Foro Universidad Laboral Sevilla
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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  15/07/2016 12:51  Fecha
Mensaje 134
Yo tenía ya 17 años y no muy lejos de los 18, yo era ya casi un hombre y no me había dado cuenta apenas, había consumido parte de mi juventud interno no haciendo mas que estudiar y estudiar y aun me quedaba, sin saber el tiempo que sería, es decir que experiencia de la vida misma, nada de nada y los veranos vagueando en un pueblo perdido en la sierra, era un novato en todo, lo que se dice un pardillo, hasta para mis relaciones con las chicas, por la sencilla razón de que nos la podía tratar ni relacionarme con ellas, solo las del pueblo y las tenía ya mas que vistas, aunque siempre había la que te hacía mas tilín. En fin ya estaba yo en mi pueblo, tanto tiempo echándolo de menos y ahora sentía que no podía estar allí sin hacer nada de nada, era joven para muchas cosas y no tan joven para otras y en el pueblo no tenía oportunidades para nada. Había que hacer algo. De todas formas no tenía ganas tampoco de salir de mi status, adonde iba a ir, a pasar calamidades, bastante pasaba ya en Sevilla, así que pensé buscar trabajo en el pueblo y por lo menos no ser una carga y llevar algo a la casa, esa opción cada vez la tenía mas clara, si encontraba trabajo dispondría para mi de un dinero y por lo menos sería un poco independiente en lo que se refería a mi economía y no tendría que pedirle a mi madre que siempre me refunfuñaba.
En fin la idea pasados muy pocos días la tenía muy clara ya, y no dije nada a nadie, y una tarde al terminar el partido de fútbol me acerqué a una obra en la que estaban levantando una nueva unidad escolar, precisamente orilla de la escuela donde yo estudiaba tiempo atrás y pregunté por el encargado de la misma, y le expuse mis intenciones y le dije que buscaba trabajo para el periodo de verano solamente, me miró de arriba abajo y no sé lo que pensaría, pero seguro que yo tenía poca experiencia para ese trabajo y mas si se dio cuenta de mis manos que lo decían todo, y me contestó que necesitaban un peón de albañil, pero que había que trabajar duro y yo no tenía pinta de haber trabajado antes, yo le fui franco, contestándole que tenía razón en ello y no iba a mentirle, y que si me admitía no le defraudaría. El encargado me dijo que en principio me iba a tener una semana de pruebas y luego ya hablaríamos. Yo no me lo creía y asentí dándole las gracias y que a otro día a las ocho estaría allí en el tajo, dispuesto a lo que hiciera falta.
Me marché a mi casa y cuando estuvieron mi padre y mi madre en ella, les dije que a otro día marcharía a trabajar a las obras de la nueva escuela, mis padres se quedaron muy sorprendidos con la noticia, aunque mi padre no lo tenía muy claro ya que pensó que me podía pasar algún accidente y entonces que iba a pasar con mis estudios y mi madre no lo vió tan mal, decía que vendría bien para la casa. En fin a otra mañana y muy puntual, allí estaba yo con un mono de trabajo de mi padre dispuesto a cumplir con los trabajos que me mandaran. La verdad es que no me fue tan mal, estuve muy atento a lo que hacía el otro peón de albañil al que yo ayudaba y del cual aprendía, y con el nervio que yo tenía y con las ganas de hacerlo para quedar bien, al final mi compañero me tuve que decir que parara que si no iba a reventar, pero ya casi no hice caso a ello porque sabía que el encargado me estaba mirando a hurtadillas. A los tres días yo ya preparaba masas y sabía manejar la hormigonera y antes de que se cumpliera la semana el encargado me comunicó que estaba contratado hasta que yo dijera y también me dijo que no trabajara, cosa extraña, con tanto ahínco, que las prisas no eran buenas compañeras. Yo me quedé tan contento una vez me dijo que el sueldo que tendría sería de ciento cincuenta pesetas diarias y que los sábado por la mañana también habría que trabajar.
Yo estaba muy contento, aunque pasados los días tenía unas agujetas y un dolor de riñones que yo solo sabía y sentía, pero lo superé y cuando a la semana siguiente me dieron el sueldo la paga de dos semanas, fui completamente feliz. Llevé el dinero a casa y me quedé con algo para mí, aun que mi madre eso no lo tenía tan claro y aceptó a regañadientes y tuvo que mediar mi padre, que su único problema era que sufría un poco por si me pasaba algo.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  15/07/2016 12:50  Fecha
Mensaje 133
Era un espectáculo inenarrable y mágico, cientos de alumnos agarrados fuertemente a su maleta, con una sonrisa en sus caras y con la ilusión reflejada en su ser, esperando que llegara su autobús, que le llevaría lejos, a la tierra donde le vio nacer, y que por circunstancias del destino pasaba muchos ratos alejado de ella. Se apreciaba sensiblemente en aquellos alumnos muy jóvenes que era el primer año que pasaban allí, se les veía muy nerviosos y felices, como si no se lo creyeran lo que iba a pasar.
Cuando empezaron a llegar los autobuses de Los Amarillos, el nerviosismo general subió de tono, eran unos instantes de felicidad extrema, dejar la Universidad por unos meses, eso era recobrar tu libertad perdida, recobrar tu identidad, olvidar la sirena y tantas cosas mas, ser tu mismo y enfrentarte al mundo, como si lo hubieras olvidado durante unos meses, eran tantas cosas con las que tenías que empezar de nuevo.
En fin, algunos autobuses ya estaban saliendo, y que vistos desde encima de la torre parecerían orugas procesionarias de los pinos, uno detrás de otro, dejando a la Uni, totalmente huérfana durante un largo tiempo, y también muda, privándola de la voz de su sirena, y perdería su alegría, sus colores y su vida misma, claro para que querría su voz si nadie le haría caso, quedaría hibernada hasta que llegara el otoño que se llenara de savia nueva.
Mi autobús salió y cuando divisé mi torre, con la que tenía un trato tácito con ella, la mire a sus alturas, a sus ojos y todos ellos con un guiño me despidieron, y como siempre nadie se percibió de ello, inmediatamente volví la cara hacia delante y un inmenso placer al comprobar que no se había olvidado de mí, era la señal para yo soñar con mis vacaciones en aquel pueblo olvidado en la Serranía de Cuenca.
Al llegar a Aranjuez, allí me junté con Modesto Cañas, los dos esa vez nos íbamos solos para Cuenca, los otros dos compañeros de Cuenca habían quedado para hacer la Reválida, así que iniciamos el cortejo asidos a nuestra maleta al encuentro de la estación de tren, a la que ya conocíamos de otras veces.
Éramos ya unos veteranos, habríamos ido hasta con los ojos cerrados, y casi sin darnos cuenta habíamos llegado a Cuenca, donde ya me quedé sin compañía en el tren, me despedí de él, deseándonos un buen verano y partí en el mismo tren para mi pueblo, al que vi poco tiempo después aparecer en el fondo de mi retina a la lejanía, allí se veía como una sombra y que a duras penas se podían adivinar sus edificios. Como me gustaba ese trayecto desde Cañada a Carboneras, como lo degustaba sintiéndome cada vez mas cerca de él, sintiendo el ya cercano abrazo de mis padres y hermanos y como no el de mi hermanita, que deseaba estrechar su cuerpecito contra el mío, que felicidad de momento, cuanto tiempo lo había soñado, sobre todo en el aula, aquellos ratos de estudio en que tu mente volaba hacia otros espacios y lugares que veías y sentías tan lejanos.
El tren paró con ese ruido infernal de la fricción de las ruedas de acero, de humos por todos los sitios y de voces que gritaban y que nadie oía. Allí entre todo el jaleo, observé a toda mi familia, todos, nadie faltaba, y yo con una felicidad que me envolvía.
