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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  26/06/2016 16:28  Fecha
Mensaje 118
Cuando nos despertamos a las siete y cuarto de esa mañana, algunos aun pensábamos que estábamos en la cama de nuestra casa y solo al mirar con los ojos semicerrados a nuestro alrededor y escuchar el sonido lacerante de la sirena, nos dimos cuenta que nuestro status había cambiado nuevamente de posición, un lastre muy pesado se apoderaba de ti, debías en ese momento de sentarte en la cama y dejar que poco a poco tu nueva situación equilibrara tu balanza interna y una vez hecho a la idea, caminar como un autómata al que le dan cuerda y dirigirse hacia los lavabos donde otros autómatas como tu, y sin saber aun donde estaban se perdían como absortos con una mirada extraña sin saber aun lo que hacían allí, solamente cuando la fría agua del grifo regaba su rostro impulsada por sus manos, entonces era cuando volvía a la cruda realidad.
Eran esos momentos cruciales, y aunque vagamente yo los recuerdo con una sensación amalgamada de nostalgia y mal sabor, recuerdo también que inevitablemente una vez lavado y aseado, lentamente me dirigía a los amplios ventanales del lavabo y miraba a la lejanía, con una mirada plagada de morriña y nostalgia y en dirección a las últimas casas de Sevilla, queriendo encontrar en mi caso las laderas de mi pueblo, y aunque sabías que era imposible, tu mirabas por si acaso.
Al bajar y sentir el ruido de las puertas batientes del comedor abrir y cerrarse, con el mismo chillido que producían siempre y te lastimaban tus oídos, eran como una repetición de otros años, las mismas sensaciones de dientes largos, aleado con el mismo olor del café con leche, las mismas mesas de cuatro, las mismas sillas y las mismas marmotas (nombre cariñoso dado a las chicas de servicio), vestidas de azul que nos servían dejando encima de aquellos armarios alargados de aluminio, las cafeteras también de aluminio llenas de la mezcla humeante y que terminaba por despejarnos.
Tengo que decir que esa mañana a mi no me entraba la mantequilla, se me hacía un nudo en la garganta, pero había que superar ese trauma mañanero de adaptación a todo lo que ya sabía de memoria y también lo que pasaría minuto a minuto durante todo el día, era como la “crónica de una muerte anunciada” del famoso escritor García Márquez, salvando las distancias.
Esa mañana no hubo clases, lo dedicamos a ir a Vestuario para proveernos de la ropa que teníamos asignada para el curso y también ir al aula que sería la nuestra durante todo el año, y en la que esa mañana también los curas nos entregarían los libros de texto, a cada aula los de su especialidad y los comunes para todas.
En nuestra aula ya todos juntos, echábamos de menos a los que habían escogido el curso de preparatorio y formaban parte de otras aulas con otros de otras especialidades, éramos un total de unos treinta alumnos, que elegimos el camino mas fácil, yo por lo menos lo había tenido muy claro, por falta de valentía, tal vez, pero yo sabía mis límites.
Íbamos a estar en familia, mejor, existiría un contacto más cercano con los profesores, con nuestro entorno, además ya con tres años juntos éramos como una familia muy unida.
Lo que quedaba de mañana la dedicamos a revisar los libros con ese aroma especial que despedían en esos tiempos los libros nuevos, ahora ya no es igual, o puede ser que como llevo ya tantos años sin oler un libro de texto, ya no lo sé apreciar, también nos dedicamos a contar nuestras batallitas y anécdotas del verano, y daba gusto estar juntos oyendo lo que decía el historiador de turno, en un ambiente de camaradería, compañerismo y hermandad que era una bendición.
Hacíamos también elucubraciones, sobre quién serían nuestros profesores, pero nadie sabía lo mas mínimo, al otro día ya nos iríamos enterando poco a poco según tuviéramos la primera clase, pero todos coincidíamos en que mientras no nos asignaran al Sr. Cota en Tecnología y el Sr. Aradillas en Dibujo, ya sería un gran triunfo, los demás nos daban lo mismo porque de Química dábamos por hecho que nos asignarían a D. Guillermo.
Las cartas estaban sobre la mesas, ahora deberíamos saberlas jugar sobre el tapete verde, yo por lo menos me sentía moderadamente optimista y veía el porvenir cercano tan claro como lo estaba esa mañana de octubre del otoño recién iniciado.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  26/06/2016 16:25  Fecha
Mensaje 117
Había tenido de todo el verano, pero los ratos espléndidos se acaban pronto como todo lo bueno, lo no tan bueno parece que no se va acabar en la vida. Unos días antes de marcharme nuevamente para Sevilla, preparé mi maleta tranquilamente para que no se me olvidara nada, con la ayuda de mi madre que me preparó toda la ropa bien planchada, ignorando luego como llegaría, aunque no era una cosa esa que nunca me había preocupado mucho, siempre he sido en ese aspecto bastante despreocupado por mi aspecto, algún año mas tarde y cuando pude, me dejé el pelo largo y era bastante anárquico en mi vestir, aunque con mi madre siempre detrás de mí diciéndome que fuera bien aviado, pero la edad era la y edad y eso no había quien lo parara.
El día 1 de octubre cumplí los diecisiete años, y llegué a pensar que la juventud luego a luego se me iría escapando de las manos y eso llegó a preocuparme, aunque quedaba un poco para ello, quería disfrutarla al máximo, aunque me marchaba a un lugar en el que tampoco la podría disfrutar mucho que digamos.
Por un lado sentía irme a los pies de España, por otra no, mi pueblo ya se me quedaba pequeño, allí ya lo tenía todo muy visto, hombre había alguna chica que me hacía algo de tilín, quizá mas de una, lógico estaba en mi edad, pero yo ya necesitaba nuevos aires, claro que en la Uni siempre corrían los mismos vientos, los cursos y los años pasaban y a uno le daba la impresión que no habías cambiado y eras siempre el mismo, pero no era así, se te iba modelando a pasos agigantados una nueva personalidad que ya sería tu compañera durante toda tu vida posterior.
Así que con mi maleta y mis diecisiete años de equipaje tuve por enésima vez que dejar a mi familia en aquel pueblo recostado en la ladera y marcharme, del que hoy pasados una infinidad de años lo recuerdo con mucho cariño y alguna vez que otra doy alguna escapada y paseo por donde yo corría en mis años jóvenes y esto mismo me pasa por los sitios en los cuales mi vida ha permanecido algún tiempo anclada. Aunque muchos con los que he charlado sobre el tema de los recuerdos y las añoranzas no estén muy de acuerdo conmigo y me dicen que la vida es el presente y el futuro por venir y el pasado olvidarlo en el cajón del sastre. Por ello algunas veces he recibido alguna crítica, al empezar una frase “en mi tiempo…….”, y me han contestado “tu tiempo es ahora”,o le respeto la opinión, pero no la comparto del todo. Yo lo que si puedo asegurar es que guardo un grato recuerdo de mis otros tiempos, lo siento.
Esta vez sí, me acompañaban mis amigos de Cuenca, todos con las mismas ilusiones y temores, todos con una juventud floreciente y a prueba de bombas y no sé si preparados mentalmente para someterse nuevamente a la disciplina, a las sotanas negrísimas de los curas a las miradas serias de los profesores, al toque hiriente de la sirena y el ver pasar los días monótonos bajo el cielo gris con que algunas veces nos obsequiaba Sevilla.
Ya estábamos junto a los márgenes del río Tajo, y a la vera del palacio Real de Aranjuez, precioso lugar para esperar a los autobuses amarillos que procedentes de Madrid nos recogerían para transportarnos durante horas y horas, primero por las extensas llanuras de la Mancha, mas tarde por los desfiladeros de Despeñaperros y por último por las bastas campiñas pobladas de olivos y algodón de Andalucía.
Ya era de noche cuando hicimos nuestra entrada al recinto de la Uni, lo primero que divisamos fue la torre nuestra, allí estaba enhiesta entre las sombras, solo con una luz en lo alto para mostrar su presencia. Al pasar por abajo al lado de las peceras, y como yo no quitaba ojo de ella, la luz hizo como un amago de apagón, los que en ese momento estuvieran mirando se pensarían que se apagaría, yo no pensaba eso, yo si sabía por lo que era.
A los que íbamos hacer Maestría ya nos indicaba en unas cartulinas allí puestas cerca, que nos tendríamos que dirigir al Colegio Alfonso el Sabio, ya nos lo imaginábamos que sería así, aunque no hubieran puesto ningún papel. El Colegio se encontraba justo enfrente del Miguel de Mañara, donde habíamos pasado los dos cursos anteriores, al otro lado del pasillo central y junto a los tres gimnasios y campos de fútbol principales, siendo los vecinos el Colegio San Fernando y el Fernando de Herrera.
Pasado poco tiempo nos encontrábamos acomodados en nuestras habitaciones y todo dispuesto en nuestro armario giratorio verde, y metidos en la cama. Mañana sería el primer día en la Uni del nuevo curso. Dios nos amparara, nos hacía falta.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  26/06/2016 16:24  Fecha
Mensaje 116
Cuando pasó toda la euforia, la vida siguió su curso normal, yo había ya saludado esos días a mucha gente que conocía, había visto a casi todos mis amigos, y también alguna amiga, que se sorprendieron al verme con gafas, y pensé yo, vaya castaña, ahora que estoy en la edad del pavo, ahora que me gustan todas y yo con estas gafas de caca, en fin tenía que hacerme la idea, sino estaba perdido completamente
Un amigo me dijo un día que si quería trabajar, le pregunté que donde y me dijo que en una fábrica de maderas, le dije que ya le daría resultado a otro día. Yo no lo tenía tan claro lo de trabajar, yo lo que quería era divertirme y no hacer nada pues ya había
hecho bastante y solo deseaba pasar las vacaciones de la mejor forma posible. Pero luego fríamente ya me asaltó la idea de que a lo mejor no era tan descabellada, que tendría tiempo para todo para divertirme y lo demás. Lo consulté con mis padres y no dijeron ni si ni no, sino todo lo contario, así que la decisión la tomé yo, ya que pensé que un dinero no me vendría tan mal, tampoco sería un trabajo muy pesado. El caso cuando me encontré a mi amigo y le expuse mi determinación de trabajar, fuimos a la fábrica en cuestión y sin más a otro día estaba trabajando. La verdad es que tampoco era un trabajo muy pesado y duro. Casi consistía por completo en llevar tablones finos de madera de un sitio a otro y recoger la madera que sobraba de las cortadoras y serradoras, en fin el dinero no te lo daban en balde, se podía aguantar y yo el curso siguiente con poco que ahorrara lo pasaría un poco mas desahogado en Sevilla.
Todo perfecto hasta que cobré la primera quincena, la Ministra de Hacienda de mi casa, me hizo pasar por las oficinas de recaudación y casi todo lo que había ganado quedó bajo la custodia de las arcas del Estado, ¿coooomo?, con esto no contaba yo, me las había prometido muy felices, pero mis pensamientos habían sido masacrados por la autoridad competente, en fin era lo que había por aquellos entonces.
El caso es que ahorré un poco y cuando llegaron las fiestas de San Roque en Agosto, todo lo que tenía yo ahorrado lo dilapidé y ahí se acabaron mis aventuras con el trabajo, además buscaron a otra persona que se quedara mas tiempo, ya que yo tendría que ir dentro de poco, así que me encontré otra vez ocioso, pero contento.
Aun así, nuevamente me enteré de que al día siguiente y ya en el mes de Septiembre vendría unos camiones de un pueblo de Valencia a recoger de los corrales donde se guardaban las ovejas, todo el desperdicio de ellas, almacenado en el suelo para abono en los campos de naranjas y que había una persona que estaba reclutando gente para ese menester, la persona del pueblo que me informó, me dijo que iban a pagar cuatrocientas ptas. por día, eso ero un magnífico jornal, yo no me lo llegaba a creer, cuando en aquellos tiempos se ganaban ciento cincuenta al día como mucho. Así que me dirigí corriendo al bar que era donde estaba esa persona y me apunté. El tiempo previsto sería de cuatro días, y como ya estaba apuntado me dirigí a mi casa loco de contento y ¿que pasó a continuación? pues que el Ministro de Hacienda se puso aun mas. Joer siempre me topaba con ese organismo del Estado.
Trabajé mucho esa es la verdad, pero mereció la pena. Al segundo día y enterado que necesitaban mas operarios para terminar en los cuatro días previstos, convencí al encargado para que contratara a mi hermano que era tres años mas joven que yo, trabajo me costó pero al final accedió, gracias a mi testarudez. Y allí estuvo mi hermano también que casi podía con las espuertas llenas. Resumiendo cuatro días yo y dos mi hermano, total dos mil cuatrocientas pesetas, un capitalazo y la Ministra de Hacienda no la había visto en mi vida tan contenta en mi vida, y mi hermano ya sabíamos lo que nos esperaba cuando llegamos al hogar, la jefa se encontraba extendiendo su mano en la puerta de la casa. Después tuvimos los dos lavándonos con jabón y estropajo muchos días seguidos, el olor se nos había quedado incrustado en la dermis y epidermis.
Me iba quedando menos, veía a lo lejos el final de mis vacaciones, pero ya lo veía, y dentro de poco, no mucho, otra vez la rutina llamaría a mi puerta, mi cuerpo y mi mente que ya se había olvidado de tener los nervios siempre en vilo, tendrían que acostumbrarse nuevamente
Ese era el sino de mi vida y de otros tantos como yo, que seguro no lo habrán olvidado.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  26/06/2016 16:23  Fecha
Mensaje
115

