mutuo, si Dios nos perdona tanto? ¿A qué nos conducen los rencores, los odios y los enfrentamientos? ¿Qué provecho se saca de los pleitos y de las luchas fratricidas?

Al respecto, dice la primera lectura de hoy: "Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor vengará al vengativo y llevará rigurosa cuenta de sus pecados. Perdona la ofensa de tu prójimo, y así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados. Si un hombre le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor? El que no tiene compasión de un semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados? Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el perdón de sus pecados, ¿hallará quien interceda por él? Piensa en tu fin y deja de odiar; piensa en la corrupción del sepulcro y guarda los mandamientos. Ten presentes los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo. Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas" (Eclesiástico 27,33-28,9).

La Patria es primero. Se edifica desde el hogar. Desde la familia y la escuela, hay que educar para el perdón mutuo y no para vivir en pleitos permanentes y en ofensas diarias. En casa, cuando los hijos ven que sus padres se aman, se respetan y se perdonan, aprenden a vencer sus deseos de venganza, a evitar palabras y acciones ofensivas, a perdonar a quien les hace un daño, a compartir con hermanos, parientes, compañeros y amigos.

Y si en la escuela es reforzada esta educación para el perdón y la paz, cuando se llegue a la juventud y a la vida adulta, aunque se viva en pobreza y en limitaciones, los hijos no se convertirán en violentos, agresivos, asaltantes, ladrones y asesinos.

La pobreza no es la causa principal de que haya violencia, inseguridad, robos, secuestros, asaltos y asesinatos. Yo soy hijo de una familia pobre, con ocho hermanos y nuestros padres nunca nos educaron para robar, agredir, pelear o matar.

Nos dieron ejemplo, entre otras virtudes, de escuchar la Palabra de Dios, de trabajar para tener algo, de compartir con los demás, de respetar personas y cosas, de perdonar, de ser pacíficos y no violentos.

Si queremos un México más justo, libre, democrático y fraterno, hay que educar para el amor, la justicia, la verdad y la paz, con sólidos principios morales y cristianos, desde la familia y la escuela, con el apoyo de buenos medios de comunicación.

Pero si sólo se exalta la violencia, ¿qué patria estamos construyendo? Es necesario cultivar una PATRIA FRATERNA, reconciliada, donde todos vivamos con alegría, paz y dignidad, es decir, vivamos una patria de hermanos.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / SEPTIEMBRE 7 2008     6/09/2008 17:07  Fecha
Mensaje PROCESO EVANGÉLICO
XXIII Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 15-20). ¡Palabra del Señor! ¡Gloria ti, Señor Jesús!

Cada ocho días, la liturgia de la Iglesia nos va proponiendo, pedagógicamente, diversos textos bíblicos, para que crezcamos en el seguimiento de Jesús. Hoy nos ofrece tres puntos: el proceso para una adecuada corrección, el poder que concede a sus apóstoles y la eficacia de la oración comunitaria. Ojalá no seamos sordos a su voz.

Señalemos algunos hechos: Muchos padres de familia, que no tuvieron oportunidad de cursar estudios medios o superiores, se sienten acomplejados ante sus hijos, a quienes ellos mismos han dado oportunidad de estudiar, y no se atreven a corregirlos.

En la escuela, sucede algo semejante. Algunos maestros no quieren complicarse la vida; con tal de que los alumnos lleven la tarea, no les importa su comportamiento y no los corrigen. ¿Qué decir de la vida política? Los contendientes de un mismo partido se dicen toda clase de ofensas, en los medios informativos.

En vez de reunirse en privado, aclarar lo pertinente y corregirse mutuamente como hermanos. En la vida eclesial no estamos exentos de estos errores. Todos tenemos fallas: obispos, sacerdotes, religiosos, diáconos, catequistas, fieles laicos. A veces, en vez de corregirnos como hermanos, algunos van a difundir sus quejas provocando el escándalo.

La palabra de Jesús es muy clara. Es innegable que, en la vida diaria, todos fallamos y cometemos faltas. ¿Qué hacer? Dice Jesús: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas”. Esto es lo que deberíamos hacer todos: padres de familia, maestros, políticos, comunicadores, miembros y servidores de la Iglesia.

No hacer luego luego una delación pública, sino seguir el consejo de Jesús: pedir la oportunidad de platicar en privado, advertir lo que, a juicio propio, es incorrecto, escuchar las razones o quizá justificaciones del otro, ofrecer apoyo para mejorar la conducta y concluir como hermanos la conversación. Prosiguiendo de allí en adelante el camino de la enmienda. Por lo menos, hemos hecho lo que debíamos hacer con caridad y comprensión.

Dios dice al Profeta Ezequiel: “Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida. En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida” (Ez 33,7-9).

¡Qué importante es esta advertencia! Todos, padres de familia, maestros, comunicadores, políticos y creyentes en general, tenemos obligación de amonestar a quienes se apartan del buen camino, aunque con esto nos expongamos a críticas, incomprensiones, rechazos y burlas.

A pesar de que nos llamen anticuados y retrógrados, no debemos quedarnos callados. Pero hay formas educadas y caritativas de hacerlo. Primero hay que saber amonestar y dialogar, para así poder denunciar con caridad.

Corregir a los demás es una exigencia del amor que les debemos, pues si alguien dice que “cada quien su vida”, y que no quiere complicarse la existencia, quizá es un egoísta y un irresponsable. Dios le pedirá cuentas de su prójimo, y no puede responder como Caín: “¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?” (Gén 4, 9). “Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo, y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación” (2 Cor 5, 19).

Esto es lo que se logra con la corrección fraterna. En cambio, con puras denuncias públicas, que no siempre se sustentan en la verdad, se recrudecen las divisiones. Con ofensas a los contrarios, con sátiras e ironías, con indirectas, a veces se produce el efecto contrario, que se exacerben los ánimos y se llegue a la violencia.

Jesús, sin embargo, no reprueba las denuncias públicas; al contrario, las recomienda, pero después de haber agotado los pasos previos: la amonestación personal, la corrección con la ayuda de una o dos personas, el decirlo a la comunidad. Esta comunidad, es ante todo la propia asamblea cristiana, no necesariamente la noticia pública.

Y termina Jesús diciendo que, si de ninguna forma se logra la corrección del hermano, hay que apartarse de él, para no contagiarnos de actitudes y criterios pecaminosos.