Cuantos años degustando el mismo momento, esa repetición calcada, era inenarrable, eran muchos meses con la falta de todos, al fin y al cabo eran tu familia, tus seres queridos, que duda cabe que ellos, todos, te habían echado de menos.
Los abracé a todos, los besé y emprendimos la marcha al muy cercano pueblo y yo llevando a mi hermana Lourdes unida junto a mi pecho, sintiéndola junto a mí. La bajé al suelo y ya andaba muy bien y casi corría, era ya una moza, Dios mío que felicidad, recordar esos momentos, sintiéndolos ahora como si fueran de verdad. Dicen algunos totalmente convencidos que la vida es el presente y el futuro, pues no sé que decirles, quizá tengan razón, sin embargo a mi el pasado me llena también totalmente de felicidad y de recuerdos.
Mi padre como no en el trayecto hasta mi casa me pregunto, ¿Y el curso qué? pronto lo calmé, porqué yo sé que estaba sufriendo, tranquilo le contesté ¿Todo muy bien padre?, y mi padre, ya no dijo nada, pero yo a hurtadillas le observé una cara de felicidad profunda. Mi madre en cambio, me dijo, -Vicente parece que te encuentro más delgado-, -Que vá madre estoy igual que cuando me fui-
Había llegado a la puerta de mi casa, que no era la misma que dejé, se había cambiado de casa mi familia, y después de enseñármela, les dije que me gustaba mucho más que la anterior.
A partir de ese momento tenía todo el tiempo del mundo, y nadie me lo podría arrebatar, era inmensamente feliz, el mas feliz de la tierra.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  15/07/2016 12:49  Fecha
Mensaje 132
Ya llevaba cinco meses sin volver a mi casa, ya estaba harto de internado máxime con mis diecisiete años de edad, ya estaba sobresaturado de tantas normas y disciplina, deseaba toda mi libertad, no con tapujos y engañifas, deseaba ver las chicas cerca de mí, aunque como estaban los tiempos era empresa difícil, en fin pronto me iría para el pueblo y allí tendría mi ansiada libertad, no habría normas y otras reglas que cumplir y las chicas aunque las conocía, eso de verlas muy cerca de mi, era una quimera, y topaba con dos problemas en ello, mi timidez y lo estrechas que eran las chicas de mi pueblo y creo que sería así en todos los pueblos, así que el porvenir lo tenía bastante incierto, en fin Dios proveería, aunque creo que Dios no estaba en esos tiempos para esas cosas.
El día de María Auxiliadora, el coro al que yo pertenecía cantamos en la misa mayor en honor a la Virgen, allí estábamos al lado del altar en un pabellón de gimnasia junto a los campos de fútbol y entonando las canciones religiosas, en esos momentos yo me sentía un alumno privilegiado, orgulloso de poner mi granito de arena y con mi chaqueta de color azul y escudo de la Uni en el pecho. Mas tarde cuando terminó la misa, la Tuna de la Universidad ofreció un pequeño recital, con sus uniformes negros, llenos de cintas de colores y escudos y con sus guitarras, bandurrias y panderetas y sus saltos. Tengo que decir que la Tuna siempre me ha gustado mucho, y cuando he tenido ocasión de ver cualquier tuna, tiempo después, me he quedado embobado con sus músicas y sus saltos, mientras por mi cuerpo y mi espina dorsal circulaban ramalazos de nostalgia.
En esas fechas los Colegios mas o menos Mayores, y en la puertas de, las Residencias, ponían como unos barecitos hechos de armarios de chapa para poner las bebidas que asemejaban a las casetas de la Feria de Abril, y allí ya en esos colegios podíamos tomar ya alguna cervecita fresca, y eso era ya un triunfo en aquellos tiempos de limitaciones. Aun recuerdo nítidamente al compañero del aula Manuel Palacios Martínez que hacía de barman en aquellas especies de bares.
Todo ello sin olvidarnos de las clases diarias y el estudio porque los exámenes finales se acercaban cada vez mas, y el tiempo en esas fechas se hacía cada día mas largo, se hacían eternos y nosotros, todos, queriendo echar a volar, queriendo ejercitar nuestras alas que ya nos habían salido, madre mía que días mas largos, y que rutina tan pegajosa del calor intenso de Junio, que ganas de que salieran de una vez los autobuses de la plaza, parecía que no iba a llegar nunca.
Esos días se sentía, se masticaba el nerviosismo por todos los sitios, por las aulas, en el comedor, hasta en los campos de deportes, los exámenes finales aguardaban a toda la comunidad universitaria, joven y no tan joven, y la tensión iba creciendo día a día, y que ahora unida a la consabida disciplina interna no podríamos soportar seguro, a nosotros los laborales nos tocó vivir esos momentos y dentro de su dureza, hay que decir que fuimos unos afortunados, pero que aun así nadie nos regaló nada, fue nuestro esfuerzo lo que nos llevó a conseguir generalmente altas metas y sobre todo una educación de la que podemos estar orgullosos, aunque el momento político en el que vivíamos no era el mas adecuado, pero fue el que nos tocó vivir, allí en el interior de aquel basto recinto poco podíamos hacer para remediarlo, tiempo habría y muchos lo lograron haciendo uso de lo aprendido y asimilado, saliendo en posesión de un merecido título que conseguimos con sacrificio y también con el título de gran persona entre el equipaje.
El curso estaba tocando a su fin, el tiempo de vacaciones se iniciaba, la Universidad Laboral sevillana, aun nos esperaría otro año más, seguro que sí, pero esto último no queríamos que se nos pasara por la cabeza.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  15/07/2016 12:48  Fecha
Mensaje 131
El mes de Mayo con todo lo que conllevaba, ya estábamos inmersos en el, el calor sofocante de Sevilla en esas fechas y que nos agobiaba y aplacaba las ganas de retozar que teníamos todos al salir de las horas de clase, menos mal que la sabia disposición por lo que se refería a la arquitectura de la misma y que si tu querías no te daba el sol en todo el recinto, aligeraba las altas temperaturas en ese mes y los salientes de las ventanas muy bien puestos al efecto, no dejaban pasar el sol a las aulas, muy buena medida, si señor, del arquitecto de turno. En una remodelación de algún colegio cuando la transformación de la Laboral en Universidad Pablo de Olavide, le fueron suprimidos los salientes, craso error y lo estarán pagando los estudiantes que las usen, de eso estoy seguro.
Aunque ya lo reseñado en estas memorias, tengo que volver a incidir en el mes de Mayo, en aquellas tardes de los sábados, con sus festivales en que se celebraban festivales al fresquito de la plaza y con la luz de la luna encima, con los olores de la primavera y con la torre que emergía por encima del rectorado, como los recuerdo ahora, no los puedo olvidar, siento ser tan pesado pero es una imagen que conservo en mi subconsciente y que aun consigue emocionarme.
Recuerdo y en homenaje a nuestro querido amigo que ya ingresó en el cielo hace muchos años, Carlos Cosme San Millán Trueba natural de Munguía, integrante del aula de los químicos, era un compañero con mucho carisma y que conocía todo el colegio, amigo de todos, un buen compañero donde los haya, y con un corazón mas grande que la Plaza de España, yo me llevaba muy bien con él y recuerdo con mucho cariño que mas de una vez los domingos por la mañana, le acompañé porque él me lo pedía subir a la cafetería de la plaza a tomarse un café con leche y una palmera y que pasaba pues que pedía dos cafés y dos palmeras y yo le decía que no, que yo no podía permitirme ese dispendio, y él me invitaba por mucho que yole decía que no y se “cagaba en todos los demonios”, así que desayuné alguna vez con él, y allí donde esté en su sitio del cielo, le sigo recordado y dándole las gracias. “Gracias Sanmillán”.