Seis meses habían pasado, sujeto en el internado, amarrado a unas normas y a unos deberes ineludibles, ahora a disfrutar de mi libertad, que me la había ganado a pulso, con el sudor de mi frente y con el desgaste de mis codos, y con el premio que ya si lo acariciaba, aunque aun no era oficial, hasta que el dichoso sobre azul, viniera con los resultados. Los últimos días habían sido jornadas de muchos nervios, era mucho lo que me había jugado, y aunque tenía mucha confianza en mi, una mala pasada me podía haber traer el destino.
Yo esperando la venida de la carta, me entretenía llevándome a mi hermana a la plaza del pueblo y sentándome con ella en mis muslos, al principio me extrañaba mucho y no hacía mas que volverse y mirarme a la cara, preguntándose y ¿quién será este?, y al cabo de tres días al verme siempre en la casa, y salir todas las mañanas con ella de paseo, empezó a tomar confianza conmigo y reírse de las tontunas que yo le hacía, también la cogía de la mano y caminaba con pasitos muy cortos con ella un ratito y ella ya tan feliz.
Mi padre estaba encantado conmigo, y se le notaba en su rostro lleno de satisfacción y sobre todo cuando le enseñé el nuevo diploma conseguido, lo miraba y no lo dejaba de mirar, diciéndole a mi madre que había que hacerles un cuadro a los dos, aunque creo que eso nunca se llevó a cabo. Eso si, mi padre tomó afición a invitarme a alguna caña que otra y muchas tardes y al venir del trabajo, nada mas que me veía por la plaza o por la calle principal, ya me estaba llamando para que nos la tomáramos juntos, no podía negarme, lo veía muy feliz, aparte de que ya me estaba empezando a gustarme una cerveza bien fresquita.
Con una puntualidad digna de elogio, antes de que terminara el mes de Junio, se recibió la carta, mi madre la tenía encima de la mesa y yo fui el primero que la abrí y por cierto temblándome las manos. Lo primero que busqué con mis ojos fue el resultado de la reválida, y mi alegría fue inmensa cuando descubrí al fondo de la cartulina, una anotación con el núm. 76 - Notable, casi dí un salto que llego al techo, inmediatamente mi madre me dio un abrazo y leía las notas del curso, que habían sido magníficas, a excepción de las Matemáticas que había tenido un seis, en todas las demás ochos y sietes.
El objetivo ahora si que si estaba cumplido, ahora si que podía respirar a pleno pulmón y mi corazón aun en esos momentos desbocado, latía con una taquicardia benigna que me anunciaba momentos y ratos de mucha felicidad.
Esperé ansioso a mi padre sentado en una silla, con mi hermana a cuestas, revolviéndose en mis brazos y yo mirando a cada instante por la calle donde debía aparecer, hasta que lo vi venir con su mono de trabajo de color gris y al verme allí en la puerta, se lo imaginó y noté como aligeró el paso.
Le entregue la cartulina y la leyó y se volvió al momento y me dio un abrazo y no me dijo nada mas, lo único es que le esperara en la puerta que nos íbamos al bar, su procesión de pascua iba por dentro.
Esa tarde mi padre si que se desbocó, yendo hacía me dijo “esta tarde la liamos gorda”, entre sed que traía el pobre y la alegría que le proporcionaron mis notas, la cerveza corrió como nuca, yo no sé las que nos tomamos, pero fueran unas cuantas, menos de cuatro seguro que no, mi padre estaba eufórico, por todo, también para que negarlo por los vapores del alcohol, que como no podían salir por ningún sitio se marcharon a algún de su cabeza, tengo que decir que yo me notaba mucho mas eufórico aún, mi cuerpo podía decir que estaba virgen en esas lides y en las otras tengo que decir sin ningún tipo de vergüenza que también.
Cuando volvimos a mi casa íbamos un poco templaditos, y no volvimos cantando por poco, nos faltó una o dos, sino a otro día habríamos estado en boca de todo el pueblo, sin embargo mi madre nos echó la bronca en plan cariñoso, venga a decir “Anda que el que os haya visto que habrá pensado”, contestándole mi padre “y a mi qué”.
Tantas horas de estudio, tantos sufrimientos y malos ratos y los nervios pasados en esos días de exámenes, puedo testificar que sí, que había merecido la pena.