Otro medio para lograr la corrección del otro y también la reconciliación, es lo que dice Jesús: “Yo les aseguro que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá: pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”. Hay que pedirle al Señor que nos enseñe a amar; que nos conceda la sabiduría, la prudencia y la fortaleza para corregir, y en su caso denunciar.

Hay que tener confianza en la fuerza de la oración, tanto personal como, sobre todo, comunitaria y litúrgica, pues ya no oramos solos, sino acompañados del mismo Jesús. Antes, pues, de corregir a alguien, imploremos las gracias del Señor, ésta es la base de un proceso evangélico, ante las fallas de los demás.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / AGOSTO 31 / 2008     29/08/2008 19:36  Fecha
Mensaje LAS PARADOJAS DE DIOS
XXII Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: “No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!”

Luego Jesús dijo a sus discípulos: “E1 que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras” (Mt 16, 21-27). ¡Palabra del Señor! ¡Gloria ti, Señor Jesús!

Paradoja, es una expresión literaria que reúne al parecer elementos irreconciliables. Jesucristo las expresa hoy en su Evangelio. En el Evangelio del domingo pasado, Jesús alabó la fe de Pedro, porque había hablado conforme a la revelación de Dios Padre.

Ahora, en cambio, lo recrimina y le pide que se aleje de El, porque su modo de pensar no coincide con el de Dios, sino con el de los hombres. ¿En qué se diferencian uno y otro? Nosotros, ¿nos dejamos guiar por la voluntad de Dios, o por los criterios que prevalecen en este mundo?

Dice Jesús a Pedro: “Tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres”. Esto quiere decir que hay dos formas de pensar, de juzgar e interpretar la vida y los acontecimientos; dos modos de orientar la existencia y de tomar decisiones; dos criterios para aconsejar y educar: el que está moldeado por Dios y el que refleja lo que piensa y hace la mayoría de las personas que no tienen en cuenta a Dios.

La publicidad de los medios informativos nos trata de convencer, por todas las formas posibles, de que una persona vale por lo que tiene, por lo que compra, por lo que se pone, por lo que disfruta, por lo que bebe y fuma. Las telenovelas y las series resaltan a quien tiene más aventuras amorosas y comete más infidelidades conyugales; presentan como héroe a quien golpea y domina, a quien más grita.

No tienen recato en difundir escenas eróticas, que suscitan en el público, sobre todo en niños, adolescentes y jóvenes, deseos de imitar lo que se ve en las pantallas. Después se espantan de tantos crímenes pasionales y embarazos prematuros… Esas son las paradojas del mundo; afirma que se es feliz, siendo desgraciado.

San Pedro, contagiado por el modo de pensar de los hombres, pretende disuadir a Jesús, para que no se exponga a la cruz. A pesar de que, momentos antes, recibe un elogio muy alto del mismo Jesús, ahora es fuertemente recriminado: “¡Apártate de mí, Satanás!” ¿Qué habrá sentido Pedro? No entendía a Jesús, aunque deseaba sinceramente su bien. Jesús le advierte que ese modo de pensar no corresponde al de Dios.

Con el tiempo, Pedro comprenderá que la cruz es el camino necesario para lograr vida, y él mismo la padecerá. Jesús es muy claro, cuando plantea las condiciones para ser sus discípulos: “E1 que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. Renunciar a uno mismo es no darse gusto en todo; es perdonar, cuando tenemos deseos de venganza; es tratar bien a quien nos ofende y perjudica.

Lo que Jesús dice parece contradictorio y absurdo. Es una paradoja que contiene la más profunda verdad: “El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará”.

Perder la vida por Jesús no es sólo morir por su causa, a ejemplo de tantos mártires, sino también ir desgastando la propia existencia en el servicio diario y callado a los demás, empezando por la propia familia. Perder la vida es hacer a un lado los justos derechos que nos asisten, cuando está de por medio el bien de otros, como el de los hijos.

Es tolerar y perdonar, cuando quizá haya razón para una separación matrimonial, sin perder la esperanza de que el cónyuge cambie. Es renunciar al matrimonio, para dedicarse a servir a los propios padres, a una causa noble, al sacerdocio o a la vida consagrada y misionera.

Es no poner como primer objetivo el dinero y los bienes materiales, sino el hacerse útil para los demás. En verdad, entonces es cuando la vida tiene sentido, cuando la vida es vida. Cuando nos desgastamos para que otros vivan mejor, nuestra propia existencia adquiere sentido, fecundidad, plenitud. Esto es encontrar la vida.

Jesús insiste: ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? En la misma línea dice San Pablo: “No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva forma de pensar los transforme internamente, para que sepan discernir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom 12,2).
Hay que saber caminar por los caminos torcidos de Dios.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / AGOSTO 24 / 2008     22/08/2008 19:24  Fecha
Mensaje JESUCRISTO, PEDRO Y LA IGLESIA
XXI Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” .

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías (Mt 16, 13-20). ¡Palabra del Señor! ¡Gloria ti, Señor Jesús!

Jesús es el único salvador del mundo y fuera de El no hay salvación (cf Hech 4,11-12). Sin embargo, fue su voluntad expresa dejar a su Iglesia como responsable de continuar su obra salvadora, hasta el fin del mundo. El puede seguir salvando sin necesidad de nadie, puesto que es Dios; pero quiso “necesitar” mediaciones humanas para hacer lo mismo que El hizo.

Y al frente de esta tarea, puso a Pedro y a sus sucesores. Por tanto, aceptar a Jesús “como Salvador personal” exige aceptar también a su Iglesia, tal como El la estableció; es decir, con una jerarquía muy humana, pero al mismo tiempo dotada de poderes divinos. Así lo determinó El y no podemos hacer lo que queramos con su Iglesia. Inventar iglesias a cada rato, es contrario a su voluntad.

Alguien ha dicho: “Yo creo en Cristo, pero no creo en la Iglesia, no creo en los Obispos, no creo en los Sacerdotes, no creo en el Papa”. O sea, que cree en un Cristo sin Iglesia; esto es mutilar a Cristo, aceptar la cabeza, pero negar el cuerpo que somos nosotros, los bautizados.

En algunas partes, ha tomado fuerza una nueva religión; sus seguidores se llaman “nuevos cristianos”, o simplemente “cristianos”. Para ellos, lo único es Cristo, y prescinden de todo lo que sea Iglesia. Juzgan los sacramentos, la liturgia, las normas y la organización eclesiástica, como algo añadido con el tiempo y que, por tanto, no corresponde a la voluntad de Cristo.