Cuando escribo lo que sigue a continuación, siento como me tiemblan las manos al darle a las teclas del ordenador. En un viaje de camping con mi mujer y mis dos hijos pequeños, me fui a un camping del País Vasco, concretamente al de Sopelana, y nos acercamos a verlo a su casa de Munguía. Tuve la suerte de encontrarlo allí, y la alegría que se llevó al verme fue inmensa, no se lo podía creer, y lo agradeció en el alma, esa tarde nos llevó con su coche a visitar el Puente de Portugalete y a dar unas vueltas por el pueblo.
Al despedirnos por la noche de él, lo hizo con lágrimas y me dijo que seguro ya no lo volvería ver, que estaba algo enfermo, yo traté de animarlo, pero me quedé un poco preocupado.
No había pasado aun un año, mi hijo que estaba en casa recibió una llamada de Bilbao y era un hermano de San Millán que comunicaba que su hermano Carlos había fallecido hace una hora, comunicándole a mi hijo, que le había dicho muchas veces antes de morir que al primero que tenía que llamar cuando falleciese era a mi y así lo cumplió su hermano. Que decir tiene que cuando mi hijo me dio la noticia más de una lágrima corrió por mis mejillas. Siempre te tendré presente amigo Carlos
El fin de curso estaba cerca, las fiestas de María Auxiliadora mas cerca aún y los festivales en la plaza en todo su apogeo, me acuerdo ahora mismo y antes de que se me olvide porque la memoria a veces te juega malas pasadas, que algunas veces allí junto a la plaza repartían ejemplares de la revista “Fans”, que trataba de e intérpretes y conjuntos de música moderna de esos tiempos y como yo era si que era un fans de esa música y sigo siendo, me alegraba mucho cuando una llegaba a mi poder.
Tiempos pasados que ya no volveran.




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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  15/07/2016 12:43  Fecha
Mensaje 130
Estábamos ya cerca del mes de Mayo y oteábamos a la lejanía el deseado fin de curso, y entre festivales, las fiestas que se avecinaban y como ese año gracias a Dios no había reválida, y que el curso iba viento en popa, mi situación anímica general, nunca había ido mejor.
Los baños en las piscinas que poseía el Centro ya se encontraban en funcionamiento, ese año ya los de mi colegio no debíamos ir a las “peceras”, subíamos de grado, nos bañaríamos en la “olímpica” que estaba detrás de la torre, una buena piscina, aunque no sé si era de 25 o 33 mts. de largo, con su trampolín y todo, y allí los grandes nadadores se ejercitaban en sus estilos natatorios y también se daban la vuelta de campana tirándose del trampolín. A mi el nadar no era que me gustase mucho, yo era mas de tierra, pero a nadie le venía mal un baño y sobre todo en esas tardes que hacía tanto calor, aparte la verdad que también me daba un poco de miedo sobre todo cuando me deslizaba por la parte de donde mas cubría.
Allí se celebraban las pruebas y campeonatos de la Uni de Natación, y había muy buenos nadadores, entre ellos uno de mi aula, Gerardo Camarero Pérez, de Lamiako y que falleció no hace mucho, (un recuerdo para él), y aunque no era alto ni mucho menos, la velocidad que imprimía a sus piernas y a sus brazos, le hacía codearse con los mejores nadadores, yo la verdad es que lo envidiaba. No hace mucho y en algunas de las visitas a la Uni, pasé por orilla de esa piscina y aunque ponía un letrero que no se podía pasar, yo pasé y pude observar el estado de la misma, todo muy descuidado, si no hubiera sido porque aun quedaba el hueco de donde estaba la piscina, el estado desvencijado del trampolín así como el escudo de la Uni que a duras penas se veía y que estaba situado en el fondo de la misma, no la hubiera visto, me dio pena de verdad.
El día 24 de Abril, los que quisimos en mi colegio tuvimos la oportunidad de asistir gratis al futbol, jugaba la selección nacional contra Méjico en el Sánchez Pizjuán, y allí estaba yo como iba a faltar, animando nuevamente a la selección, aunque esta vez no pudimos saborear la victoria, empataron a cero, pero yo por lo menos lo pasé muy bien, viendo a las figuras del fútbol, los mejores de cada equipo, un espectáculo grandioso para mi.
Ahora que me acuerdo, comento que y no se si alguno se acordará de ello, que a mitad de curso alguien y con el permiso correspondiente, por supuesto, organizó una quiniela de fútbol, con ocho partidos y en la cual podíamos participar con los signos 1-X- y 2, mira por donde a mi la idea me gustó y jugué todas las semanas, mientras se llevó a cabo. No acerté nunca ni 7 ni ocho aciertos, pero me lo pasé bien todos los domingos esperando el resultado de los partidos en aquellas tardes algunas veces aburridas de los domingos.
Que bonitos recuerdos acumulados en nuestra ya frágil memoria, que lástima que no apuntara nada, en fin algo queda de ello, pero a mí por lo menos no me resulta suficiente.
Ahora echo de menos los adelantos tecnológicos que nos han tocado vivir en el otoño de nuestra vida, si los hubiéramos tenido entonces, cuanto historias y recuerdos habríamos captado, en fin para que estoy divagando, si eso es imposible, a cada habitante de este planeta le ha tocado la vida que tenía asignada, pero yo estoy muy feliz de mi paso por aquel sitio, donde ya han crecido las palmeras un montón y se han hecho mayores y se le van cayendo sus hojas puntiagudas y a nosotros saliéndonos a borbotones las canas y cayéndosenos el pelo.




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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  11/07/2016 20:57  Fecha
Mensaje 129

Nuevamente la Uni estaba al completo, las clases lectivas y la vida universitaria se desarrollaba con toda normalidad, además el buen tiempo había llegado y se había acompañado de la incipiente primavera llena de luz, color y aromas sevillanos a azahar de los naranjos plantados en los jardines de todos los colegios y también como no, de los aromas de los jazmines que procedían de los miles de parques de Sevilla, aleados con los de las incontables flores que poblaban los inmensos prados de los alrededores del recinto colegial.
La Uni estaba preciosa, como siempre, pero mas en ese tiempo, cuando la estación se despertaba a la vida, también mi vida y la de muchos mas se encontraba en lo mejor de su historia y que nadie me discuta eso porque no se lo voy aceptar, esa edad a los diecisiete años, era sin duda lo mejor de nuestra vida, plena adolescencia, fuerzas a raudales, ilusión plena, futuro próximo y que entonces ya ibas pensando en el, querías comerte el mundo como fuera, aunque luego fuera el mundo el que te comiera a ti, pero tu eso ni lo pensabas ni tampoco lo imaginabas, mientras tanto allí estábamos labrándonos un porvenir entre aquellas paredes anaranjadas-rojizas de los colegios, y que en esas mañanas entre clase y clase y con las ventanas abiertas que dejaban entrar miles de aromas, nuestra mente, mas de una vez se transportó con nuestro consentimiento, y sin hacer caso a las palabras huecas del profesor de turno, a otro mundo, a otra realidad distinta a la vida que no muy tarde cambiaría para nosotros y entonces seguro que nos acordaríamos de esos momentos vividos en nuestro internado, cierto es que nos íbamos acordar y bastante, sobre todo muchos años mas adelante.
A esa altura de curso y cuando ya estábamos rondando el mes de Mayo y por mediación del querido profesor de Química D. Guillermo García Ramos y que en paz descanse el hombre, se las medió para que algunos sábados visitáramos algunos fábricas y empresas químicas que tenían mucho que ver con la especialidad que estábamos estudiando y su tecnología química. Y así fue, yo no sé cuantos pasos tuvo que dar para organizarlas y estar todos a punto para cuando nosotros llegáramos. Una de las primeras que visitamos y que recuerdo perfectamente, fue la empresa de tratamiento de aguas para abastecimiento de Sevilla y que se encontraba en la subida al Carambolo junto a la carretera de Huelva, y nosotros tan contentos, visitamos todo el complejo de saneamiento, sus estanques y todo el proceso de depuración y potabilidad del líquido elemento. Pero tengo que decir que no íbamos de turismo no, había que ir provisto cada uno de carpeta, folios para tomar nota de todo para luego más tarde confeccionar un informe lo mas completo posible y con datos de todo lo visto y asimilado y ello sería calificado por el bueno de D.Guillermo
Era un día de asueto, fuera de la Uni, fuera de nuestro monótono entorno, pero también era como una clase de química mas, bueno mucho mas interesante, instructiva y además de la que teníamos que desarrollar un trabajo calificado con nota.