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Admin: Borrar Mensaje  F. Ramiro    framiro@etsii.upm.es  22/06/2016 19:02  Fecha
Mensaje EL ROTO jamás deja de sorprender y maravillar. En la viñeta del martes 21, se ve a un señor trajeado con un traje a rayas verticales, ``repanchingado´´ en un sillón y con los brazos en alto exclamando::

¡SOLIDARIDAD CON LOS CORRUPTOS !

¡ SU FREN UNA PERSECUCIÓN !

Saludos a la fraterna CLASE LABORAL.

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Admin: Borrar Mensaje  F. Ramiro    framiro@etsii.upm.es  20/06/2016 13:38  Fecha
Mensaje Tiene datos y consideraciones que me parecen de interés por lo que lo cuelgo.



OPINIÓN
El legado de una crisis interminable

Joaquín Estefanía ( EL PAÍS- 30 MAY 2016

Casi un tercio de la población residente en España (el 28,6% del total) está en riesgo de pobreza o exclusión social. La tasa de pobreza relativa que mide cuántas personas tienen ingresos bajos en relación con el conjunto de la población (es un indicador relativo que analiza la desigualdad, no la pobreza absoluta) es del 22,1%. Y los ciudadanos en situación de carencia material severa (pobres de solemnidad) llegan casi a los tres millones (el 6,4%). Este es parte del legado de una crisis económica insoportable por interminable, según se desprende de la comparación de las sucesivas Encuestas de Condiciones de Vida (ECV) desde 2007, año de comienzo de las dificultades, hasta 2015, y que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE). Las ECV tratan una cartografía de la evolución de la sociedad.