Descalifican los templos y, en su lugar, construyen grandes salones para sus reuniones de oración. Prescinden de magisterio eclesiástico, de jerarquías y de todo lo que se parezca a Papa, Obispos y Sacerdotes. Lo que cuenta es Cristo y yo, sentirlo, rezarle, cantarle; todo lo demás no vale.

Lo que yo sienta que El me dice, es lo verdadero. Sin embargo, la voluntad de Cristo incluye a la Iglesia. Así lo entendieron y practicaron los mismos apóstoles y sus continuadores inmediatos.

En la profesión de nuestra fe, después de afirmar que creemos en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, decimos: “Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica”. La apostolicidad significa que nuestra Iglesia arranca de los apóstoles; pero la sucesión apostólica incluye no sólo a los Obispos, que somos sucesores de los apóstoles.

La voluntad de Jesucristo sobre cómo quiere que sea su Iglesia está bien definida en el Evangelio de hoy: Yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. No puede estar más claro. La Iglesia que afirme ser la fundada por Jesús, no puede prescindir de Pedro, y obviamente de su sucesor, pues Pedro no era eterno y tenía que morir; alguien debía ocupar su lugar. Si no fuera así, la Iglesia de Jesús se hubiera acabado con la muerte de Pedro.

Sin embargo, la misión del sucesor de Pedro es confirmar a sus hermanos en la fe en Cristo (cfr Lc 22,32). No se trata de imponerse a los demás y de mandar, por ambición de dominio, sino de ser el “siervo de los siervos de Dios”. Su responsabilidad es estar al servicio de Jesús y de su Iglesia.

Por ello, el Papa no es el dueño de la Iglesia y no puede hacer lo que quiera, ni ceder a las modas del momento, sino conservar la tradición evangélica en su mayor pureza. Una Iglesia sin Pedro no es la verdadera Iglesia de Cristo.

En el Evangelio de este domingo están muy unidas la profesión de fe de Pedro en la divinidad de Jesús, y el compromiso de Jesús de edificar su Iglesia sobre Pedro. Son dos misterios muy unidos: Cristo e Iglesia. Por tanto, no se pueden separar, aunque sí distinguir.

Están muy conectados la fe en Cristo y la aceptación de Pedro como la piedra que hace las veces de Aquél que es la roca y la piedra de salvación. Por tanto, revisemos cuál es nuestra actitud ante la Iglesia y ante el Sucesor de Pedro. ¿Estamos al tanto de su Magisterio?


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / AGOSTO 17 / 2008     16/08/2008 11:44  Fecha
Mensaje LA ORACIÓN MUEVE MONTAÑAS
XX Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. E1 les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús, y postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” El le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor, pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija (Mt 15, 21-28). ¡Palabra del Señor! ¡Gloria ti, Señor Jesús!

En los domingos anteriores, hemos contemplado a un Jesús misericordioso y compasivo, pronto siempre a atender las necesidades de las personas, sean multitudes sin nombre, sean sus discípulos que están en peligro de ahogarse. Ahora se nos hace raro escuchar la forma como trata a una mujer no judía. ¿Qué nos quiere enseñar?

Que la historia de la salvación pasa por diversas etapas y momentos. Que la fe mueve montañas. Que la fe, para que sea verdadera, tiene que ser probada, mediante diversas tribulaciones, para que luego sea también celebrada y comprometida. Que la oración de una madre dolorida siempre es efectiva.

La mujer cananea no se desanima con la primera reacción de Jesús, sino que, con toda humildad, insiste en su petición, porque lo que le importa es que su hija sea curada. Esta insistencia es lo que resalta el Evangelio y es lo que Jesús alaba. En atención a su fe, le hace el milagro. Sin embargo, hay muchas personas que, cuando sienten que parece que Dios no atiende su petición, se alejan de la religión y dejan de hacer oración. No perseveran y hasta pierden la fe.

Jesús “predicaba el Evangelio del Reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo” (Mt 4,23). Sin embargo, en una primera etapa de su ministerio, se reduce al pueblo judío, para cumplir las promesas hechas por Dios a los patriarcas. El es fiel, y aunque el pueblo haya fallado a la alianza, cumple las expectativas mesiánicas: “Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección... Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia” (Segunda lectura: Rom 11,13-32).

Después, en otra etapa, Jesús ordena a sus apóstoles ir por todas partes a predicar el Evangelio, sin reducirse a una sola etnia (cfr Mt 28,19; Mc 16,15), pues la salvación de Dios es para todos (cfr 1 Tim 2,4). Así lo expresa igualmente el Salmo 66 : “Que te alaben, Señor, todos los pueblos, que los pueblos te aclamen todos juntos. Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero”.

El Evangelio de San Mateo quiere resaltar, por una parte, la fe de una mujer extranjera; por otra, la respuesta de Jesús ante la humildad implorante de esa mujer. Las dos cosas son importantes para nosotros. Es necesario tener una fe sólida, a pesar de que parezca que Dios no nos atiende.

Sí nos escucha, aunque tengamos la impresión de que se hace sordo, o de que es un fantasma, o de plano que no existe, y que lo único que cuenta en la vida es lo que cada quien haga. Dios tiene un corazón de padre y de madre, que se duele de nuestros sufrimientos, pero que no quiere hacer nada en nosotros, si no es con nuestro concurso.

Además, El sabe que a veces pedimos cosas que no nos convienen, o que no son posibles. Si no las concede, no es porque no nos escuche, sino precisamente porque nos ama. No nos da lo que pedimos, sino quizá otra cosa que El sabe nos favorece mejor, aunque no lo comprendamos. Es admirable la actitud de la mujer cananea.

Le duele profundamente lo que le está pasando a su hija, y lo que le importa es que sea liberada del demonio. No le hace desistir el primer rechazo de Jesús. Insiste y logra lo que desea. Así debería ser nuestra oración: insistente, diaria, humilde, reverente.

Padres de familia, en particular mamás, acerquen a sus hijos a Jesús. Cuando van creciendo, están expuestos a muchos demonios: las malas compañías, el alcohol, las drogas, la prostitución, la vagancia, la pérdida de la fe. Que sus consejos vayan acompañados de momentos en que, como familia, se acercan a Jesús. Empiecen por llevarlos, desde pequeños, al bautismo y luego a la celebración dominical.