Hicimos varias mas en ese tiempo, una de ellas la S.E.O. la Sociedad Española del Oxígeno, donde fue muy interesante ver las propiedad de los gases que allí se fabricaban y comprobar sus propiedades y realizamos experiencias con la licuefacción del oxígeno y nitrógeno.
En ese curso aun tuvimos oportunidad de visitar la cerámica de la Cartuja, en el mismo Sevilla y en el mismo lugar donde años mas tarde se celebraría la Expo-92, allí no s enseñaron los procesos de fabricación de las cerámicas, vajillas y demás objetos y a mi me impresionó mucho los pintores y pintoras que desarropan su labor en esa época de pintar con una paciencia y un pulso que era digno de admiración.
Esas visitas a mi y a todos nos encantaban hacerlas, era como un oasis en la rutina, aparte de que también, en alguna de ellas nos obsequiaban con un aperitivo que no nos venía mal a nuestras bocas, que deseaban salir de los trompitos y judías a “la Uni”.
Para esas fechas y no sé como llegó a nuestros oídos, un domingo por la tarde nos desplazamos a Sevilla, a hacernos un carnet para poder asistir a un baile que organizaba un colegio de monjas, allí nos desplazamos unos cuantos alumnos y conseguimos el carnet que nos autorizaba a ello, así que desde esa tarde teníamos esa opción de divertirnos, y la noticia se propagó como la pólvora, pero pronto se cerró el grifo, los primeros que llegamos fuimos los afortunados, y allí nos vimos bailando “suelto” y “agarrado” con las chicas de nuestra edad y que se encontraban estudiando en aquel colegio, y con la mirada atenta de las monjas vigilando que no nos sobrepasamos lo mas mínimo, so pena de ser expulsado, menos daba una piedra. Todo duró hasta que los compañeros del aula San Millán y Ballesteros se empeñaron en aporrear un piano que había por allí cerca y que estaba terminantemente prohibido, y el resultado fue que nos quitaron el carnet a todos los laborales, así que otra vez a patear a patear calles y a buscar casi lo imposible, en fin anécdotas.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  11/07/2016 20:52  Fecha
Mensaje 128
El trimestre iba pasando cómodamente, y en lo que se refería a los estudios, progresaba adecuadamente, sin altibajos y sin sustos, como me supuse muy cómodo y sin sustos, todo lo tenía calculado, iba sacando buenas notas pero tampoco te las regalaban, había que currárselo, la verdad es que fue para mí el mejor curso de todos, el mas tranquilo y viéndolas venir siempre.
Llegaban las vacaciones de Semana Santa y eso generaba, que todos los que no teníamos la suerte de ir a ver a nuestros familiares, nos quedaba la disyuntiva de averiguar en que íbamos a matar el tiempo y por consiguiente el ocio de esos días que sobraban, pensando en “que podríamos hacer” para no aburrirnos.
En los colegios quedaba poca gente y muchas veces el aburrimiento era casi total, y si no estabas con el balón, pasabas el día por algún lugar tumbado o yo que sé, ya ni me acuerdo.
Un día me dijo el compañero Agustín Moreno García, “Gus”, años después flamante y valiente luchador sindical de Comisiones Obreras que llegó a los puestos máximos en el engranaje de ese sindicato, muy culto y sobre todo una gran persona y yo lo digo con conocimiento de causa, porque me he juntado con él varias veces, bastantes años mas tarde, y me dijo que si aprovechábamos el día y nos íbamos a la localidad de Alcalá del Río a pescar, y yo encantado acepté la proposición, aunque no había practicado nunca ese arte, solo del de los cangrejos de río allá en mi pueblo. El caso es que por la mañana, desayunamos todo lo que pudimos en el comedor del colegio y también no se como nos las apañamos para conseguir algún bocadillo también y nos marchamos para Sevilla. Alcalá estaba a pocos kms. de la ciudad, pero para ir andando no por supuesto, así que decidimos ir en auto stop, por ello nos encaminamos a la salida de la ciudad junto al Cementerio General, donde nos pusimos a hacer “dedo” y como eran otros tiempos, poco tuvimos que esperar para viajar al citado pueblo. Agustin llevaba la caña y el morral con todos los artefactos de pesca y yo llevaba la bolsa con los bocadillos. En poco tiempo estábamos en el río Guadalquivir, junto al pueblo de Alcalá y orilla de un puente, donde se encontraba bastante gente pescando. Así que nos pusimos manos a la obra, bueno se puso él, ya que yo era la primera vez que hacía eso. Los gusanos para ir pinchados en el anzuelo los había buscado el día anterior por el entorno de la Uni y la verdad es que no sé como se apañó.
Al principio no tuvimos la suerte de agarrar nada, hasta que cambió de táctica y me dijo que íbamos a pescar al “robo” y eso consistía en imitar a los pescadores que había por allí y era que el hilo grueso de nylon, le ponía dos o tres anzuelos grandes y sin cebo y los lanzaba al río con un trozo de plomo y tiraba fuertemente de la caña, por lo que rara era la vez que no sacaba una carpa o algún barbo, ya que el río debía estar sobresaturado de pesca.
Pasamos el día entretenidos, la pesca se la dábamos a los muchachos que había por allí y nosotros tan contentos.
En fin vivencias de esos tiempos que han quedado en el recuerdo de nuestro pasado, aquel pasado juvenil que pasamos en aquel rincón andaluz y que algunas veces añoramos.
Creo recordar también que otro día dos desplazamos la localidad ribereña de la Puebla del Río, también a pescar, pero no tengo ni idea como se nos día el día, en fin pasábamos el tiempo como podíamos, hasta que el curso de reanudara nuevamente.


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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  11/07/2016 20:51  Fecha
Mensaje 127
He comentado en el capítulo anterior que el mes de febrero se estaba pasando anodinamente, sin sobresaltos ni nada de nada, pero llegada la madrugada del día 28 de Febrero de 1.969, concretamente día de Andalucía y que no se celebraba por motivos obvios, aun no había llegado la hora de las libertades en España, ni por supuesto en aquella región, un acontecimiento vino a turbar la noche y los nervios de todos los habitantes de la Uni que en esos momentos dormíamos plácidamente, ya que unos ruidos secos y como si sonaran unos tambores lejanos nos despertaron sin saber lo que realmente estaba pasando, fueron fracciones de segundo, ya que empezaron a temblar las paredes y los edificios, nadie sabía que estaba pasando, solo que algo gordo y anormal estaba sucediendo, en aquella cuarta planta de los dormitorios, las paredes palpitaban y todo se movía, la papelera dio unos pequeños botes y salió rulando por la estancia y la torre de la Uni se movía perceptiblemente con un pequeño vaivén, fueron segundos, hasta que alguien dijo “ un terremoto” y entonces la desbandada fue general todo el mundo buscando el pasillo y las escaleras que conducían al exterior. Me acuerdo como si lo estuviera viviendo ahora, la salida de todos dentro de una especie de pánico general, fue bastante ordenada, aun cuando las barandillas rojas de las escaleras temblaban como si estuvieran meneadas por una inmensa fuerza.
Cuando alcanzamos el exterior, todos nos reunimos en el centro del Campo de fútbol situado en medio de las residencia de los colegios San Fernando y Alfonso el Sabio, allí donde sabíamos que allí estábamos seguros, aunque ya el pequeño o gran seísmo había terminado.