La economía española crece por encima de la media, baja el paro (otra cosa es la escasísima calidad del empleo que se genera) y se acumulan las manifestaciones de que se está remontando el vuelo en términos macroeconómicos (precio de las viviendas, consumo minorista,...). ¿Por qué no se traslada este cierto optimismo de la coyuntura a la vida cotidiana del conjunto de la población? Porque hay otra serie de datos tozudos que lo impiden y muestran que mucha gente prosigue la pendiente descendente y sin visos de cambiar la tendencia.


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Un tercio de la ciudadanía se encuentra en una de estas tres situaciones: o bien en riesgo de pobreza (ingresos por debajo del 60% de la mediana), o con carencias materiales (no puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada; no puede tener una lavadora o teléfono o automóvil; no come carne, pollo o pescado al menos cada dos días, etcétera) o con baja intensidad en el empleo (trabajan menos del 20% de su potencial de empleo). Los ingresos medios anuales de los hogares fueron de 26.092 euros en 2014, apenas 82 euros más que siete años antes, en 2007: tanto camino recorrido para tan poco aprovechamiento. El porcentaje de población por debajo del umbral de riesgo de la pobreza (la llamada tasa de riesgo de pobreza) ha crecido en este periodo del 19,6% al 22,1% del conjunto; el número de familias que no se puede permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año aumentó más de siete puntos (del 33,5% al 40,6%); las que no pueden afrontar gastos imprevistos (se rompe un electrodoméstico, han de acudir al dentista, material escolar para los hijos...) han pasado del 28,1% al 39,4% como consecuencia de la devaluación salarial; y han aumentado cuatro puntos los hogares que se retrasan en el pago de los gastos de su vivienda principal (comunidad, gas, electricidad, portería...).

Todos ellos son síntomas primarios del deterioro de la vida cotidiana que ha ayudado a multiplicar esa intensa oleada de pesimismo que atraviesa de forma transversal nuestro país y los diversos segmentos del electorado. El politólogo francés Pierre Rosenvallon publicó hace tiempo un libro cuyo título lo dice casi todo: La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza (Ediciones Manantial). En él se analiza el recelo y la “organización de la desconfianza”, la transformación de lo que primero es un estado de ánimo o una actitud individual, aunque compartida, en un estado de apoyo a nuevos partidos, a formaciones al margen de la política tradicional, en algunos casos calificados por sus críticos incluso de “populismos rencorosos”. El historiador y sociólogo italiano Marco Revelli se ceba con ironía en quienes no se privan de caer en comportamientos populistas dentro de la política tradicional a base de prácticas indefendibles desde la racionalidad, y acusan a la ligera a otros de lo que ellos mismos han practicado (La lucha de clases existe... ¡y la han ganado los ricos!, Alianza Editorial).

Saludos a la fraterna CLASE LABORAL.


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Admin: Borrar Mensaje  F. Ramiro    framiro@etsii.upm.es  18/06/2016 13:17  Fecha
Mensaje
Datos y consideraciones a tener en cuenta.


ANÁLISIS
Crece la pobreza pese a la recuperación económica

España solo queda por detrás de Grecia en el empeoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos con menos renta

Raymond Torres El PAÍS(Economía) 5 JUN 2016


Según estimaciones de Eurostat, más de 13 millones y medio de personas están en riesgo de pobreza y exclusión social en España, tres millones más que antes del inicio de la crisis. Estos datos se refieren a personas que disponen de una renta inferior a 668 euros al mes, es decir, por debajo del 60% de la renta media. Se trata pues de pobreza relativa, que refleja la distribución de la renta nacional. El riesgo de pobreza también ha crecido en la mayoría de los países europeos. Pero, si exceptuamos a Grecia, el empeoramiento no ha sido tan significativo como en España. Hoy la tasa de pobreza se sitúa seis puntos por encima de la media europea.

El desglose de los datos globales es esclarecedor de la brecha generacional que se ha generado. El riesgo de pobreza afecta uno de cada tres menores y cuatro de cada 10 jóvenes, y las tendencias siguen siendo preocupantes para ambos colectivos. Sin embargo, la tasa de pobreza ha permanecido estable y por debajo de la media nacional entre los adultos y para los mayores de 65 años.

Las consecuencias sociales de esta situación son evidentes. La pobreza tiende a perpetuarse. Casi el 40% de las familias monoparentales —a menudo madres solteras o separadas— están amenazadas por la pobreza. Además, el acceso a servicios públicos como la educación y la sanidad, sustentos de la movilidad social, se ha deteriorado como resultado de las restricciones presupuestarias. Gracias a la solidaridad familiar, la pobreza es menos traumática que en otros países. Pero ello no impide la erosión de la cohesión social. Varios analistas apuntan a una fragmentación de los sistemas políticos y mayores dificultades para emprender reformas como consecuencia de la agravación de las desigualdades y la falta de oportunidades que perciben los jóvenes.


Baja el paro registrado

Por primera vez desde agosto de 2010, el paro registrado se sitúa por debajo de los cuatro millones de personas. El paro registrado disminuye con especial intensidad entre los jóvenes. Ahora bien, la tasa de cobertura de las prestaciones por desempleo ha disminuido.

Menos de un 53% de los parados reciben una prestación. Los jóvenes sin empleo apenas reciben apoyo para encontrar empleo —pese a la existencia de un fondo subvencionado por el presupuesto de la UE— mientras que las familias con rentas bajas reciben una ayuda escasa que contrasta con la situación en otros países. La reducción del paro registrado se debe en buena medida a la creación de puestos de trabajo. Pese a la reforma laboral, apenas algo más de un 8% de los contratos son indefinidos.

Crece la pobreza pese a la recuperación económica

Por otra parte, el aumento de la pobreza y de las desigualdades también conlleva un coste. Conviene recordad que uno de cada 10 titulados universitarios está en riesgo de pobreza. La tasa es aún más alta entre los jóvenes titulados, lo que da idea del despilfarro de recursos. La pobreza laboral es a la vez causa y consecuencia de la baja productividad, que es uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta la economía española.