Cuando tengan siete, ocho o nueve años, que se preparen para su Primera Comunión. Al cumplir catorce años, que reciban el sacramento de la Confirmación. Que se integren a grupos juveniles, para que sigan teniendo medios de crecimiento en la fe. Si los mandan a estudiar lejos del hogar, procuren insistirles en que se conecten con su parroquia, para que se fortalezcan y alimenten en su fe, y no los envuelvan los demonios del medio ambiente. Que siempre oren; la oración mueve montañas.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / AGOSTO 10 / 2008     16/08/2008 11:37  Fecha
Mensaje CONTRA VIENTO Y MAREA
XIX Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!”. Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios” (Mt 14, 22-33).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria ti, Señor Jesús!

Jesús siente necesidad de apartarse a lugares solitarios, para reflexionar y orar, pues Herodes acaba de matar a Juan Bautista, su precursor. Necesita estar a solas con su Padre Dios, para tomar las decisiones más sabias y oportunas. Sin embargo, su retiro no es expresión de egoísmo.

Cuando las multitudes hambrientas y enfermas lo buscan, les atiende con toda paciencia y bondad. Cuando sus discípulos bregan con los vientos contrarios en el lago y están a punto de naufragar, se les acerca y los tranquiliza. Con su compañía, llega la calma y todo toma su debido rumbo y los convence de que no es un fantasma.

“Es un fantasma”, decían espantados los discípulos de Jesús, que no lo reconocían, pues era de madrugada y no lo veían con claridad. Así piensan algunos no creyentes, como pregona el autor de una obra de teatro sacrílega: “Dios es un invento más que ha hecho la imaginación humana a lo largo de la historia, que siempre ha gustado de fantasmas”.


Así lo publica un periódico nacional, que se especializa en dar amplios espacios a todo cuanto sea contrario a la religión, y particularmente a nuestra Iglesia. Pero esto mismo piensan quienes no conocen en verdad a Jesús, no se han encontrado personalmente con El, lo consideran algo del pasado, o un mito que se ha propagado a través de los siglos. Los apóstoles terminan reconociendo que Jesús es “el Hijo de Dios”, y se postran reverentes ante El. La vida de muchos incrédulos se transforma, cuando tienen la gracia de descubrir personalmente a Jesús.

“Pedro comenzó a hundirse”. Así están en peligro de sucumbir muchos pobres, porque no hay quien les dé la mano. No salen a flote de su miseria, a pesar de los programas encaminados a reducir la pobreza extrema. Otros están hundidos en el alcohol y las drogas.

No han encontrado una fórmula eficaz para enfrentar sus problemas. Sus traumas los han postrado por los suelos. Algunos se sienten tan sin remedio, que consideran el suicidio como su única alternativa. Así de profunda es su soledad, cuando para ellos Dios es un fantasma.

“Subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí”. Ante los problemas, Jesús no se refugia en el vino. Tampoco organiza a sus apóstoles para tramar una defensa armada. No busca alianzas con poderosos de este mundo.

Se retira a la soledad, para dedicar largo tiempo a la oración. En ella encuentra su fuerza, para seguir adelante con su misión. No huye, ni tira la cruz. En el diálogo confiado con su Padre, se sostiene para afrontar lo que viene, contra viento y marea.

“Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua”. Así es Jesús. A pesar de estar sumido en un grave conflicto, no se desentiende de los suyos. Sabe que están pasando por un peligro, y se les acerca. De momento, ellos no lo reconocen, pues su angustia los envuelve. Pero Dios a nadie deja. Incluso viene a auxiliar a aquellos que no lo invocan.

“Tranquilícense y no teman. Soy yo”. Cuando Dios está con nosotros, experimentamos en nosotros mismos una tranquilidad y una fuerza que no se explican. Este es un signo de su mano misericordiosa. No hacen falta grandes milagros, como rayos, truenos y terremotos; su presencia se nota por la calma que nos trae. Por ello, dice el texto bíblico que, “en cuanto subieron a la barca (Pedro y Jesús), el viento se calmó”. Así pudieron llegar fácilmente a la orilla.

“Pedro gritó: ‘¡Sálvame, Señor!’ Inmediatamente Jesús le tendió la mano”. Dios no es sordo a nuestros gritos de auxilio. Siempre está cerca de nosotros, cuando tenemos problemas, y no nos abandona en el peligro; sin embargo, tampoco nos fuerza. No nos salva, si no queremos.

Por ello, hemos de gritarle confiada e insistentemente como Pedro: ¡Sálvame, Señor! “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” Cuando nos lleguen momentos duros en la vida, no seamos de poca fe. Aunque las olas de los problemas amenacen con hundirnos, acudamos confiadamente al Señor. Aunque parezca que nos hundimos y no tenemos dónde apoyarnos, nuestra seguridad es la mano de Dios, siempre tendida a quien lo invoca, contra viento y marea.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / AGOSTO 3 / 2008     2/08/2008 11:03  Fecha
Mensaje NUESTRA SOLIDARIDAD
XVIII Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

"En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús le replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. El les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños (Mt 14, 13-21).

¡Palabra del Señor!
¡Gloria ti, Señor Jesús!

Después de haber celebrado las siete parábolas sobre el Reino de Dios, que San Mateo reúne en el capítulo 13 de su Evangelio, hoy vemos cómo Jesús hace presente ese Reino, que es amor y justicia, al compadecerse de la muchedumbre hambrienta y curar a sus enfermos.

Enseña a sus apóstoles a ser solidarios con los que sufren, y no deshacerse egoístamente de ellos. Deben poner en común lo poco que tienen, para que los demás no pasen hambre. Esta es la tarea de todos los cristianos de todos los tiempos. En este domingo hacemos la colecta para apoyar la atención a la Salud de nuestros Sacerdotes de la Diócesis.

Llama la atención que, antes de hacer este milagro a favor de los pobres, Jesús quería aislarse, tanto para meditar en lo que le esperaba, pues a Juan ya lo habían matado, como para estar a solas con su Padre, en oración, y encontrar fuerzas para seguir adelante la misión que el mismo Padre le había confiado. La oración no nos aísla de la gente, sino que nos impulsa a comprometernos en la solución de sus necesidades.

