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Me encanta leer y saber más sobre los temas divinos, soy ignorante de muchas cosas y quiereo fortalecer mi fé. Hace algún tiempo tuve la experiencia de recibir a un invitado en casa, que se hospedaría con mi familia por un período largo. No fue poca la sorpresa que me llevé al enterarme de que este familiar se había alejado bastante de la Iglesia, por diferentes “circunstancias familiares”.
Cuando abordé el tema religioso me comentó que incluso había vivido un tiempo cerca de algunas sectas cristianas, hacía ya varios años, lo que le había llevado a perder todo el respeto y la devoción por la Santísima Virgen y por los santos.
Debo agradecer a Dios que nos dio la gracia (a mi esposa y a mí) de poder acercar a esta persona nuevamente a nuestra fe, a la Iglesia Católica, a sus realidades, y a todo el amor de Jesucristo y la Virgen Santísima, que por tanto tiempo, se había estado perdiendo.
Sin embargo, la necesidad de evangelizar a una persona cercana, también me concedió la gracia y la oportunidad de profundizar mis propios conocimientos y darme cuenta de cuánto me falta por conocer del amor de Dios.
Una mañana, luego de leer un pasaje de la Biblia con esta persona, vino la pregunta que me hizo temblar: “¿Qué es la Santísima Trinidad?” No tuve más opción que reconocer mi ignorancia conceptual y recurrir a la investigación, para poder definir correctamente el verdadero concepto de Dios, Uno y Trino.
En este trajín conceptual y espiritual con una persona cercana a mi núcleo familiar, me di cuenta de lo que realmente pasa a muchas personas, especialmente a los jóvenes, cuando se trata de abrazar una creencia y sostenerla frente a tantos vaivenes que la vida actual presenta.
Lo primero que me llama la atención es la expresión de sorpresa que muchas personas demuestran, al ser evangelizadas, cuando expresan que todos estos conceptos “tan interesantes”, nunca nadie se los había explicado.
Es penoso encontrarse con casos de personas para las cuales la religión es una experiencia “pesada” y “aburrida” porque, cuando niños, se había tratado de imponerles la fe con métodos castrenses, sin darles la posibilidad de cuestionamiento; pero sobre todo, como una lista de “cosas” que se deben hacer y no hacer, “cuestiones” en las que se “debe” creer, oraciones que se deben “repetir”, sin que en la enseñanza asome un “por qué” lo suficientemente motivador. El análisis de los resultados de esta metodología de la catequesis tradicional, impartida en muchos de los colegios religiosos, puede llegar a ser alarmante, si uno mira simplemente que un concepto tan fundamental e importante como es el conocimiento de la Santísima Trinidad, es decir la existencia y esencia de Dios mismo, está entre lagunas y dudas cargadas de misterio.
Seguramente será por ello que el Santo Padre insiste tanto en la necesidad de promover una Nueva Evangelización entre los bautizados, llevándolos a sostener un encuentro personal con Cristo, que haga nacer en cada uno, en particular, el deseo de conocer más y aprender a fondo todo lo relacionado con la fe.
Quizás la falta de ese encuentro, que propicie el deseo de conocimiento de las cosas de Dios, sea el “punto flaco” por donde las sectas, con “cultos” espectaculares y catárticos, con explicaciones simplificadas, logran infiltrarse en el corazón de los católicos, que se han convertido en tibios y han abandonado todo compromiso con el Señor, a causa de una mala o muy pobre orientación.
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País
Colombia
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