La reducción de las desigualdades y del riesgo de pobreza tendría que ser una prioridad. Claro está que la recuperación económica y del empleo facilitan la reducción de las desigualdades y de la pobreza. Pero ese vínculo no es ni suficiente ni automático. Primero, porque los ciclos suelen tener impactos asimétricos sobre los grupos más vulnerables. Mientras las recesiones se repercuten con mayor dureza sobre las rentas bajas, la recuperación tarda en generar ingresos para los más desfavorecidos.

Además, las políticas sociales y de empleo pueden mejorar el vínculo entre crecimiento y pobreza. La recuperación con empleos precarios no permite reducir la pobreza. Por eso es importante reconsiderar las reformas laborales tal y como se han llevado a cabo estos últimos años. Algunas reformas generan una excesiva rotación en el mercado laboral y conllevan un riesgo elevado de precariedad y de pobreza, incluso para aquellos que tienen un empleo. Por ejemplo, en España el riesgo de pobreza entre los trabajadores autónomos es el doble del que afecta a los asalariados, y la brecha sigue creciendo. También se producen discrepancias entre asalariados con contratos temporales y fijos. A la luz de estos resultados y de lo que se sabe de lo que ha funcionado a nivel internacional, se deben evaluar las reformas llevadas a cabo estos últimos años por diferentes gobiernos.

El salario mínimo juega un papel esencial en la lucha contra las desigualdades y la pobreza, siempre y cuando no acabe destruyendo empleo. En España, el salario mínimo (en porcentaje sobre el salario medio) está muy por debajo de la media europea o de países como el Reino Unido que goza de una tasa de paro reducida.

En definitiva, la reducción de la pobreza es compleja y requiere de soluciones globales que no perjudiquen la recuperación económica. Pero las soluciones existen y dependen de la voluntad política.

Raymond Torres es visiting fellow de la Fundación Cajas de Ahorro (Funcas).

saludos a la fraterna CLASE LABORAL


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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  18/06/2016 11:29  Fecha
Mensaje Gracias Chavez por tus apreciaciones que son totalmente correctas. Voy a proceder a corregirlas para que cuando suba estos capítulos al libro general, que será dentro de unos días.-

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Admin: Borrar Mensaje  Modesto Cañas    mcanas@sescam.org  17/06/2016 18:17  Fecha
Mensaje Aún no me he ido de vacaciones.

Vicente habla de la elección entre Maestría Industrial y Preparatorio una vez acabada la Oficialía.

En mi promoción fue diferente.

En los seis años que estuve en la UL de Sevilla viví dos cambios de modelo de estudio. El primero fue en el curso 67-68, desapareció la Orientación Profesional, como consecuencia los más pequeños eran los que iniciaban el primer curso de Oficialía Industrial, aquello a nivel personal me supuso pasar tres años en el Colegio de San Fernando, pues tuve que repetir Orientación por cuestiones de edad, así que cuando Vicente acabó el curso en el Miguel de Mañara, yo conseguí salir del San Fernando.

El segundo cambio en el modelo de estudios fue en el curso 70-71. En mi promoción ya no se podía elegir entre Maestría y Preparatorio, desapareció la Maestría Industrial, y para pasar a Preparatorio nos exigían una media en Oficialia de 7.

Como consecuencia más de la mitad de la promoción se quedó en la calle sin posibilidad de seguir estudiando, y de 7 aulas que eramos en el tercer curso de Oficialía quedamos tres en Preparatorio. Una debacle para muchos compañeros.

Yo fui muy amigo de los hermanos Arias Corti, durante cuatro años de Roberto y ocho de Marcelino. Marcelino y yo pudimos seguir a Preparatorio, pero Roberto con una media en Oficialia de 6,9 no pudo continuar los estudias, a pesar de que sus padres se desplazaron a Sevilla a intentar que pudiera seguir, no lo consiguieron.

En el curso 1970-1971 nos juntamos en el Sabio los últimos alumnos de segundo de Maestría (Marquez, Rosillo, Rumbo, Miguel Cañas, Echezárraga, etc.) y nuestro curso de Preparatorio con tres aulas y más de la mitad de la promoción con la beca perdida y una excelente nota académica.

Un recuerdo para todos ellos.


Host: 188.76.15.226


Admin: Borrar Mensaje  Chaves     17/06/2016 15:41  Fecha
Mensaje Querido amigo Vicente: dos observaciones si me lo permites, lo que llamas el Circulo de Labradores al lado del Consulado de Portugal era la caseta de dicho Circulo y en segundo lugar aclarar que la caseta de los Económicamente débiles era del grupo de Empresa de los empleados de la Universidad Laboral (hasta hace poco todavía existía). un abrazo a todos.