Sin embargo, la gente lo busca. Cuando Jesús vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos. No se queda insensible ante el dolor ajeno. En vez de seguir su plan de apartarse un tiempo, se preocupa y les da de comer. Esta es la actitud que debe caracterizar a todos los cristianos: buscar la oración, hacer retiros, en lugares apartados y solitarios, pero no desentenderse de los problemas de los que sufren.

Precisamente en esta semana se celebrará en México, del 3 al 8 de agosto la XVII Conferencia Internacional sobre el VIH y Sida. Antes de este evento que, según las previsiones, convocará a más de 20,000 personas de distintas partes del mundo, se tendrá la Pre-Conferencia Ecuménica que congregará a distintas Iglesias comprometidas en la lucha contra esta pandemia. Cáritas Mexicana, colabora con la Alianza Ecuménica Mundial, con algunos servicios de apoyo logístico para la realización de este evento. Esta pandemia mundial es un reto a nuestra solidaridad.

Los apóstoles quieren que Jesús despida a la gente, pues ya se acerca la noche y no hay modo de que todos puedan comer algo. Esto es lo que muchas veces nos pasa: son tantas las carencias de los pobres, que nos sentimos incapaces de hacer algo por ellos. Algunos se reducen a criticar al gobierno y al sistema político, social y económico que nos rige. Con ello se sienten realizados. Pero no abren su bolsa, para compartir lo que tienen.

Jesús dice a los apóstoles: Denles ustedes de comer. Ellos con toda razón dicen que es muy poco lo que tienen para tanta gente; apenas cinco panes y dos pescados. Pero Jesús, cuando ellos son capaces de compartir lo poco que tienen, lo hace alcanzar para todos, y hasta sobra.

Esto es lo que Dios quiere: No que resolvamos todos los problemas de la humanidad, o de nuestras comunidades; sino que hagamos lo poco que podemos. Dios se encargará de multiplicar nuestros pequeños aportes. Lo que no vale es reducirse a criticar. Si cada quien pone algo de su parte, las cosas salen. Como dice el dicho: Más vale encender un cerillo, que maldecir la oscuridad.

Dios hace milagros cada día, pero con la ayuda del trabajo de los padres de familia, con el aporte de personas solidarias de muchas partes del mundo, con la colaboración de corazones cercanos a los que carecen de lo indispensable para vivir. Así sucede con muchos asilos, orfanatorios, albergues para indigentes. Dios da a manos llenas a los pobres, gracias al corazón solidario de muchas personas, incluso de no creyentes.

Sin embargo, lo que Dios quiere no es sólo estómagos llenos, sino que se dé el siguiente paso, como dice Jesús: “No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). Pues si el reino de Dios dependiera sólo de la comida, los ricos que banquetean cada día serían los más afortunados en el Reino de Dios, y sabemos que esto no es así.


Por tanto, no basta dar de comer a la gente, sino que es necesario que escuchen la Palabra de Dios, se acerquen al Señor y cambien de vida. Por ello, la pastoral social de la Iglesia debe ir muy unida a la profética y a la litúrgica. La lucha por los derechos humanos, por la salud alternativa, por los proyectos de desarrollo comunitario, si no llevan a la oración, a la Palabra de Dios, a los sacramentos, se queda incompleta. La solidaridad evangélica es aquella que además de saciar el hambre del cuerpo, lleva a saciar el hambre de Dios.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / JULIO 27 / 2008     24/07/2008 18:18  Fecha
Mensaje LA PERLA PRECIOSA

XVII Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. E1 Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.

También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas” (Mt 13, 44-52). ¡Palabra del Señor! ¡Gloria ti, Señor Jesús!

En las parábolas del tesoro escondido y de la perla fina, que corresponden a este domingo, nos hace ver que para nosotros lo más valioso ha de ser entrar a ese Reino, aunque tengamos que dejar otras cosas y personas importantes. Sólo así, somos de los pescados buenos, y no seremos arrojados al horno encendido.

Hay muchísimos creyentes que no dejan el domingo sin participar en las celebraciones de la Misa, o del culto divino. Llueva, truene, o relampaguee, se dirigen presurosos al templo con toda la familia. Aunque haga mucho frío o calor, no importa. Saben que no pueden perder el gran tesoro que es escuchar la Palabra de Dios, alimentarse del Cuerpo y Sangre de Cristo, y crecer en su integración eclesial. Si están de vacaciones, con más razón organizan su tiempo para disfrutar con calma las prácticas de su fe.

He conocido a algunos políticos y gobernantes que, en domingo, salvo cuando deben atender emergencias de la comunidad, se abstienen de organizar actividades oficiales, para estar con su familia y dedicarle tiempo a Dios. La política, el poder, el dinero, no son el ídolo al que todo sacrifican, sino que reconocen a Dios como su Señor. Uno de ellos recientemente nos dijo: “Jesucristo es el eje rector de mi vida. No me avergüenzo de ello, pues no quiero que El me desconozca cuando me presente ante El. Sé que desarrollo mi trabajo en un Estado laico, y por tanto respeto las diferentes opciones religiosas, pero Jesús es mi guía”.

Estos católicos convencidos son los que hacen falta en la política y en el gobierno, para que sean levadura que transforma la masa, trigo que contrarresta la cizaña. Han descubierto que Jesús es la perla más preciosa y el tesoro escondido, por el cual se es capaz de perder todo, hasta un puesto. Soportan las críticas y las burlas que les hacen, porque valoran por encima de todo su adhesión a Cristo por la fe.
Los catequistas, los diáconos, los candidatos al diaconado y los diversos servidores en la Iglesia, dedican mucho tiempo, incluso semanas, para estudiar la Biblia, capacitarse más y servir a sus comunidades. No lo hacen por la paga, sino porque han descubierto el tesoro que es la fe en Dios, para ellos y para el pueblo.

Son admirables en el empeño que ponen por adentrarse más en la Palabra de Dios, y porque para ellos Dios es lo primero y lo máximo. No lo dicen mucho, pero con sus obras lo demuestran con creces. Así lo pude valorar durante esta semana, al ver la realización de varios cursos de formación a laicos, como agentes de las diversas acciones pastorales.

Las religiosas y los sacerdotes que trabajan entre nosotros, desgastan su vida en medio de pobrezas y de muchas limitaciones, porque han descubierto a Jesucristo y por El se consagran al servicio de sus hermanos; le dan prioridad al Reino de Dios, y por El dejan todo. Su opción fundamental es colaborar para que el Reino de Dios se vaya haciendo una realidad concreta en nuestro pueblo.