El asusto había sido morrocotudo, algunos se reían de la movida, pero yo pienso que era una risa nerviosa que quería aparentar serenidad y valentía, pero yo creo que era del canguis que tenían, porque no entendía nadie de esa clase de fenómenos naturales y todo el mundo daba su opinión, los curas venga a pedir serenidad, pero claro ellos también estaban acojonados.
La tranquilidad empezó a llegar poco a poco, pero a ver quien era el guapo que se iba a la cama otra vez, eso era harina de otro costal y mas cuando alguien al parecer que se las daba de entendido en esos amagos de siniestro, dijo que los terremotos siempre tenían repeticiones, aunque si con menos intensidad que la primera.
Sobre la hora aproximadamente, las autoridades eclesiásticas dijeron que se podía ya subir a los dormitorios, ya que el frío en la calle era manifiesto, aun estábamos en invierno, pero todo el mundo no estaba por la labor, bueno el caso es que al fin la gente subió nuevamente a las habitaciones, con un acojono general, pero subimos y quien dormía en esos momentos, pues nadie seguro.
Sobre la hora aproximadamente y cuando ya pensábamos que todo había pasado, pasó lo que tenía que pasar, pues que un nuevo temblor y con los mismos ruidos que empezó el otro, hizo temblar el edificio otra vez, no con tanta fuerza como la primera, pero tembló, vaya que si tembló. Todos otra vez bajando las escaleras al patio, algunos ya se lo tomaron con mas tranquilidad, diciendo como que los edificios eran fuertes no hace mucho tiempo construidos y que no iba a pasar nada, como así fue.
Ya no recuerdo bien, que pasó después, pero si hubo alguna repetición más no nos enteramos. A otro día y por los periódicos supimos lo del terremoto y sus consecuencias y algunas las pudimos ver, sobre todo por los coches que abandonaban la ciudad de Sevilla por la carretera de Utrera.
Todo terminó en anécdota, pero el miedo que pasamos casi todos, por no decir todos no nos lo quita nadie.
El resultado del seísmo y sus consecuencias se notaron en la noche siguiente y en las que vinieron después, todas las noches al apagar los curas las luces de los dormitorios, los mas cachondos, gritaban “terremoto, terremoto y se formaba el cachondeo padre, y los curas no sabiendo como cortar la juerga general que se organizaba.


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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  11/07/2016 20:50  Fecha
Mensaje 126

El mes de Febrero fue pasando rápido, aunque monótono y lánguido, sin casi acontecimientos que reseñar, así que solo nuestra misión era estudiar y estudiar y esperar a que llegara el sábado a mediodía para que las clases terminaran y llegara el tiempo de asueto, y en el que si no tenías alguna afición deportiva, supongo que lo pasarías mal, yo por suerte no tenia ese problema, el fútbol me salvaba, pero tampoco hacía ascos a cualquier especialidad deportiva que se organizara y me faltaba tiempo para apuntarme a ella.
Una tarde pasó por el aula el director del Coro al cual le llamaban cariñosamente “El Piano”, no me acuerdo el nombre, podría ser el coadjutor salesiano D.Luis Rivas reclutando gente para cantar en el coro y allí me tienes haciendo cola con algunos compañeros mas en los pasillos de la residencia del colegio, y entre ellos algunos de mi aula.
El tiempo de espera antes de hacer las pruebas de voz dentro de la capilla, yo me sentía nervioso, vaya tela, pues bien empezábamos, el caso es que cuando pase, noté que me temblaba un poco la voz, aun así no haría muy mal el canto de “Vayamos jubilosos”, ya que me seleccionó para pertenecer al coro, con la categoría de tenor. Por lo menos ya tenía otra actividad en la cual entretenerme. A otro día tuvimos los seleccionados que ir a la sección de vestuario a recoger una chaqueta azul con un escudo de la Universidad Laboral bordado en el bolsillo delantero y yo salí tan contento. Claro después, vino la parte negativa de todo ello, mientras algunos estaban a “la bartola” en el tiempo libre, los del coro teníamos que estar de ensayo y venga ensayos, para que nuestros cantos estuvieran más o menos acertados.
Me acuerdo perfectamente del canto de una sardana que se llamaba “El Ampurdán”, y también de una canción que cantábamos el coro en algún festival en alguna iglesia sevillana que se llamaba “Jerusalen” y que era del compositor Verdi.
Algunos domingos el coro nos desplazábamos a alguna iglesia sevillana y amenizábamos la misa del domingo con nuestros cantos y después en la sacristía o en el centro parroquial nos invitaban a un ágape, el cual constituía para mí el mejor momento de la mañana.
Un domingo e invitados por el Colegio Salesiano de Algeciras, nos dirigimos el Coro a esa ciudad para cantar en la misa y claro que cantamos y sobre todo comimos después, yo creo y no me equivoco, que en la vida que llevaba hasta ese momento, no había visto unas mesas con tantos manjares, para mi y seguro que para todos fue apoteósico, así que cuando acabó la misa, afilé los dientes convenientemente y me puse como el “kiko”, no podía perder esa oportunidad que me había brindado mi vida y sobre por haberme apuntado al coro. En fin un domingo que nunca olvidaré, recuerdo el lugar con una visión clara y nítida.
También reseñaré que los aplausos de los fieles que llenaban la iglesia cuando terminó la Misa, hicieron que mi cuerpo experimentara unos escalofríos que tampoco olvidaré, fue una sensación única.
Por todos esos momentos y por el honor de llevar la chaqueta de la Universidad Laboral, mereció la pena pertenecer al Coro, fue una experiencia maravillosa, única.
Lo que si siento es que no poseo ningún recuerdo fotográfico de mi paso por el coro de la Universidad, una pena, en fin que le vamos hacer.
De regreso, paramos en Cádiz y también experimenté otra sensación pero de otra forma y manera y fue el frío que pasé en esa ciudad, en mi vida y eso que soy de Cuenca, creo recordar que no he pasado tanto frío, con el viento cortante y que procedía del océano y que rasgaba la piel, que frío Dios mío.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  11/07/2016 20:48  Fecha
Mensaje 125
A otro día por la mañana ya estábamos dando clases, aquí no se desperdiciaba el tiempo para nada, nos lo habían dicho y recordado, desde nuestro ingreso los curas de todos los colegios, “No perdáis el tiempo” y de verdad que no lo perdíamos, no nos podíamos escapar por ningún sitio, los curas de cuando en cuando pasaban por las clases para haber lo que hacíamos y mandaban estar en silencio total, cuando llegaban a sus oídos cierto rumor de conversaciones, la disciplina había que cumplirla al máximo y el silencio sobre todo en las horas de estudio era sagrada.
Como yo nunca he fumado, y por supuesto ya no tendré esa costumbre o vicio, no me acuerdo si a esa edad, la mía, se permitía fumar en el colegio, yo me supongo que a esas alturas sería que si, porque creo recordar que eran muchos que cuando terminaban las clases y ya en el exterior del colegio, sacaban un paquetito de tabaco en cuya portada venía impreso un vikingo o un soldado medieval de color verde, con una espada en lo alto y en el cual se podía leer, Celtas, todo el mundo fumaba esa marca, yo creo que era la única que había a la venta por la sencilla razón que era la que menos costaba en aquel entonces y todo el mundo se dedicaba a tirar humo y mas humo. La verdad es que a mi no me dio por ahí, y puede que la culpa de ello la tuviera el compañero de clase Manuel García Benítez, ya que en unos Ejercicios Espirituales al terminar, repartieron un cigarro rubio a todos los presentes y a mi me lo cambió sin enterarme por un celta suyo que portaba él, lo encendí y cuando me llevé el humo a la boca, encima de que casi me atraganto, su sabor me supo a cuerno quemado o que se yo, y lo tiré rápidamente, consecuencias, yo no volví a fumar nunca mas, lo tenía bien claro, él me engaño, sí, pero al mismo tiempo me hizo un favor muy grande, te estaré siempre agradecido Manolo, aunque posiblemente y con toda seguridad, con el sabor del rubio lo hubiera hecho igualmente.