Host: 85.136.114.101


Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  17/06/2016 14:25  Fecha
Mensaje 114
Esa misma tarde había muy pocos autobuses de “Los Amarillos”, esperándonos a los últimos supervivientes de la “Uni”, allí estábamos solo los que habíamos realizado la Reválida, tanto de Maestría como de Oficialía, los que había eran casi todos los que marchaban para Madrid, entre ellos yo mismo que bajaría en Aranjuez. Los compañeros míos de Cuenca ya se habían marchado de la Uní una semana antes.
Los autobuses iniciaron la marcha con un ruido que a mi me pareció música celestial, como la mejor sinfonía de Mozart, pocas veces en mi vida he estado tan contento, aunque gracias a Dios hasta la fecha, he tenido muchos momentos como esos que vivía y alguno no tan bueno, todo hay que decirlo.
La Uni se quedaba a mis espaldas, cuantas historias se habían quedado grabadas en sus ladrillos, cuantas páginas escritas en sus libros del tiempo, todo gravitando, todo en un estado de laxitud, y nosotros los que habíamos sido sus habitantes todo un curso, dejándola sola y desamparada, ya no sería lo mismo hasta octubre que volvería nuevamente a tener la alegría que proporcionaba tanta juventud con cientos de corazones rebotando dentro de su cuerpo.
Cuando el autobús dio la curva enfilando la calle recta y larguísima de la salida, fijé mi mirada en la torre, en la que muchos otros harían lo mismo, de eso estaba completamente seguro y le dije que hasta pronto, que volvería en breve otra vez a su vera, y ella se cimbreo y yo me percaté del detalle que tuvo conmigo y se lo agradecí.
Llegados por la mañana temprano a Aranjuez el autobús paró en el restaurante La rana verde, y yo unido a mi maleta y otros equipajes me dirigí andando hacia la estación de Renfe, y allí esperé como siempre la llegada del tren correo que iba en dirección Valencia. Tuve que esperar un rato, me compré dos famosas tartas de azúcar que comenta “Jose Luis Perales en su canción Recuerdo un tren”, para comérmelas en ese momento y un bocadillo para más tarde, porque hasta las tres no llegaría a mi pueblo.
El viaje y aunque iba algo cansado, me resultó entretenido, dentro de las ganas que tenía por llegar y participar de las buenas nuevas que les llevaba y marchaba supercontento, pensando en los largos meses que había pasado dentro de aquellos edificios y campos y que aun oteando la vista y a pesar de las gafas que portaba, no podía observar a mi pueblo, dentro de un rato estaría nuevamente con los míos, disfrutando de su presencia y sobre todo de mi hermana que estaba deseando tenerla nuevamente en brazos.
Había llegado a mi pueblo, y se repetía la misma escena del año anterior, allí estaba mi familia esperando con ilusión mi llegada, abracé a todos y divisé mi pueblo tumbado en la ladera, igual que lo había dejado, eso si con un calor tan grande como el que yo notaba junto a mis seres mas queridos.
A mi hermana la cogí en brazos y la llené de besos, como había cambiado, claro habían pasado seis largos meses, ya tenía dieciséis meses, ya era una moza, pero me extrañaba y hacía por irse de mis brazos, alargando los suyos hacia los de mi madre, pero al final aceptó a seguir junto a mí, yo le llevaba un regalo que compré en Sevilla, ya he olvidado que era, y con eso ya mas tarde seguro que me la gané.
Mi madre ya no se le notaba nada de cuando se cayó, y yo tan contento que me puse, porque en primer lugar era mi madre y segundo porque yo había sido también el causante indirecto de su caída.
Todos me miraban a la cara y se reían de mi nueva imagen con las gafas, aunque no me hacía mucha gracia, pero no podía hacer nada al respecto.
Mi padre no tardó en preguntarme el hombre como me había ido todo, yo le dije que muy bien que el curso lo había aprobado ya que pude examinarme de la reválida y de ésta última aún no sabía nada, pero que creía que muy bien, que ya nos mandarían el resultado por correo dentro de unos días.
Ya estaba en mi casa, ya estaba en mi pueblo, y tenía derecho a disfrutarlo todo, hasta que llegara nuevamente la fatídica vuelta, pero no era el momento de pensar en ello.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  17/06/2016 14:24  Fecha
Mensaje 113

Cuando enfilé el pasillo del aula que me habían asignado para realizar el primer examen, iba como un cordero al cual llevaban al matadero, bastante acojonado, yo ya no recuerdo el orden de las pruebas, solo que conforme iban pasando los exámenes iba ganando en tranquilidad mi persona, cada prueba que pasaba era un especie de victoria para mi, yo las imaginé mas difíciles y complicadas, y no fue así, mas bien no eran de una dificultad exagerada, aunque en alguna ocasiones y enunciados noté cierta dificultad, pero la jornada de exámenes terminó aceptablemente bien bajo mi punto de vista, aunque yo siempre muy negativo en mi forma de juzgarme y siempre le veía tres pies al gato.
Al próximo día quedaban mas, pero según la tónica de cómo habían resultado los primeros yo tenía confianza de que siguieran de la misma forma y así fue, el segundo día, mas o menos fue de una dificultad media, vamos que a la terminación de ellos quedé relativamente tranquilo, solo de las pruebas matemáticas, tuve algún fallo en alguna resolución de algún problema, pero pensando que no tenía trascendencia en el resultado final.
A la terminación de las pruebas escritas y conforme fue pasando el día mi optimismo fue creciendo en proporción geométrica, según iba intercambiando opiniones con los demás compañeros míos, eso quería decir que casi podía asegurar que la reválida estaba ya en el saco, a falta de la prueba de la práctica de Laboratorio que sin saber exactamente como iban a ser, nuestro profesor el Sr. D. Santiago Angulo (coincidencia con mi apellido), casi nos aseguró en que iban a consistir, según la experiencia que tenía de exámenes de otros años.
Al día siguiente la prueba en el Laboratorio fue con unas pruebas mas o menos como los había anunciado el profesor y venían en un sobre lacrado procedente de la Escuela de Maestría Industrial, y que ahora me acuerdo exactamente en lo que consistían pero debió ser, alguna valoración de un líquido y alguna prueba gravimétrica utilizando el reactivo valorado anteriormente. Creo que mas o menos la realizamos todos perfectamente, ya que tampoco presentó demasiada dificultad y habíamos hecho anteriormente muchas como ella.
Cuando salí a la calle, me liberé de los nervios pasados en los días atrás, si hubiera podido chillar a todo pulmón lo habría hecho, pero una sensación de tranquilidad, sin saber aun el resultado, se apoderó de mi, en ese momento había llegado de verdad el final del curso.
Como los laboratorios estaban cerca de la Plaza Central, miré a la torre que sé que me estaba mirando también y observé o creí observar que varios pajarillos de color blanco daban vueltas y mas vueltas a su alrededor, yo esbocé una sonrisa cómplice y bajé henchido de alegría y felicidad hacia el Colegio, al cual ya regresaban también los demás alumnos después de hacer las pruebas correspondientes a su especialidad en los talleres generales.
Por lo general el ambiente y el júbilo que se podía observar en esos momentos era el máximo, la gente explotaba de alegría y optimismo, una vez pasados los días anteriores de nerviosismo y espera.
Sería mas o menos el día 21 o 22 del mes de Junio, cuando nos despedimos todos los que habíamos integrado el Colegio de Miguel de Mañara, llevábamos ya tres años juntos y ya nos conocíamos todos, aunque te juntabas lógicamente mas con los de tu aula, llagada la despedida lo hacías con todos, habías compartido muchos momentos con ellos, eran ya todos como de la familia.
Nos deseamos todos, mucha suerte, y quedamos emplazados otra vez en la Uni para proseguir los nuevos estudios de Maestría Industrial y otros en Preparatorio, y todos marchamos la mar de contentos porque el verano era nuestro, y solo nuestro y nada ni nadie nos lo podría quitar, nos lo habíamos ganado a pulso, y era mucho tiempo algunos sin ir a casa, entre ellos yo, y deseaba disfrutarlo a tope.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  17/06/2016 14:23  Fecha
Mensaje 112