Por lo contrario, muchas personas le dan a Dios un segundo o tercer lugar, si no es que el último, cuando les sobra tiempo, cuando les nace, cuando pasan por situaciones difíciles y acuden a El como recurso desesperado. Organizan su domingo con la mayor tranquilidad para dormir, jugar, pasear, divertirse, visitar amistades o familiares, pero no entra en su esquema participar en el culto divino. Desde sus padres, no recibieron esta bonita tradición, que muchos recibimos desde el hogar.

Jesús nos hace ver que el Reino de Dios es como un tesoro escondido. Hay que descubrirlo, pues muchos ni se enteran de la riqueza que contiene. Para eso son las pláticas presacramentales, los retiros espirituales, los grupos de reflexión bíblica, los movimientos aprobados por la Iglesia, los lugares de oración. Y una vez que alguien descubra este tesoro, debe emplear todos los recursos para adquirirlo. Como unos laicos que conozco, que, a raíz de un retiro espiritual, descubrieron a Jesús y cambió toda su vida. Dejaron los pecados en que antes cometían.

Trabajan mucho en sus negocios, pero ya no explotan a sus empleados, ni le dan prioridad a la ganancia económica. Dedican mucho de lo que obtienen, para evangelizar y promover obras sociales en bien de los pobres. Conozco empresarios que trabajan para sostener hospitales para los marginados, o para impulsar proyectos de desarrollo social. Esto es lo que los hace felices, ahora y en la eternidad. No serán arrojados al horno encendido; es decir, al infierno, donde habrá llanto y desesperación.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / JULIO 20 / 2008     19/07/2008 21:10  Fecha
Mensaje LA BUENA Y LA MALA SEMILLA
XVI Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: ‘Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: ‘De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero’. . .

Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”. Jesús les contestó: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga” (Mt 13, 24-43). ¡Palabra del Señor! ¡Gloria ti, Señor Jesús!

Jesús mismo da a sus discípulos una explicación de la parábola del trigo y la cizaña. Resalto lo siguiente: El trigo, la buena semilla, son los ciudadanos del Reino; es decir, quienes viven conforme a los criterios del Evangelio; los que se esfuerzan por seguir el camino de Jesús, ya que él es la revelación personal del Reino de Dios.

La cizaña, la mala semilla, son los partidarios del maligno; es decir, todos los que inducen a otros al pecado y todos los malvados. En el mismo campo están presentes trigo y cizaña, y en un principio no siempre se distinguen.

Son buena semilla quienes desgastan su tiempo y su vida para que otros vivan mejor; por ejemplo, los padres de familia que se desviven por sus hijos; los maestros que se empeñan por sacar adelante a los alumnos que van mal; los buenos políticos que no tienen tiempo para sí, porque están sinceramente empeñados en servir a la comunidad y resolver por medio de un diálogo pacífico los problemas sociales; los sacerdotes y las religiosas que comparten pobrezas y limitaciones de nuestro pueblo marginado y procuran que lleven una vida más digna; los voluntarios que ocupan parte de su tiempo libre para hacer algo por los demás; los apóstoles seglares que, sin recibir estímulos económicos, son evangelizadores activos y dinámicos.

Son buena semilla las mujeres que han encontrado su vocación en servir a sus padres, a sus hermanos y a la comunidad, sin ser religiosas o casadas. Quienes dan aunque sea un vaso de agua, un té, una tortilla, una palabra amable, a tantos mendigos y ancianos desamparados. Quienes inspiran confianza, porque son rectos y bondadosos, sencillos y humildes.

Quienes siempre están dispuestos a servir y a hacer el bien. Quienes aceptan cargos en la comunidad, a pesar de los sacrificios y gastos que implican, y de las incomprensiones e ingratitudes que reciben. Los enfermos que soportan con paciencia sus dolencias, y las ofrecen como una hostia viva, unida al sacrificio redentor de Jesucristo.

Afortunadamente, hay mucha buena semilla y son más las personas positivas que las negativas; sin embargo ¡cómo abunda la mala semilla! Son mala semilla quienes inducen a otros a robar y a secuestrar, a delinquir y matar; quienes presionan a sus compadres y amigos para que se embriaguen o se droguen; quienes enseñan a mentir y a hacer trampas; quienes, en las escuelas y en los medios informativos, difunden criterios y comportamientos contrarios a la moral; quienes orquestan campañas y presiones para legitimar el “amor libre”, el aborto y la homosexualidad; quienes ven con buenos ojos la infidelidad conyugal y aconsejan el divorcio como la única solución ante los problemas que a veces tienen los esposos; quienes promueven la violencia en la legítima lucha por los derechos propios y ajenos.

Son mala semilla los maestros que se ausentan de sus clases y abandonan a sus alumnos, dándoles mal ejemplo de irresponsabilidad. Los que destruyen la fe religiosa de los niños y adolescentes, atacando sistemáticamente a la Iglesia Católica, con juicios históricos fuera de contexto, o tratando de desprestigiar a la jerarquía, para restarle autoridad moral. La pornografía en los cines, videos, espectáculos o revistas.

Como en la parábola del Evangelio, hay personas de buen corazón que se angustian al ver florecer las malas costumbres y quisieran arrancar y destruir la cizaña. Hay quienes son incapaces de descubrir el trigo que hay en otras personas y en opciones diferentes a la propia, y todo lo condenan como cizaña. Por el contrario, hay quienes ingenuamente sólo ven trigo, sin reconocer la presencia de la cizaña.

Hemos de pedir al Espíritu Santo que nos ayude a distinguir el trigo de la cizaña. Ni todo es trigo, ni todo cizaña. Y no sólo en los otros, sino en uno mismo. Porque nuestra propia cizaña la podemos hacer aparecer como trigo. La paciencia de Dios es infinita y no quiere la violencia como solución. No castiga inmediatamente a quienes se portan mal, sino que les da muchas oportunidades para que reflexionen y se conviertan. Ciertamente hay un infierno después de esta vida, pero el Señor trata de que nadie llegue a ese estado de sufrimiento eterno.


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Admin: Borrar Mensaje  REFLEXIÓN DOMINICAL / JULIO 13 / 2008     11/07/2008 19:28  Fecha
Mensaje EL SEMBRADOR
XV Domingo Ordinario

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

“Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. E1 que tenga oídos, que oiga”.