Pronto empezaron los campeonatos de fútbol, otros deportes y juegos de salón con motivo de las fiestas de San Juan Bosco, recuerdo esos días con mucha nostalgia, aun ahora que han pasado ya muchos años, en aquellos campos de fútbol magníficos, y cuando corría sin cansarme y podía estar horas y horas detrás del balón, que tiempo aquellos, cuando el sabor de la victoria te sabía a gloria y antes de jugarse el partido y en el estudio, no hacías mas que mirar el reloj, que ese día marchaba mas lento que ningún día y luego con el corazón encogido a la hora que Miguel Pareja Sánchez, salía a la pizarra para poner con la tiza la alineación que esa tarde se batiría el cobre para dejar bien alto el honor del aula.
Yo seguía apuntándome a muchos juegos, aunque con resultados no muy satisfactorios, lo mío era el fútbol, y esa era mi afición principal, y lo vivía de una forma apasionada, seguidor del Real Madrid de siempre, ahora también, pero los años me han hecho ser mas crítico con el equipo, cuando tengo que decir alguna vez que ese día los jugadores han sido unos gandules, lo digo esté donde esté y caiga quien caiga, y algunas veces se han enfadado conmigo hasta mis hermanos, que le perdonan todo.
En los juegos de salón y en lo que se refiere al ping-pong, yo me defendía, pero tardaba mucho, cuando caía eliminado, y eso que ponía toda mi sapiencia y coraje, había algunos que jugaban como profesionales, vaya tíos, como dominaban la paleta, que muñeca tenían tan prodigiosa. Recuerdo como si fuera ahora mismo las finales de cada campeonato, eran siempre los mismos los que se la jugaban, uno de mi clase, al que quiero y aprecio como un hermano, Francisco Santos Gómez, “Pikins” y el otro que recuerdo su cara, pero no el nombre, y las finales eran épicas, era todo un espectáculo presenciar una partida entre ellos, los mentados si que se acordarán muy bien de aquellas partidas.
Enero estaba acabando, no sin antes disfrutar el último día del mes, de día de San Juan Bosco, aunque yo casi de lo que mas me acuerdo era de la comida especial que la Uni nos obsequiaba ese día y es que yo en esas fechas era un glotón y un tripero, y no me da vergüenza decirlo, ni para qué a estas alturas.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  1/07/2016 09:01  Fecha
Mensaje 124

Y parecía que fue ayer cuando me despedía de mi familia, pero ya habían pasado casi tres meses, cuando yo las tenía otra vez junto a mi, abrazando y besando a todos. Mi hermana me reconoció o por lo menos se dejó llevar en brazos y me miraba y se reía, y yo mas contento que nadie. Ya estaba en mi casa de la C/ Falange, sentado en la mesa comiendo con todos, saboreando las comidas que hacía mi madre, y mi padre no dejaba de preguntarme cosas relativas a los estudios, tenía obsesión el hombre y yo lo comprendía perfectamente, quería lo mejor para mí, yo lo tranquilicé diciéndole que no se preocupara, que muy mal me tenían que irme las cosas para que me suspendieran. Aun así me dijo que tenía que seguir igual y no dejar de estudiar ni un solo momento.
Las Navidades en mi pueblo, eran siempre iguales, con un frío que se te metía hasta en los huesos y que te invitaba a estar siempre junto a la estufa de leña y también con algún día de nieve, pero nieve en abundancia, no como ahora, de todas formas yo era “culo de mal asiento”, me abrigaba bien y me iba a dar vueltas al pueblo y por la tarde a jugar partido tras partido, aunque estuviera nevando, en un lugar en las inmediaciones del pueblo y que se había acondicionado para ello y que se llamaba “La Casilla”. El campo era mas grande y me gustaba mas porque al ser mas espacioso cogía el balón y hacía lo que mas me gustaba, correr con el balón por la banda, por eso luego jugué de extremo algún año mas tarde.
El día de Nochebuena, con pollo asado procedente del corral que teníamos anexo a la casa y tortilla de patata, vino, dulces y sidra, cenamos todos juntos, una maravilla poder estar todos unidos esa noche. Luego me iba a juntarme con mis amigos, porque en el pueblo siempre se formaba la típica fiesta protagonizada por las mismas personas, que recorrían el pueblo acompañados de la música de la guitarra al que apodaban “Guitarro”, acompañados de otro con un acordeón que ahora no logro acordarme de su nombre y parando en muchas casas a tomar, anís y probar los rosquillos que se hacían para esas fechas.
Exactamente pasó lo mismo el día 31 del mes, el día que dejamos el año 68 y entramos en el 1.969, el año en que yo llegaría a mi mayoría de edad en octubre cuando cumpliera los dieciocho años, madre mía que mayor ya, pensaba para mi, como se había pasando el tiempo, y llegue pensar que no quería que se pasara tan rápido, aunque cuando recalara nuevamente en Sevilla otra vez dentro de unos días, esos pensamientos cambiarían nuevamente, la vida de todos nosotros era un lío, al final ni tu sabías lo que deseabas en esos momentos de tu vida.
Antes de lo que yo hubiera querido, me encontré otra vez junto a mi maleta en la estación de Cuenca, en unión otra vez de Toni, Modesto y Miguel, mi familia ya se había quedado en Carboneras, añorando mi regreso que no se produciría hasta mitad de Junio, pero era peor pensarlo que pasarlo, tus ánimos no podían flaquear en esos momentos, había que pensar que degustabas casi los mejores años de tu vida, de esa vida que florecía en ti, con toda la fuerza e ilusión y no podías desperdiciarla, y vivir cada segundo y cada minuto como si fuera el último.
Por eso tomamos el tren los cuatro y aparecimos en la estación de Aranjuez, cuantos recuerdos tenemos todos de esa estación, es ya como un símbolo nuestro, como si fuera de nuestra propiedad.
Llegamos con nuestras maletas al punto donde esperaríamos a los autobuses que nos trasladarían directamente a la Laboral, no sin antes consumir horas y horas en aquellos asientos bastante incómodos por cierto y que hacían que llegáramos reventados a nuestro destino.
Ya de noche llegamos a Sevilla, la Uni nos esperaba con los brazos abiertos, nos echaba de menos, a mi la que mas me echaba de menos era mi Torre y yo a ella, porque una vez fuera del autobús y en la plaza, y al dirigir mi vista a la torre, una luz se encendió y apagó en la última ventana, yo le contesté con un “Hola” y marché con mi maleta para el Colegio Alfonso el Sabio, que ya se iba poblando de muchos universitarios con las mismas esperanzas e ilusiones y problemas que uno tenía, que a decir verdad eran bastantes.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  1/07/2016 09:01  Fecha
Mensaje 123
La verdad es que el curso estaba resultando muy tranquilo, no vivías ni muchos menos en un estado de nerviosismo continuo, tenías algunos momentos que debías dar el do de pecho, pero sin el sinvivir de algún curso anterior que a veces se hacía inaguantable, ahora la mayoría del tiempo la pasábamos con un relax, que hacía que tu vida resultara cómoda, y a verlas venir.
Casi sin pensar y casi sin darte cuenta, estábamos ya escuchando villancicos por el sistema de megafonía que existía en todas las dependencias del edificio de la residencia y eso ya te transportaba al ambiente que muy pronto vivirías en tu pueblo dentro de nada, en esos pocos días que se te hacían la mar de largos entre examen y examen, solo al hacer el último tu mente se descargaba por completo y solo pensabas en el momento que subirías al autobús para largarte en un viaje que parece que no terminaba nunca.