Aunque ya nos lo habían avisado en fechas anteriores, sobre el de ir pensándonos para tenerlo bien claro, la modalidad de estudio que preferíamos para el curso siguiente, que era seguir por Maestría Industrial o hacer Preparatorio, antesala de una Ingeniería Técnica, con tres asignaturas solamente, a saber; Matemáticas, Física y Química, yo lo tuve desde el primer día muy claro, quería hacer Maestría, porque no me veía capacitado para embarcarme en un curso donde las Matématicas y la Física no eran mi fuerte precisamente y seguro que pasaría muchos problemas, así que cuando llegó la hora de comprometernos y firmar la solicitud, no tuve problema alguno al elegir.
Los exámenes finales se nos acercaban peligrosamente y sin avisar y uno ya sin saber a que atenerse o mejor dicho a prestarles mayor atención, si a los trimestrales-finales o a la Reválida, claro si no aprobabas todas en lo primero no podías pasar a lo segundo. Yo estaba relativamente tranquilo, el curso me había ido muy bien, mejor de lo que yo aun me esperaba, así que solo había que esperar, aunque sin descuidarse.
Las pruebas de Reválida me tenían algo mas preocupado, era mucha materia lo que abarcaban, eran tres años y lo que me tenía mas preocupado era los dos años anteriores, sobre todo las Matemáticas de 2º, así que aun preparando los exámenes finales del curso, sacaba tiempo para revisar temas de Reválida.
Acabaron los exámenes trimestrales y me puse y nos pusimos todos al repaso de los otros dos cursos, aunque algunos muy pocos de todo el colegio tuvieron que dejar la reválida para septiembre, ya que no pudieron examinarse por haber tenido alguna asignatura suspensa y marcharían a casa cuando así estuviera estipulado para los demás integrantes de la Uni.
Una mañana en el tablón de anuncios del colegio pusieron una nota de la Secretaria de Estudios con la lista de alumnos, que había merecido la distinción de un diploma por su aplicación y sus calificaciones en el curso, entre ellos me hallaba nuevamente yo, me habían concedido un Diploma de Distinguido y me puse la mar de contento, ahora no podía fallar en las siguientes pruebas que eran las mas importantes que hacíamos desde que llegamos a la Uni.
El siguiente sábado fue la ceremonia de entrega de diplomas en la plaza central, con todo el ceremonial de otros años y yo por mi parte mucho mas tranquilo y muy orgulloso por lo conseguido, pero por dentro de mi con una comezón en mi estómago por las pruebas ya muy cercanas que nos estaban esperando y de las que yo no las tenía todas consigo, - “y si fallaba entonces”-.
Un día como otros gran parte de la Universidad tomó sus maletas y se marchó diciendo adiós a la Universidad y a los que allí nos quedábamos unos días mas a pasar aquella prueba amarga que aún nos quedaba.
Los profesores nos habían dado ánimos, haciéndonos creer que no era tan fiero el león como lo pintaban, claro su experiencia tenían ya de otros años, (llegado a este momento tengo una duda en mis recuerdos, es si seguimos recibiendo clases sobre todo de las asignaturas mas difíciles), yo creo que no pero en fin, fuera como fuera, yo lo que anhelaba, era que pasara esos momentos de desazón que a mi por lo menos me martirizaban, como dijo Jesucristo según la Historia, “Señor mío aparta de mi este cáliz”, solo quedaban ya horas para que lo apartara y efectivamente lo apartó.
Estaban programados tres días para realizar los exámenes, de ellos uno para realizar la prueba de nuestra especialidad y seríamos libres y sin carga alguna, y si encima acabábamos triunfantes, aquello debería ser “la hostia en verso”, aunque no me gustaba decir palabrotas, en esos momentos lo necesitaba, y además eso conllevaba el premio de ser ya “oficial industrial”, con los derechos que ello conllevaba.
La noche anterior al inicio de las pruebas no dormí bien y solo el cansancio mental y los nervios me vencieron y caí dormido, pensando que primeramente serían las pruebas escritas y el último día las practicas de la especialidad.




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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  17/06/2016 14:22  Fecha
Mensaje 111