Pero dichosos, ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron. Escuchen, pues, ustedes, lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terrero pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto. En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta” (Mt 13, 1-23). ¡Palabra del Señor! ¡Gloria ti, Señor Jesús!

Por medio de parábolas, Jesús presenta a la gente los misterios del Reino de Dios. A sus discípulos, les da explicaciones más detalladas, para que entiendan mejor. En este domingo, nos ofrece la parábola del sembrador. Ojalá seamos una tierra buena, que reciba la semilla que Jesús quiere sembrar en nosotros, y demos frutos abundantes de conversión y santidad, de justicia y de paz.

Dice el Evangelio que mucha gente quería oír a Jesús, aunque no todos eran terreno abonado para asumir su Palabra. En nuestros tiempos, somos testigos de grandes muchedumbres que se reúnen para escuchar no sólo al Papa, sino también para participar en nuestras celebraciones, tanto en comunidades campesinas e indígenas, como también en las ciudades.

Sin embargo, hay muchedumbres inmensas que están cerradas a escuchar la Palabra de Dios. Baste comparar el reducido porcentaje que participa en las Misas y cultos dominicales, con quienes van a eventos deportivos o artísticos, aunque les cueste mucho dinero y esfuerzo. Millones de personas están pegadas a la televisión, horas y horas, para ver un partido de futbol, una comedia o novela, o la culminación de un espectáculo banal, y no le dedican ni unos minutos a la Palabra de Dios.

Jesús menciona explícitamente al diablo, como el personaje que arrebata lo sembrado en el corazón. El diablo existe y actúa. Es enemigo de Dios y de su Reino. Sin embargo, hay la tendencia a negar que exista. Se le quiere reducir a un mero símbolo, y que los humanos somos los únicos artífices de nuestra historia. La Biblia, sin embargo, nos dice claramente que nuestra lucha no es sólo contra este mundo, sino también contra otra clase de espíritus. Y a éstos los derrota Jesús, con la fuerza de su Palabra.

Jesús mismo da la explicación de lo que nos desea enseñar. Quiere que seamos una tierra bien dispuesta para recibir su Palabra, y así demos frutos de buenas obras. Anhela que en nosotros se cumpla lo anunciado por Isaías: “Esto dice el Señor: Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión” (55,10-11). Cuando estamos convencidos de la bondad y la sabiduría que tiene la Palabra de Dios, nos dejamos empapar por ella y, tarde o temprano, damos frutos.

Las piedras y las espinas, que impiden el crecimiento y el fruto de la Palabra de Dios, son la inconstancia, las tribulaciones o persecuciones, los problemas de la vida y la seducción de las riquezas. En efecto, ser un buen discípulo de Jesús exige asumir los riesgos de sufrir las burlas, de ser descalificados en ciertos ambientes. Es luchar arduamente por la subsistencia diaria propia y de la familia, y darse tiempo para participar en las celebraciones religiosas, en grupos de estudio bíblico, o en grupos de acción pastoral. Cuando alguien se postra ante el ídolo del dinero no le deja lugar a Dios.

Lo ideal es que todos seamos tierra buena; es decir, de los que “oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”. Esto implica saborear los diversos textos bíblicos; meditarlos y estar dispuestos a ponerlos en práctica. No todos dan los mismos frutos; lo importante es que la planta no quede estéril, ni se seque. Preguntémonos qué tipo de terreno somos. Si somos duros como un camino, donde nada nace porque todo se pisa, ablandemos el corazón. Si hay piedras y espinas, hay que eliminarlas, o vencerlas y hacerlas a un lado. Si somos tierra buena, que no nos contentemos con dar poco fruto.


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Admin: Borrar Mensaje  HOMILIA EXEQUIAL-MONS RAFAEL BELLO RUIZ     10/07/2008 18:57  Fecha
Mensaje HOMILIA EN EL FUNERAL DE MONSEÑOR RAFAEL BELLO RUIZ