Ayer precisamente, que casualidad y en una escapada a Valencia desde mi domicilio de Sagunto, acompañado de mi esposa, que por cierto también se llama Vicenta, observé en una avenida y aparcado un autobús de Los Amarillos, y aunque parezca mentira, noté un leve escalofrío en ni espina dorsal que me duró un segundo y dejó en mí una sensación de nostalgia que me llenó en un momento de tristeza y otro de un recuerdo que me hizo transportarme a esos autobuses que cogíamos en la plaza de la Uni, y nos llevaban a nuestros domicilios, aun sigue esa empresa de alta con el mismo negocio, y mira los años que han pasado, en fin hay queda mi apunte.
Precisamente y después de realizados los exámenes, nos veíamos otra vez subiendo los escalones del autobús, rumbo a casa, con unas caras llenas de una alegría inmensa, que hacía contraste con la que nos caras largas que nos veríamos los unos a los otros, cuando en cuestión mas o menos de quince días tendríamos al volver.
Los autobuses y en una larguísima fila, emprendieron la marcha para distintos rumbos, con multitud de juventud, con los mismos problemas y las mismas ilusiones y la misma alegría que se contagiaba. Los que fuimos “laborales” en esos años, tuvimos esa forma de pasar nuestra adolescencia y juventud, de esa forma dando saltos y saltos, de alegrías y gozos a otras de saltos de tristeza y pesar, pero era nuestra bendita juventud y que aun estando interno, hacíamos lo posible para ponerle buena cara a la noche y convertirla en día.
Los autobuses iban dejando”lastre”, con perdón, alumnos, en diversas paradas, nosotros los de Cuenca, y algunos mas de otros pueblos cercanos a Aranjuez, bajábamos en “La Rana Verde” y allí nos esperábamos el que llegaba antes y luego agrupados, nos desplazábamos a la estación de tren, después de un largo trecho andando con nuestras maletas que aun pesaban lo suyo y allí a coger el tren, el enésimo tren, que ya nos sabíamos el recorrido de memoria, pero en ese viaje, locos de alegría de volver a la ciudad ellos y yo a mi pueblo, y digo mi pueblo aunque no era así, yo había nacido en Cuenca, orilla del río Júcar, pero yo en esa edad consideraba mi pueblo como lo mas importante, ya que casi anteriormente, había vivido no en Cuenca, sino a unos tres km. de la ciudad.
En la estación de Cuenca, estaban los familiares esperando a Toni, Modesto y Miguel, yo seguía en el tren, saludando a los padres desde la ventana del compartimento y con unas ganas locas de que llegara el tren, son momentos inolvidables que no he olvidado ni olvidaré nunca, estoy seguro de ello, esa memoria que tiene mi pendrive cerebral, la tengo con mil seguros y libre de virus, para saborearla cuando quiera.
Era la repetición de las escenas de otros años, y también se convertían en una rutina, en una rutina maravillosa, pero al fin y al cabo rutina, esperándome mi pueblo, postrado en la ladera de la colina con el edificio de la iglesia, que era el último edificio a la derecha y siempre igual sin cambiar de aspecto, solo el frío que ya se dejaba entrever, lo noté al bajar las escaleras de tren y me mostró sus fauces con una gélida bienvenida.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  1/07/2016 09:00  Fecha
Mensaje 122
En el laboratorio, empezamos con las gravimetrías y volumetrías, allí embutidos en nuestras batas blancas y con el manejo de todos instrumentos químicos, con una soltura inimaginable, claro ya llevábamos tres años e íbamos a por el cuarto, siempre en la misma aula doble que la habían convertido en laboratorio químico, con todos los adelantos y aparatos de vanguardia y que a medida que pasaron los años como en todas las especialidades ha pasado, ahora son totalmente anticuadas, y hoy en la actualidad, todos los procesos de laboratorio que practicábamos, una serie aparatos los realizan en un abrir y cerrar de ojos y con una exactitud que no eres capaz de creer.
Pero allí nos sentíamos como pez en el agua, y las dudas se las consultábamos al profesor Sr. Brieva, que amablemente nos las explicaba y nos enseñaba todos los pasos del proceso.
La clase de Tecología del profesor Sr. Sánchez-Ramade, se hacía muy amena, a el citado profesor su mayor obsesión era que sus alumnos estuvieran en silencio, mientras daba clase, primero porque deseaba que comprendiéramos toda la tecnología que era muy extensa y relativa al funcionamiento de aparatos para la industria química, porque se notaba a la legua que era un apasionado de esa asignatura.
Cuando faltaban diez minutos antes de terminar la clase, sacaba un libro de un escritor alemán llamado Hoffman y ordenaba a uno se nosotros que leyera un capítulo, el libro por supuesto trataba de química y sus aplicaciones en la industria.
Buen profesor, joven y moderno, con su acento andaluz y las eses que las convertía siempre en zetas, así que tenía un gracejo muy particular y cuando nos revolucionábamos un poco exclamaba “callaroz mañana ezamen”, y nos callábamos rápidamente.
Una mañana apareció en el aula con un zapato distinto en cada pie, y nada mas entrar nos dijo “zeñores traigo un zapato diztinto el uno al otro, tienen un minuto para reirze, ezo zi , luego no quiero oír ni una mozca, sino le pondré un zero al que ze ría”. El primero que empezó a reírse fue él, y tímidamente lo hicimos todos después, miro el reloj y cuando se cumplió e minuto, hizo una señal, desde ese momento allí no se oía ni respirar.
Años mas tarde me enteré que había muerto en la ducha, al resbalarse y darse un fatídico golpe en la cabeza, una lástima, yo lo apreciaba bastante, para mi era un gran profesor y un buen amigo de todos nosotros.
En la clase faltaban por haber pasado ese año a las clases de Preparatorio, Ramiro, Faustino, Ballesteros, Chaves, Medina, Molinero y alguno mas que se me ha podido pasar, porque la memoria va teniendo ya algún fallo que otro, alguno de ellos nos comentaba que el cambio era muy grande, (ya que también pertenecían nuestro colegio), aunque solo había tres asignaturas, claro que ahí estaban toda la flor y nata de las distintas aulas.
Me lo pasaba muy bien cuando nos íbamos a clase de gimnasia, cuando me ponía el chandall me transformaba, aquel chandall de color azul precioso, que me hubiera gustado conservar, como ya he visto que alguno lo conserva, el último que nos dieron y que creo que lo entregaron para el periodo de dos años y que era de una clase de tela con fibra-espuma, poniendo en su espalda, “Universidad Laboral” y en cambios de domicilios posteriores de mi familia fue extraviado. Disfrutaba de lo lindo corriendo, haciendo tablas gimnásticas, haciendo saltos de triple y longitud al foso, me lo pasaba francamente bien y deseaba que llegara la clases de gimnasia semanales. El profesor D. Manuel “Blume, que lo tuvimos casi todos los años y aunque tenía el ceño muy serio, era un cachondo mental, tenía un humor muy inteligente.
Solo nos faltaban hacer los exámenes trimestrales, ya se acercaba otra vez el unirnos a nuestra querida maleta en el viaje deseado, ya tenía ganas otra vez de ir a ver a la familia y pasar unos días en el pueblo, ya faltaba poco.



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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  1/07/2016 08:59  Fecha
Mensaje 121
El compañero de aula Julio Fernández Saiz, q.e.p.d., “alias” Julius Napolitanis, apodo que le sacamos de una película vista en el cine de la Uni, en compañía de alguien mas y con el visto bueno de las autoridades del Centro, formó un grupo de universitarios del colegio, para que por las sábados por la tarde se desplazaran a la localidad del extrarradio de Torreblanca de los Caños, situada a las afueras de Sevilla, al objeto de llevar alimentos de primera necesidad y ropa a los suburbios que por allí existían, y remediar en lo que cabía a las necesidades urgentes de aquellas pobres gentes. Yo le acompañé dos veces, había que ir por supuesto andando y con las bolsas que se habían recogido en la Uni, a través de caminos y campos, y entregarlos a las familias mas necesitadas y dejar algunos en la parroquia.