Era cierto, nuestro futuro estaba muy próximo, el mes de Mayo había que echarle el resto, pero que putada era eso del invento de la Reválida, yo pensaba que lo habían hecho era para fastidiar al estudiante, que bastante tenía con estar interno tantos meses en esa jungla de cristales y ladrillos a la que llamábamos “Uni”. Siempre con la soga al cuello y alguien estirando de la misma, no, nos dejaban estar tranquilos, siempre había algo por lo que sufrir.
Como ya apretaban los calores tórridos de Sevilla, las clases de gimnasia las hacíamos en las peceras, aun no teníamos derecho a disfrutar de la piscina olímpica, hasta el año que viene no tendríamos derecho a ella, en fin ya quedaba poco y luego por la tarde también teníamos cuando nos tocaba al colegio el baño, un rato chapoteando y refrescándonos, al lado de la torre que nos contemplaba y se deleitaba con nuestros chapuzones y con cierta envidia porque un sol de justicia la estaba martirizando todo el día por todos los lados de su estructura.
Los sábados empezaron a celebrarse los festivales en la plaza de los autobuses y allí nos juntábamos toda la masa estudiantil del colegio, una barbaridad de juventud, oyendo los conjuntos de música moderna (Los Polaris), de solistas, (tal como Juan Antonio Herguedas con su prodigiosa voz de grupo de teatro de los distintos colegios, que representaban diversas obras de teatro, de alumnos que se atrevían a deleitarnos con sus números cómicos, (como un tal Cózar) que era un fenómeno, y muchos mas de todos los colegios que sacaban tiempo al tiempo para proporcionarnos una velada maravillosa. Pasábamos los sábados unas tardes deliciosas con el incomparable marco de la plaza a la que daba majestuosidad la torre que nos observaba desde el frente y la luna que salpicaba de luz el recinto. Como me gusta recordar esos ratos pasados, los tengo muy vivos en mi retina, comos si los hubiera vivido ayer, gracias Dios mío por no haberlos olvidado.
Cuando empezó la feria sevillana, los domingos la inmensa mayoría de la Uni, nos marchábamos para la ciudad para la feria, en aquellos autobuses rojos de morro chato, que tenían que estar haciendo viajes continuamente de ida y vuelta para poder transportar a tanto personal, comprimidos en los mismos con un gran bullicio y un sinfín de cantos de cantos estudiantiles, algunos subidos de tono por su picardía, y si se desplazaba algún cura en los mismos, no le quedaba mas que achantarse y callarse y hacerse el sordo, a ver que iba hacer el hombre, segurísimo que para sus adentros también se lo pasaba muy bien, ya la que para la masa estudiantil esos momentos eran el escape a tantas horas de permanecer, en llamémosle “represión juvenil” aunque la palabra sea un poco exagerada.
La feria estaba colocada en esas fechas, (en la actualidad la instalan en el Barrio de los Remedios d Triana), en el Prado de San Sebastián, junto a la Glorieta del Cid, junto al Círculo de Labradores, Consulado de Portugal y también a a la Plaza de España, orilla donde paraban los autobuses que nos transportaban desde la Uni, es decir que mejor no podía ser para nosotros.
Las calles de la feria eran un hervidero de gente paseando de un lado a otro, muchísimo bullicio, mucha gente vestida con sus trajes populares y caballos enjaezados con sus jinetes llevando a la grupa las guapísimas andaluzas, era un espectáculo fascinante, con una animación fuera de lo común, no se podía contar con palabras, era pare verlo y sentirlo, era para estar allí por lo menos una vez en la vida.
Nosotros nos dedicábamos a dar vueltas y mas vueltas, ya que la mayoría de las casetas eran particulares y no podían entrar más que sus socios, bueno pues así pasábamos la tarde, haciendo poco gasto la verdad sea dicha ya que nuestra economía no estaba muy boyante y hacíamos lo que podíamos, sobre todo contemplar cayéndosenos la “baba”, y suspirar por tantas chicas con su traje andaluz y que nos parecían todas guapísimas, mirándolas como traspasándolas con nuestros ojos ávidos y juveniles que intentaban salirse de las órbitas.
Existía una caseta que se llamaba “Los económicamente débiles”, que tenía el paso libre y allí nos juntábamos gran cantidad de laborales, a tomarnos algo, era un a caseta que creo llevaban estudiantes de las facultades de Sevilla.
Así pasábamos la tarde y cuando mas ambiente se respiraba en la feria, la hora del regreso nos anunciaba, que nos teníamos que marchar a nuestro retiro sevillano, a seguir con la rutina y el estudio, en aquella mole de edificios inmensos y campos de deportes, que desde el autobús y ya anocheciendo daba la impresión de un pueblo iluminado, siempre me acordaré de esa visión cuando nos acercábamos en autobús a ella.


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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  17/06/2016 14:20  Fecha
Mensaje 110
Un día mi familia y en una de las cartas que me remitían me daban la buena nueva de que mi hermana ya había dado sus primeros pasos en este mundo, joer lo que hubiera dado yo por estar en esos momentos allí y lo malo de todo es que cuando la viera para allá a últimos de Junio seguramente y casi sin asegurar tampoco me iba a conocer.
Una tarde y con el correspondiente permiso de la dirección del colegio, nos desplazamos a Sevilla, otro compañero químico, que ahora no recuerdo quien es y que le gustaba jugar al fútbol y yo, a comprar un balón de reglamento, previa colecta realizada en el aula entre los futboleros, porque por motivos de que casi no había balones o estaban en mal estado, y siempre cuando organizábamos algún partido, siempre teníamos problemas de balón. Así que compramos uno y nos volvimos tan contentos a la Uni y al mismo pues nos dimos un paseíto por la ciudad que falta nos hacía. Hasta creo que alguna aula nos copió a idea que habíamos tenido.
Entre partido y partido nos comimos el mes de Marzo, y a esas alturas de curso a mi y seguramente a todos ya nos pesaba el tiempo transcurrido desde primeros de Enero que llegamos, mucha gente ya pensaba en las próximas vacaciones de Semana Santa que constituían un oasis a los que marcharían a sus domicilios unos días, otros y entre los que me encontraba yo, seguiríamos entre aquellas paredes y colegios con fachadas de colores que seguía siendo nuestra casa, a mi me daba envidia de los que tenían la suerte de poder irse, y me consolaba con que ya había transcurrido la mitad del tiempo que duraba esa parte de curso.
Llegó el día y se fueron y quedó la Uni semivacía, levitando entre sus espacios nuestros cuerpos como alma en pena, tratando de matar el tiempo como pudiéramos, jugando al fútbol, al balonmano, y yo recuerdo que alguno mas y yo aprovechábamos algún rato en ir al a repasar temas de otros años, ya que no podíamos olvidarlos de las pruebas de Reválida próximas.
Era la mitad del mes de Abril, podíamos salir a Sevilla cuando quisiéramos y eso también te hacía el día más llevadero, menos ocioso, y te comías un bocadillito de calamares fritos, la verdad es que tampoco lo pasábamos tan mal en esos días en que no tenías una guillotina rondando siempre sobre tu cabeza.
No iban a ser todo noticias buenas en las cartas que recibía de casa, en una de ellas, ponían en mi conocimiento, que mi madre se había caído y se había partido un huesecito de la pierna, al ir a la oficina de correos para ponerme un paquete con alimentos, me llevé un gran disgusto y todo por mi culpa, por ser un tripero, también me decían que no era nada grave, que con unos días de reposo todo volvería a la normalidad, dejándome un poco mas tranquilo, mi hermano tendría que hacer horas extras en el cuidado de la pequeña, que le íbamos hacer.
Habían llegado todos los que estaban disfrutando Semana Santa, ya en mitad de abril y el colegio recobró su vida normal con sus alumnos al completo, con las aulas pobladas y nuestras obligaciones al máximo, pero así todos juntos a mi se me hacía mas llevadero, lo que últimamente lo que no llevaba un poco bien era lo de las misas diarias, cada vez se me hacía cuesta arriba, me cansaban bastante y eso que no eran largas, y la señal es que se me abría la boca muchas veces durante el transcurso de la misma, decían por ahí que en el curso siguiente las misas serían voluntarias, que no estaba nada mal sino bien y de hecho a otro año, la verdad es que no iba a misa, pero alguna vez pasé a la capilla y permanecía un rato meditando y tengo que decir que salía con otro talante, mas reconfortado.
Habíamos entrado en Mayo el mes de María Auxiliadora, el mes del baño en las peceras, el mes en que lo campos se cubrían de flores y destilaban un aroma especial y el mes de los festivales y era el penúltimo mes de curso y como dentro de unos días se celebraba la feria de Sevilla, era para mirar con optimismo el futuro próximo.



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