Ha llegado el caminante con el cansancio a cuestas, a recibir el denario de la jornada.
Hemos llegado los sembradores con la semilla de trigo para sepultarla en el surco y con la lluvia de nuestras lágrimas. Porque si el grano de trigo no muere, permanece infecundo, pero si muere, resucita en mil espigas.
Hemos venido con nuestras alforjas repletas de esperanzas, porque confiamos en poder recoger muy pronto abundante cosecha: vida cristiana, vocaciones consagradas y una Diócesis renovada, para entregarla al dueño de la mies en este año jubilar.
Hemos llegado al momento histórico y solemne en el que el Pastor ofrece y entrega su vida por las ovejas; porque no hay amor más grande como aquel en el que un pastor se da a sí mismo por las ovejas de su rebaño, al que le dio vida y al que hoy le entrega su vida, al depositar su cuerpo en esta su Catedral.
Excmo. Sr. Arzobispo Don Rafael Bello Ruiz, con cuanta razón el Papa Juan Pablo II te dirigió este mensaje cuando hace algunos años cumpliste tus Bodas de Plata Episcopales: “Te unen estrechos vínculos a la Iglesia de Acapulco, pues a ella has dedicado tus desvelos y tu apostolado. Después de tu ordenación sacerdotal, como primicia de tu Sacerdocio, comenzaste a tener cuidado tanto de Seminaristas como de laicos varones y mujeres; todo lo cual realizaste, con la prudencia y la plenitud de la sana doctrina que recibiste en otras naciones”... “a la grey a ti encomendada, le has dedicado tus facultades y tu solicitud pastoral. De igual modo tu diligente labor se extiende al cuidado de los Seminaristas, los laicos y los universitarios”... “Te queremos expresar vivamente nuestro fraternal afecto. Imploramos a Dios, que te recompense plenamente todas tus labores...”
Yo mismo he podido comprobar que a través del tiempo, “te hiciste todo para todos, para ganarlos a todos, para Cristo y para su Evangelio” y entregaste todo tu tiempo, toda tu vida, todos tus estudios y todos tus sueños, al servicio de este pueblo guerrerense. Tus estudios de Doctorado en Derecho Canónico los hiciste manantial en medio de esta Iglesia de Acapulco. “Hasta que se forme Cristo” (Gal 4,19). En tus 58 años de Sacerdocio, en Chilapa, en la Parroquia de la Sagrada Familia en Acapulco, en el Seminario de esta Diócesis; como Obispo Auxiliar, como sucesor del 1er. Obispo de esta Iglesia Particular y como primer Arzobispo de Acapulco tu vida Sacerdotal quedó marcada por el Santo Cura de Ars, San Juan María Vianey, cuyas vestiduras y vasos sagrados pudiste utilizar en el día de tu Primera Misa. Pero posteriormente, te revestiste con las vestiduras del Buen Pastor, imitando y acompañando al Siervo de Dios, Dn. José Pilar Quezada Valdez, cuyo manto de bondad heredaste.
Dentro de la celebración de sus funerales, en estos días, se le ha hecho un sentido homenaje a Mons. Bello, en el Seminario del Buen Pastor, con la presencia de su cuerpo y allí hemos recordado, lo que alguien exigía en una ciudad para un personaje importante, un monumento de bronce; a lo que le contestaron: “Si buscas para él un monumento, mira a tu alrededor”.
Mons. Rafael Bello Ruiz, aquí a tu alrededor hay algo más importante que una lápida o un monumento que inmortalice tu memoria, “aere perennius” más duradero que los bronces que lamen los siglos: tu obra de fe, tu paternidad fecunda, y tu bello Seminario del Buen Pastor. Has combatido el Buen Combate, has guardado y difundido la fe. Aquí estamos nosotros, los que representamos en esta Arquidiócesis, tu gloria, tu corona y tu monumento.
Ahora dejemos que hable junto con nosotros el Sacerdote compañero de estudios, el Padre Samuel Bernardo Lemus Romero, que aquí en Acapulco pronunciara la Homilía en los XXV Años Episcopales de Mons. Bello Ruíz (25.03.99):
“De tu Cristo costeño hecho de caña y dátil, de entrañas dulces y quebradizas. Como todos esos Cristos viejos de las aldeas pobres de nuestro México profundo de donde sigue brotando florida la palabra que bendice y consuela, que se fija en las llagas que imprime el mal y la injusticia en las espaldas de un pueblo pecador. Tu báculo, por eso, lleva la efigie de Jesús crucificado, camina firme, sin miedo, entre los consuelos de Dios y las penas de este mundo.
Dios te hizo manantial de bondad y por eso eres precisamente luz y bondad, verdad... Si quisiéramos resumir en una palabra tu labor pastoral episcopal, sería la bondad. Precisamente aquí donde parece que la bondad se diluye y aparentemente el esplendor del puerto invita a olvidarse del que sufre. Yo he visto cómo Monseñor Bello trataba con bondad a los sacerdotes y cómo se preocupaba por ellos, y su sencillez y su bondad los hacía sentirse a gusto cuando dialogaban en la verdad y en la amistad, porque una de las grandes cosas que admiramos en un Obispo es su bondad, su honda sensibilidad para hacerse amigo de sus sacerdotes y sembrar en ellos una confianza para que se acerquen con el corazón en la mano y poder ayudarlos en todo cuanto convenga para su misión pastoral. Yo recibí de Mons. Bello, en herencia, un clero unido en torno a su obispo, espero acrecentar esta herencia y no dilapidarla.
Aquí está tu seminario. Llevas sus almas juveniles en tu pectoral que muchas veces has besado y no es un adorno sino una continua invitación a dar la vida por esa multitud de jóvenes que están esperando de la Iglesia iluminación y acompañamiento en el contexto histórico tan difícil que les ha tocado vivir. Tal parece que una ola irresistible de violencia, de placer y de maldad los quiere azotar contra las rocas y dejarlos imposibilitados para levantar el vuelo, como águilas caídas que desean volar y se ven con las alas destrozadas, y sólo con la fuerza de Dios y una sólida formación sacerdotal podrán nuevamente remontar el vuelo.
Hace cincuenta y ocho años, diríamos ahora, que llevabas en el alma la inquietud de decirle al laico adulto que ha llegado la hora de actuar, de hacerse presente con valentía, con firmeza en todas las estructuras humanas para vivir la fe en Cristo y en su Iglesia de una manera más luminosa y más profunda. Esa fe que tiene la hondura del mar y la anchura del cielo para mirar a todos los horizontes de la vida humana. Al Buen Pastor no le faltan esos laicos amigos, aquí están presentes muchos, quienes dan su tiempo, su servicio, su dinero con alegría y están al lado de su Obispo con ejemplar devoción y gran cariño.
Aquí el Señor Arzobispo podría nombrar a muchos Religiosos y Religiosas que compartieron con él sus problemas, sus anhelos, sus pobrezas y sus esperanzas. La Vida Consagrada sabe apreciar la calidad espiritual de sus pastores, quienes de una manera tan natural y espontánea son “naturalmente sobrenaturales”, como lo fue el segundo Obispo y primer Arzobispo de Acapulco Dn. Rafael Bello Ruíz. Fue durante un tiempo el Obispo protector responsable de la Fraternidad de Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal y florecieron las casas de misión y los centro de enseñanza, las parroquias, los centros pastorales y la atención a los enfermos con la presencia de las Religiosas.
Padre, Pastor y amigo, no nos queda sino decirte en coro: “Duc in altum”. En el amanecer del nuevo día de Dios para ti, navega hacia la otra orilla en tu barca de azúcar. Aquí se queda tu voz, tu presencia, tu bondad. Sabemos que amas con toda tu alma a tu esposa, la Iglesia de Acapulco y la llevarás para siempre en tu corazón; tan ancho como el mar y tan profundo como el amor a Cristo y a su Iglesia.
Que tu sonrisa evangélica y bondadosa nos ilumine y aliente para subir contigo a tu barca hacia donde el Pastor de los Pastores nos espera, guiados por la Estrella de los Mares, la Virgen de la Soledad, la Madre que te llenó de bondad el corazón para ser el consuelo de los pobres y de los humildes en esta tierra donde tú naciste, has crecido, has amado hasta dar tu vida por ella, como el Buen Pastor. “Duc in altum”, Después de tantas noches de oración y vigilia, después de tantos dolores y sufrimientos, lanza tus redes en nombre del Señor para la pesca milagrosa. Cristo te espera allá en la orilla sempiterna”. Que seas ahora nuestro intercesor.
Cristo Jesús, puesto que estás con nosotros hasta el fin de la historia, nuestro Arzobispo Rafael no ha muerto, vive contigo, vive en nuestro corazón y en nuestro recuerdo, vivirá siempre en nuestras oraciones y en nuestra vida cristiana. Dale, Señor, el eterno descanso y brille para él la luz eterna. Descanse en paz. AMEN.

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco


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