Para mi y para los demás que alguna vez fueron a ello, supusieron una experiencia que nos afectó en lo mas hondo de nuestro ser, al comprobar la miseria que existía no muy lejos de la Uni. A partir de esa experiencia creo que nunca ya he osado quejarme por ninguna alimento, sabía positivamente que mientras yo me quejaba había mucha gente que cogería al vuelo, los alimentos de los que yo me estuviera quejando, ya no protestaría nunca jamás por eso, no podría tener valor para ello. Sentí asimismo la satisfacción y la alegría, que me llegó al alma de muchos niños pequeños cuando en sus manos depositábamos las chocolatinas que apretaban con fuerza en sus manecitas. Tampoco ya nunca me quejé de las judías y trompitos laborales, no podía protestar por ello lo mas mínimo, yo me consideraba ya un agraciado con mi situación de suerte.
Yo normalmente llevaba las gafas puestas todo el día, hacía caso a lo que me dijo el oculista, pero claro está cuando jugaba al fútbol las dejaba en el aula, porque yo aparentemente veía bien, solo a lo lejos tenía cierta dificultad, por ello ante cualquier acción que yo las necesitara por ejemplo practicar algún deporte y cuando marchaba a Sevilla, en plan de ligoteo, me sentía yo mas seguro sin gafas y no las portaba por supuesto, de todas formas, ni llevándolas o llevándolas puestas, me iba lo mismo, mira que eran duras las “piitas” sevillanas (palabra que decía el compañero Pikins, cariñosamente, a las chicas), no se dejaban ligar las muy jodías, eran mas duras que el pedernal, o también que sería lo mas seguro es que a nosotros o por lo menos a mi me faltaba arte.
Cuando llevábamos ya unos dos meses, conocíamos bien a los profesores nuevos que nos había tocado en suerte, el de Dibujo calificaba muy bien las láminas, pero la verdad es que todos dibujábamos ya a esas alturas aceptablemente bien y yo lo puedo comprobar ahora por la razón de que conservo la gran mayoría de las láminas que confeccioné en la Uni, así que el camino lo teníamos allanado en esa asignatura que no era poco. El profesor de Matemáticas era un buenazo, se pasaba y mucho de bueno, no es que fuera un profesor de élite, pero nosotros éramos ya perros viejos y cuando hacíamos algún examen y decía que había que ir ya entregando los folios, en ese momento y en un revuelo monumental, nos los pasábamos y copiábamos los resultados y el desarrollo completo del que no habíamos hecho y algunas veces aun bajaba alguno por las escaleras y en la puerta de entrada al colegio le entregaban el examen, así quien era el guapo que se atrevía a suspender. Por lo demás ya no había ningún tipo de problema, aunque no nos daban nada regalado, por supuesto había que trabajárselo.
Yo ya tenía ganas de las vacaciones de Navidad, cada día que terminaba se me hacía mas pesado que el anterior y menos que el siguiente, menos mal que en este curso no teníamos la dichosa revalida, que descanso sentíamos todos con esa circunstancia, pero ya faltaba poco y entonces día a día veríamos un porvenir mas claro, los autobuses que se pondrían en fila en la plaza estarían esperándonos deseosos de ocupar sus plazas
Ya me veía empinando una copa rebosante de sidra y brindando con el resto de mi familia, en esos momentos que nunca he olvidado ni olvidaré


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Admin: Borrar Mensaje  vicente angulo del rey    vicangulorey@hotmail.com  1/07/2016 08:58  Fecha
Mensaje 120
Aun así, y con nuestros pensamientos libertarios rondándonos nuestras cabezas, lo mas normal es que la rutina y el aislamiento en aquellos bloques y bloques a cielo abierto y lo peor muy lejos del mundanal ruido, te llevaran a un estado de laxitud como si tuvieras la cabeza debajo de un ala, por lo general no te enterabas de nada, solo algún comentario aislado que cogías al vuelo y que al final se perdía entre un bosque de ellos y que no llegabas a adivinar si eran verdad o mentira.
Los domingos cuando salíamos a Sevilla ya disfrutábamos de más tiempo libre, pero daba exactamente igual, al final Sevilla ya la tenías muy vista, muy corrida por todos lados, tu cuerpo te pedía marcha y que marcha tenías en el horizonte, si no te dejaban entrar a ningún sitio, no tenías la edad, en esa edad no tenías edad para nada, y si la hubieras tenido, a las diez de la noche ya tenías que estar casi en la cama en la habitación de tu encierro, como si fuera la celda de un fraile, antes porque eras joven y ahora porque eras joven pero eras menos, el resultado era el mismo, tu vida mas o menos seguía siendo la misma. Tu misión era dar vueltas y mas vueltas, por si la lotería te agraciaba en conocer alguna chica sevillana que estuviera con tus mismos problemas y eso era muy difícil y sin embargo algunos tenían esa suerte, como se las arreglarían, yo de todas formas no era muy ligón que digamos, mi timidez aun por esas fechas me tenía encadenado, aun así hacía mis pinitos pero sin resultado apreciable alguno, habría que tener paciencia, pero la paciencia no te quitaba el hambre y la sed, por lo menos a mi.
Las tardes que jugaba el Sevilla en el Sánchez Pizjuan, me daba unas vueltas y luego me dirigía al estadio y también con el arma de la paciencia, esperaba por las puertas hasta los diez minutos últimos, momento en el que las abrían y me introducía dentro y aun veía junto a un vomitorio cerca de la portería los minutos que quedaban, y tuve la suerte de disfrutar con algún gol de Lora, Eloy o Berruezo, pero cuando visitaba el Real Madrid o el Barcelona el estadio, la misión era imposible, estaba todo ocupado, hasta las escaleras de acceso y con vista al estadio.
Otras tardes y en compañía de algún o algunos compañeros, nos dedicábamos a pasear por la Plaza de España y Parque de María Luisa, y ya cansados de estar allí y pasar la mano por la pared, nos marchábamos a orilla de la calle Sierpes y nos metíamos al coleto uno de los famosos bocadillos de calamares, que eran una delicia y ya después otra vez marcha atrás hasta la Glorieta del Cid para coger uno de aquellos autobuses que nos transportarían otra vez a nuestro particular destierro.
Cuantas horas perdidas en nuestra vida, paseando por Sevilla sin saber donde ir y sin saber que hacer, cuantos ratos perdidos, pero no teníamos otra solución, o salir o pudrirnos entre los muros de la Uni viendo programa tras programa de la tele en blanco y negro que se encontraba puesta en una armario alto y así pasar la tarde, y esa era la elección nuestra, esperar el lunes otra vez para comenzar una nueva semana llena de clases, olor de sotanas negras y también en el laboratorio con olor a anhídrido sulfhídrico y otros ácidos.
Pero yo todo lo curaba dando patadas a un balón, me podría pasar horas y horas jugando al fútbol, me evadía de los problemas y de mis recuerdos y añoranzas.
El mes de Octubre estaba en su postrera agonía y el mes fúnebre de Noviembre llamando a nuestras puertas, nos encontrábamos haciendo exámenes como siempre, que manía les teníamos, que pesadez, toda nuestra vida escuchando enunciados de preguntas y problemas y uno a ver por donde les metías mano.
De todas las formas, el curso prometía no ser muy duro, no nos crearía muchos problemas a primera vista, y así fue, para mi fue un curso tranquilo y cómodo, sin sobresaltos, y mejor sin profesores “huesos”, pero habría que pasarlo, pero mejor era así que estar “encabronado” todo el año haciendo láminas y estudiando de memoria.



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